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RAÍCES ENCONTRADAS

En este artículo voy a hablar nuevamente sobre los judíos en España. También explicaré parte de lo que descubrí al investigar mis orígenes hebreos. En mi primer artículo sobre este tema, me pareció de mal gusto ponerme a hablar sobre mí. Pero en mi árbol genealógico hay algunos apellidos muy comunes, sobre todo en Andalucía, incluyendo el primero que ostento. También poseen algunas historias curiosas o poco conocidas, que creo que vale la pena compartir.

Como ya comenté, los judíos descendientes de los que vivían en España y Portugal son llamados sefarditas. Libro en hebreo es “séfer”. Los sefarditas son “el pueblo del libro”. En general, los judíos han sido conocidos como “el pueblo del libro”, el pueblo cuya vida gira en torno a sus escritos sagrados, lo que para nosotros es el Antiguo Testamento. Pero sefarditas identifica especialmente a los originarios de la Península Ibérica. Sefarad, como llamaron a la Península, sería algo así como “el país del pueblo del libro”.

Algunas personas dicen que no es posible que en España hayamos tantas personas de origen hebreo, entre otras razones debido al antisemitismo. Pero esto es solamente falta de información.

Sobre la cantidad en sí, pasan por alto algo que puede llamarse “el efecto Egipto”. Génesis 46:27 dice: “Todas las personas de la casa de Jacob que entraron en Egipto, fueron setenta”. Y Números 1:46 dice que en el primer censo efectuado al salir de Egipto, contaron más de 600.000 hombres. Con las mujeres y los niños, se calcula que podría haber entre dos y dos millones y medio de israelitas. En España entraron muchos más que los setenta mencionados, y el lapso de tiempo ha sido mucho más largo. Unos 2.500 años hasta la expulsión, más otros 500 transcurridos, 3.000 años para los que se quedaron. Hagan cuentas…

Sobre el antisemitismo, está documentado que hasta el siglo XV no hubo problemas para los casamientos entre cristianos y judíos. Hay varios tratados de la Edad Media que demuestran que casi toda la nobleza llegó a tener antepasados hebreos, el más conocido es “El libro verde de Aragón”. Otro tanto pasaría con las clases populares. Los problemas, como ya he dicho, empezaron en el siglo XV. Durante el XIX ya se olvidó lo de “la pureza de sangre”, y desaparecieron las barreras entre los de origen judío y no judío.

Pacheco significa “separado por él” o “así se dijo”. En la Concordancia Strong, consulté si entre las palabras que significan “separar” había alguna de la que pudiera derivarse mi apellido, teniendo en cuenta que en hebreo no existe el sonido “ch” sino “sh”. Encontré la palabra hebrea con el número 6.586: “pashá”. Parece que mis antepasados conservaron la esperanza de que algún día sus descendientes recuperaran sus orígenes.

Los descendientes se dispersaron por España. Al consultar el escudo de armas, encontré que había variantes según la región de procedencia. A mí me corresponde el de Andalucía, por motivos que explicaré más abajo. Los emblemas del escudo de los Pacheco de Andalucía muestran que llegaron a ser gente importante, y que al parecer se destacaron en el combate. Supongo que esto último alude a la Reconquista.

Mi tronco familiar desciende de un Pacheco del Río natural de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

El apellido “del Río” es originario del barrio judío de Huesca. Procede de un judío que se apellidaba “Aguas Truchas”. Cuando se hizo cristiano fue bautizado como Juan del Río, porque las truchas viven en el río, y sus descendientes fueron “del Río”. En Andalucía está muy extendido “del Río” o “Río”, porque algunos perdieron “del”. Creo que pudo pasar a Andalucía al avanzar la Reconquista.

García se encuentra en mi árbol genealógico por partida doble, por ser el segundo apellido de mis abuelos maternos. Es el apellido más abundante en España, pero pocos saben que es de origen judío. Está documentado que los primeros García eran de Álava. Tuvieron una descendencia numerosa, que se dispersó por toda España. Los García llegaron a Andalucía procedentes de Castilla, con la repoblación castellana que se llevó a cabo durante la última etapa de la Edad Media. En la actualidad hay judíos que se apellidan García.

Mi segundo apellido, Morente, no es judío, es castellano, y creo que llegó con la repoblación mencionada. Es prácticamente lo único no judío que he encontrado en mi árbol genealógico.

Espero poder ser, y animo a los demás a ser un nuevo “pueblo del libro”, que la Escritura sea igual de importante para nosotros como para el pueblo judío.


Mª Auxiliadora Pacheco


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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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