Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Misión Israel

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



RESTAURADORES DE RUINAS

Volverás a levantar viejas ruinas, cimientos desolados por generaciones; te llamarán reparador de brechas, repoblador de lugares ruinosos (Isaías 58:12).

 

Una de las consecuencias de la caída y de la entrada del mal en el mundo es la existencia de muchas vidas rotas. Pueden ser personas rotas por circunstancias muy diversas. Personas que en muchos casos, además de cargar con un alma rota, deben cargar con otros pesos añadidos. En algunos casos, la culpa por la responsabilidad de su situación y la de otras personas de su entorno: una ruptura familiar, una ruina económica, un accidente de tráfico, etcétera. Por esos motivos, en muchos casos habrá un estigma social, el ser señalados como responsables de sus males: fuiste infiel, te emborrachabas, cometiste fraude, etcétera. Tristemente, también se dan muchos casos de personas abusadas, o sometidas a todo tipo de desprecios, que son culpabilizadas por su entorno. No ocurre solamente en determinados países donde el respeto a los derechos humanos deja mucho que desear. En nuestros supuestamente avanzados países occidentales todavía se dan muchos estigmas crueles e injustos: eso te pasó por ir provocativa, si no fueras un inútil habrías salido adelante en la situación que se presentó, hace falta tener muy poco seso para dejarse embaucar así, etcétera.

La pregunta que surge es: ¿qué hacemos como cristianos, como iglesia, ante las vidas rotas? Algunos dirán que hay asociaciones que se encargan de la obra social, de la ayuda a las personas más desfavorecidas, a las oprimidas. Así es, y la obra social que se lleva a cabo por medio de la multitud de asociaciones cristianas dedicadas a los desfavorecidos, a los oprimidos, a las vidas rotas, no es posible medirla. Cada vez que se ayuda a alguien, se le da la mano para levantarse, un gramo de desesperación se elimina del mundo.

Pero a nivel personal, siento que muchas veces, y a mí la primera, se nos olvida que dentro del mensaje del Evangelio, también entran el apoyo y el ayudar a las vidas rotas. Cada vez soy más consciente de que no somos llamados solamente a predicar el Evangelio. Cada uno y cada una somos llamados a ser “reparador de brechas, repoblador de lugares ruinosos” (Isaías 58:12). Esto significa que debemos dar comprensión y apoyo a las personas con grietas, con ruinas en sus vidas. No todos somos pastores, consejeras, etcétera. Pero siempre podemos hacer algo para que se sienta mejor la persona que está a nuestro lado. ¡Cuántas veces me he sentido mejor por una simple sonrisa que se me ha regalado! Eso es lo que hacía Jesús, que llegó a ser criticado por juntarse con los despreciados, con los vistos como grandes pecadores por la gente de su generación. Jesús primero se acercaba con amor y aceptación, y después ofrecía la palabra sanadora, el evangelio. Uno de los ejemplos más hermosos de este obrar de Cristo es la historia de la mujer samaritana (Juan 4:1-42). De una forma deliberada, se quedó en el pozo a esperar a una mujer despreciada por su vida, que iba a ir hasta aquel pozo. Esa mujer, acostumbrada al estigma social, fue atravesada por las flechas del amor de Dios, y se rindió al Evangelio. En otros casos, la misma miseria y necesidad, la culpa por sus malas acciones, les llevaba a los pies de Jesús. Jesús, que discernía todos los corazones, les daba su perdón y restauración. Pero inmediatamente después les decía “vete, y no peques más” (Juan 8:11).

Esto es importante recalcarlo en estos tiempos de gracia barata, del “vive como quieras, que Dios te ama”. De la misma manera que de un peral se espera que produzca peras, de alguien que entra al Evangelio, se espera que produzca los frutos del Evangelio. Si no los produce, o si vive de una forma contraria a la Escritura, chismeando, viviendo en las cosas antiguas, algo pasa. Pero todo en su debido orden. Primero va el amor, luego la Palabra, la fe que cree en la Palabra dada y en la obra salvadora de Cristo, y los frutos que brotan como resultado de esa fe. Nadie llega impecable al Evangelio, ni Jesús se lo exigía a ninguna persona que se acercara a Él. Pero en numerosos lugares habló de que quien cree en él producirá frutos, y los apóstoles lo confirmaron en sus cartas.

Roguemos a Dios que nos dé amor para ser siempre capaces de llevar a cabo esa obra de amor y restauración en el lugar donde Dios nos haya puesto. Convirtamos nuestras iglesias en comunidades sanadoras, donde las personas que Dios ponga en nuestro camino puedan encontrar amor y restauración. 

 

 

Mª Auxiliadora Pacheco



    -Indice de artículos de Mª Auxiliadora

    -Página facebook de Auxiliadora

    -Indice general de artículos


© sentirCristiano.com

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes