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SOBRE LAS MALDICIONES GENERACIONALES

Ya hacía tiempo que esa doctrina no me convencía, y ahora estoy en contacto con creyentes que no la creen.

En Protestante Digital apareció un artículo del teólogo Juan Stam hablando del tema. Intentaré resumir sus puntos principales.

Primeramente dice que es una novedad teológica de nuestra época. Esto quiere decir que ni los primeros cristianos, la iglesia primitiva o los reformadores y demás movimientos cristianos la han incluido en su teología hasta tiempos muy recientes.

Los textos de Éxodo y Deuteronomio en que se basan quienes defienden esta teoría (Éxodo 20:5, 6, 34:6-7, Deuteronomio 5:9-10) no usan la palabra “maldición”, aunque el hebreo posee varias palabras para ella (por ejemplo merá). Lo que dicen es que Dios “visita” (pacád) los pecados en un sentido igual que el castellano. Su sentido básico es “preocuparse por”, y aparece también como visitar o salvar en otros textos según he podido comprobar.

Además, los textos anteriores dicen que Dios perdona la maldad, no que Dios la convierta en maldiciones generacionales.

 Si se mencionan la tercera y la cuarta generación es para señalar las consecuencias morales y sociales sobre la familia y la sociedad.

El hermano asimismo recuerda que si las consecuencias del pecado se extienden hasta cuatro generaciones, el amor y la misericordia de Dios llegan hasta mil generaciones:

Reconoce, pues, que el SEÑOR tu Dios es Dios, el Dios fiel, que guarda su pacto y su misericordia hasta mil generaciones con aquellos que le aman y guardan sus mandamientos (Deuteronomio 7:9).

Y concluye recordando que otros textos bíblicos refutan la idea de un castigo divino contra familiares inocentes, incluso en el mismo Deuteronomio: Deuteronomio 24:16, 2ª de Reyes 14:6, Ezequiel 18:1-5,9, 17-20.

Yo puedo añadir a sus argumentos que lo que sí se transmiten son los malos hábitos de padres a hijos, como bien conocen los especialistas en la infancia, y toda persona que sea algo observadora. Esto puede suceder por varias generaciones. Lo mismo se puede decir de los buenos hábitos. Es bien sabido que los niños imitan todo lo que ven. Lo que no es tan aceptado es hasta el punto que podemos ser influenciados por lo que nos inculcaron nuestros padres y educadores. Si nos miramos al espejo del alma honestamente, reconocemos en nosotros la huella de nuestros progenitores, e incluso la de nuestros abuelos. A veces nos encontramos haciendo aquello que nos desagradaba en ellos. O sabiendo que su guía en el pasado hoy nos ayuda a enderezar nuestros pasos. Esto es lo único que hay de verdadero en la doctrina que estoy refutando. También el enemigo no desaprovecha la ocasión de poner ataduras en las personas, sobre todo en aquellas que se involucran en el ocultismo en cualquiera de sus variantes. Pero si hemos creído en Jesús, Él ya venció todo poder satánico con su muerte y resurrección.

Tengamos, pues, discernimiento. No siempre comprendemos los caminos de Dios. Pero lo que sí es cierto es que Él no es un Dios que se venga hoy de los pecados de nuestros antepasados, más todavía si andamos en sus caminos.

 


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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