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ROSAS Y ESPINAS

Judas 1:16: Estos son murmuradores, quejumbrosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.

 

Romanos 14:10: Tú, pues ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano?, porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.

 

La Escritura habla muy severamente acerca de andar murmurando de los otros creyentes. En el texto de Judas que he citado, incluso pone como una característica de los falsos profetas o siervos o siervas de Dios el que son murmuradores. Estas personas regalan los oídos de los demás, para, una vez que han conseguido que les presten atención y bajarles sus defensas, pasar a sus planes. Estos son subir arriba, pisando a quien o quienes les estorben para sus planes. Ansían control, poder y prestigio. No todos buscan dinero, como algunos casos tristemente bien conocidos, pero también los hay.

El texto que he citado de Romanos y los versículos que le siguen hablan de andar juzgando a otros creyentes por fruslerías sin importancia. Ojo, que aquí no se habla de pecados o agravios de importancia. El mismo apóstol que escribió esta carta habló severamente acerca de un grave caso de inmoralidad que se dio en la iglesia de Corinto, y reprendió a Pedro cuando empezó a apartarse de los gentiles en una visita a Antioquía (Gálatas 2:11-14).

O aunque veas los fallos del hermano o hermana, eso no te da derecho a andar murmurando sobre él o ella. Al contrario, te da la obligación de amarle, y de orar por él para que Dios lo levante. La murmuración se puede comparar a algo que nos suele pasar a las personas que nos gusta tener flores en casa o andar por el campo. Con frecuencia, nos clavamos alguna espina, sobre todo en las manos. A veces son tan pequeñas que no nos damos cuenta en el momento que sucede. Pero unas horas más tarde, o al día siguiente a más tardar, donde está te empieza a molestar, se inflama, se pone rojo, y no sana hasta que consigues sacártela. Las murmuraciones son como espinas clavadas en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Una sola puede parecer pequeña, pero imaginaos un cuerpo lleno de espinas. Puede coger una infección grave e incluso morir.

Nadie tira los rosales porque tienen espinas. Yo he escuchado quejarse a un amigo que estuvo trabajando de jardinero de los pinchazos que se daba con los rosales. Pero a los rosales se les cuida y se les mima, sabiendo que producen una de las flores más hermosas que existen, y que cuanto mejor cuidados estén, mayor será la cantidad de rosas que produzcan. Y nadie anda murmurando de los rosales. Al contrario, dicen lo bellas o el buen olor que tienen sus rosas.

Así que procuremos fijarnos en las rosas, no en las espinas. Y si alguien acude a ti con cosas que no convienen, frénale y háblale de las rosas.

 

 

Mª Auxiliadora Pacheco



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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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