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PERSONAJES BÍBLICOS 9

 

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

 

ABIGAIL: LA SABIDURÍA ANTE LA ADVERSIDAD

 

Después de haber dejado por un tiempo el tema de los personajes bíblicos, deseo escribir sobre una mujer de la que se habla poco, pero tiene mucho que enseñarnos: Abigail. Su historia se encuentra en el Primer libro de Samuel, capítulo 25. Ya su nombre, que tantas veces es significativo en las Escrituras, nos dice algo de ella. Abigail significa “fuente de gozo”. El versículo 3 cuenta que era una mujer prudente y hermosa. Estaba casada con un hombre muy rico. Más de una y uno pensarán: “Esta mujer lo tenía todo: guapa, inteligente, y casada con un rico”. Pero, ay, detrás había una historia bastante triste. El marido de Abigail era Nabal, que significa literalmente “insensato”, y conforme a su nombre era su conducta (v. 25). Un hombre necio, orgulloso, y que no tenía reparos en emborracharse, según se ve en el capítulo. Aunque el texto se centra en la sabiduría de Abigail, no es difícil imaginar que no sería una mujer feliz casada con semejante hombre.

Lo que ocurrió fue lo siguiente: David, como se cuenta en el versículo 1, fue con sus hombres al desierto de Parán, seguramente a por provisiones. Aparte, en ese tiempo continuaba escondiéndose del rey Saúl, que quería matarlo. El desierto de Parán tenía grandes extensiones de pasto, donde los pastores llevaban a sus rebaños, entre los que se encontraban los de Nabal. Siguiendo una costumbre que se ha mantenido hasta tiempos muy recientes, y probablemente continúe en algunos lugares, David con sus hombres se dedicaban a proteger los rebaños, esperando obtener más tarde un pago por sus servicios. Era una protección muy necesaria, pues aquellos páramos deshabitados estaban infestados de bandas de saqueadores. Según el testimonio de los pastores (15-16) su comportamiento con ellos fue correcto, y su protección efectiva. Llegado el momento en que se esquilaban las ovejas, que era de fiesta y alegría, continuando con dichas costumbres, David envió unos mensajeros, esperando obtener el pago por sus servicios. Pero Nabal, en vez de actuar conforme a la cortesía oriental, los trató de forma grosera y mezquina (4-11).

David, desgraciadamente, en vez de tomárselo con calma y espiritualidad, actuó como lo haría un líder de aquellas tierras (13). Se levantó dispuesto a llevar a cabo una matanza para vengar la afrenta recibida (21-22).

Abigail, al recibir aviso de lo sucedido, conforme a su sabiduría, supo al instante que las afrentas de su marido no iban a quedar impunes. De inmediato se puso manos a la obra a impedir el mal que iba a venir sobre su casa. Actuó siguiendo una estrategia común en aquella época, preparó regalos, en este caso provisiones, y los mandó delante de ella para ir aplacando la ira de David (17-20). Este comportamiento se recoge también cuando Jacob va al encuentro de su hermano Esaú, prepara presentes y los envía delante de él en diferentes tandas (Génesis 32:13-21). La afrenta recibida por David era tan grande que ella sabía que no bastaría con enviar solamente un mensajero a disculparse, debería ir personalmente a hablar con él.

El comportamiento y el discurso de Abigail son sabios y conmovedores (23-31). Cuando vio a David bajó deprisa del asno y se humilló ante él como si fuera un monarca oriental poderoso. Este gesto debió llamar la atención de David, después de haber recibido los regalos, ver a sus pies a una mujer bella y frágil implorando misericordia. Abigail, con las palabras más humildes, rogó que la escuchara y le habló del carácter de su marido. Le recordó quien era, el elegido por el Señor para que él y su descendencia gobernaran Israel. Que aunque se hallara en graves dificultades, el Señor cumpliría sus propósitos con él. Y que si desistía de su intento, no tendría que lamentar ese día haber derramado sangre inocente. Ante tan sabias palabras, David renunció a su venganza (32-35).

Al volver a su casa, Abigail se encontró a su marido borracho. Por ello, prudentemente, esperó a que se encontrara en condiciones de contarle lo ocurrido. Al saber Nabal lo sucedido, presa del pánico y sin duda también de los excesos, sufrió un ataque, quizá lo que se conoce vulgarmente por una trombosis, muriendo poco después (36-38).

Al conocer lo ocurrido, David reconoció que el Señor le había impedido hacer el mal, y que Él mismo se había ocupado de Nabal (39). Lo que sigue a continuación tiene varias interpretaciones. Algunos comentaristas opinan que David se portó como un reyezuelo oriental, que manda a pedir una mujer por medio de sus servidores, sin que puedan ésta ni su familia negarse. Y que Abigail se limitó a portarse como una mujer sumisa a las órdenes de David, enriqueciendo a David con su patrimonio.

Pero yo hago otra lectura del pasaje final del capítulo. ¿No pudo David quedar tan impresionado por la prudencia y la belleza de Abigail que realmente deseara tenerla junto a él, en lugar de verla poco menos que como un botín de guerra? Y Abigail, la mujer sabia e inteligente, ¿acaso no habría encontrado la forma de zafarse de las pretensiones de David si realmente lo hubiera deseado? Al convertirse en una viuda rica, su destino era ser pretendida por muchos hombres que solamente querrían casarse con ella por su dinero. En lugar de ello, escogió el mejor partido. Sabía que las palabras del Señor se cumplirían, y que David llegaría a ser rey. Conocía perfectamente que no sería la única esposa de David, porque los líderes israelitas practicaban la poligamia. Pero con su inteligencia estaba segura de que podría ocupar un buen lugar en la corte. Abigail fue ciertamente una mujer notable.

Todos tenemos parte de David y parte de Abigail. David es nuestra vieja naturaleza carnal, nuestros viejos hombre o mujer. A nuestra vieja naturaleza le gusta obrar conforme a sus propios impulsos, sean orgullo, ira, o cualquier otra cosa que no cumpla la voluntad de Dios. Abigail es sobre todo el Espíritu Santo obrando en nuestras vidas, y susurrándonos lo que debemos hacer en cada situación que se nos presente. También es la nueva naturaleza que hay en nosotros, la que obedece al Señor y cumple su voluntad. Si escuchamos a David, las cosas no nos van bien, nuestra vida se tambalea. Cuando escuchamos a Abigail, somos capaces de salir de las situaciones más complicadas que se nos puedan presentar. Tenemos la elección de escuchar a nuestro David o a nuestra Abigail.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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