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SÉ UN JARDÍN CERRADO

Jardín cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, sellado manantial. (Cantares 4:12).

Mujer  que caminas sola por la vida, tienes varias tareas importantes que realizar.

La primera, crear un jardín, tu propio jardín. No es excusa para no sembrarlo el que te haya tocado el papel de cuidadora, de tus padres, sobrinos u otras personas cercanas. Tu vida es tuya. No caigas en el error de muchas de dejar que otras personas absorban tu vida por entero. Aunque apenas te quede tiempo, sé consciente de que tú eres tú, y la persona o personas que cuidas son otras personas con su propia vida y sus propias necesidades, diferentes de las tuyas. Guárdate siempre un momento para ti, para pensar en quien eres, en lo que verdaderamente es importante, y darle prioridad. Permítete un respiro cuando sea posible. Permítete ser tú misma, tener tu propia forma de ver las cosas. Si consideras que hay algo que debe cambiar hazlo, pero por amor a ti misma, no porque otros te presionen para hacerlo. En un jardín siempre hay algo que arreglar, una rama que se ha secado, una planta que enderezar, sembrar plantas nuevas, retirar las secas, etcétera. Todo ello para conservarlo vivo y renovándose, con las plantas sanas y creciendo. Tarde o temprano el papel de cuidadora se acaba, pero nunca termina el de jardinera. Siembra amor, cuida y abona tus propias capacidades, tus relaciones personales. Quita la amargura, sé la dueña de tus emociones.

Porque quienes hacen de su vida la de otras personas, tarde o temprano, al perderlas o alejarse por ley de vida, se quedan, además de tristes, vacíos y sin vida. Pero quien posee su propio jardín, sentirá las pérdidas, pero tendrá una vida que continuar desarrollando. Aunque camines sola, siempre tendrás algo que cuidar.

Otra tarea importante es construir una valla o cercado para que no entre cualquiera. No dejes que tu deseo de compañía te haga abrir la puerta a cualquiera. Esto vale para todas tus relaciones, sean de familia, amistad o amorosas. Porque hay personas que no te convienen, que si las dejas pasar pisan tus flores y enturbian tus fuentes. Por muy cercana que sea para ti una persona, si cuando entra a tu vida lo hace para destrozar, tienes derecho a echarla fuera. Y que decir cuando el amor llama a tu puerta. No te apresures a abrir, y si lo haces, que sepa que tiene que respetar tu vida, el jardín que has sembrado con tu propio esfuerzo. Que el deseo o la necesidad de compañía no se conviertan en motivos para avasallarte. Porque andan por ahí muchos que son al revés que los cuentos: besas un príncipe y se convierte en una rana. O peor aún, alguien que rompe, pisotea y exige que cambies tu jardín a su antojo. Y esto vale también dentro de las iglesias. Por mucha buena apariencia que tenga alguien nunca sabes lo que te vas a encontrar en la intimidad. Si, como decimos en España, te va a salir por peteneras. Tu jardín y tu manantial son muy valiosos, no los dejes a merced de cualquiera.

Y ámate a ti misma. Porque solamente así podrás amar a los demás.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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