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SABIDURÍA DE LA MUJER VIRTUOSA

Abre su boca con sabiduría,
Y la ley de la clemencia está en su lengua. Proverbios 31:26.

Este es un texto muy singular, enmarcado en un pasaje no menos notable. Sobre el pasaje en sí, se puede afirmar que lo redactó Salomón, como el principio del capítulo. Pero no se puede descartar que Salomón pusiera en verso una enseñanza de su madre, como hace en los primeros versículos. En concreto, los versículos sobre la mujer virtuosa, del 10 al 31, forman un poema elaborado según la costumbre de ese tiempo. Cada verso del poema, en nuestras biblias cada comienzo de versículo, empieza con una letra del alfabeto hebreo. Hay varios salmos que están elaborados con esa forma poética. Como curiosidad, en el salmo 119 incluso están anotadas las letras que marcan las estrofas.

Sobre la temática de este pasaje, creo que más bien debe verse como un reto que como una norma. Al leerlo, no puedo evitar preguntarme cuantas mujeres habrán sido capaces de hacer todo lo que cuenta. Su valor es que da una imagen muy positiva de la mujer. Es una mujer con el derecho de tener una vida activa, de disponer de bienes y negociar con ellos. Nada que ver con la mujer sometida y pisoteada que algunos pretenden ver en la Escritura.

Pero a pesar de la revolución que constituyen en sí todos esos versículos, creo que el más relevante es el 26. Es una mujer a la que se le reconoce sabiduría. Más aún, se afirma que posee “la ley de la clemencia”. Como ya comenté, la “ley” que se menciona en el versículo 5 es la ley civil. En cambio, la que se atribuye a la mujer que busca a Dios se refiere especialmente a la del Señor. Pues la palabra en concreto es torá (8.451 en palabras hebreas de la Concordancia Strong). Es precepto o estatuto, pero en especial se refiere a Los Diez Mandamientos (Decálogo) o los libros de Moisés (Pentateuco). De hecho, los judíos en la actualidad siguen llamando La Torá al Decálogo o al Pentateuco. Hay que recordar que cuando se escribió este pasaje todavía no se había completado el Antiguo Testamento. Faltaban los profetas y los últimos libros históricos. Por tanto, hablar de la torá era hablar de la revelación que Dios había dado a su pueblo. Las traducciones que tienden a la paráfrasis, a explicar el texto original, eliminan “la ley” de la mujer virtuosa, aunque respetan la de los reyes, que como he dicho es la ley civil. Creo que al hacerlo no se sigue un buen criterio, y se pierde la joya del pasaje.

La mujer que busca al Señor tiene en sus labios la Palabra de Dios, además de poseer sabiduría. Donde metieron este y otros versículos parecidos con el tiempo, es algo sobre lo que se podrían decir muchas cosas. Lo que enseña es que los labios de la mujer son dignos de hablar la Palabra de Dios. Dios honra a las mujeres que le buscan, les otorga su sabiduría, y les da palabras para quienes le rodean. Nadie tiene derecho a silenciarlas.

Dejemos que sea Dios quien ponga nuestros límites, no criterios humanos.


Mª Auxiliadora Pacheco


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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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