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PERSONAJES BÍBLICOS 11

 

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

 

SAMUEL: UN GOBERNANTE ÍNTEGRO

 

Ahora, pues, ahí tienen al rey que ha de guiaros. Yo soy ya viejo y estoy lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día.

Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno o si de alguien he aceptado soborno para cerrar los ojos; y os lo restituiré.1 Samuel 12.2,3.

 

Entre los jueces que hubo en Israel, uno de los más destacados fue el profeta Samuel. Según nos narra la Escritura, antes de que hubiera reyes, hubo un período que Israel era gobernado por jueces. Su nombre hace alusión a una de sus funciones en el pueblo, la de juzgar los casos que fueran llevados ante ellos. Pero su papel principal era gobernar al pueblo, de acuerdo a lo que el Señor había mostrado en su ley, buscar la dirección de Dios en momentos de crisis, y transmitirla al pueblo. Con frecuencia la dirección la recibían por medio de profetas que Dios levantaba en el pueblo para dar su palabra en un momento concreto. Pero hubo algunos casos en que fueron levantados como jueces personas que también eran profetas. Una de estas personas fue Débora, la profetisa, de la que ya hablé en otro artículo de esta serie. Otra de estas personas fue Samuel, el hijo por el que clamó su madre Ana, otra mujer digna de ejemplo de la que también he hablado.

Desde su nacimiento, queda claro que Samuel fue una persona elegida por el Señor para atender las necesidades de su pueblo en un momento concreto. Ana clamó a Dios por hijos, y prometió consagrarle a Él el hijo que tuviera (1ª de Samuel 1:11). Ana cumplió lo prometido con el consentimiento de su marido
Elcana, y después de destetarlo, dejó a Samuel a cargo del sacerdote Elí (1ª de Samuel 2:11). Por lo tanto, fue Elí quien se encargó de educarle. Elí le transmitió un espíritu de fidelidad y servicio al Señor, algo a lo que Samuel respondió desde muy joven: Mientras tanto, el joven Samuel iba creciendo y haciéndose grato delante de Dios y delante de los hombres (1ª de Samuel 2:26). Que bueno que se pueda decir de alguien que cree en el Señor que su vida da buen testimonio ante Dios y ante las personas de su entorno. Esa debe de ser una de nuestras aspiraciones como creyentes, y es la forma en la que podemos ser sal y luz a este mundo, como nos mandó Jesús. Si somos malos vecinos, dejamos de pagar nuestras deudas sin un motivo justificado, no hacemos bien nuestro trabajo a sabiendas, o peor aún, lo utilizamos como una forma de enriquecernos injustamente, daremos un mal testimonio, y es muy posible que nuestra fe acabe por morir. Samuel entendió muy bien todo esto, y lo puso en práctica. Pero tristemente, Elí fue débil con sus hijos carnales, Ofni y Finees, que menospreciaron su sacerdocio, y profanaron el servicio sagrado que habían recibido por herencia, de acuerdo con esa primera etapa del pueblo de Dios. Nuestro lugar ante Dios siempre debe ser entendido como una gracia, no como una excusa o una ocasión para hacer lo que nos parezca. Samuel fue un ejemplo de lo primero, él aceptó desde el principio que su lugar era producto de la gracia, y que debía dedicar su vida a responder a la gracia recibida. Pero los hijos, de Elí, ay, hicieron lo segundo. No valoraron el lugar de privilegio que habían recibido de poder ministrar delante de Dios, y de aconsejar y enseñar a Israel sus leyes. Las consecuencias de todo esto fueron desastrosas, y Elí recibió una primera palabra de juicio por no haber puesto freno a sus hijos cuando estuvo en su mano hacerlo (1ª de Samuel 2:27-36). Un tiempo más tarde, Elí recibió la confirmación del juicio que vendría sobre su familia a través de Samuel (1ª de Samuel 3). Samuel tuvo temor de decir esas palabras tan duras a Elí, pero cedió ante su insistencia, y Elí las aceptó. Desde ese momento, como se dice al final de este capítulo, Samuel ejerció de profeta de Dios.

El juicio de Dios se cumplió, y Elí y sus hijos murieron. Desde la muerte de Elí, Israel estuvo veinte años sin un juez que gobernara todo el pueblo. Entonces se levantó Samuel, exhortó al pueblo a volverse a Dios y a quitar los ídolos, convocando al pueblo en Mizpa. Los filisteos, oyendo que el pueblo de Israel se había reunido, fueron a atacarles. Ante eso, los israelitas pidieron a Samuel que intercediera a Dios por ellos. Dios respondió, los filisteos fueron derrotados, y durante todo el tiempo de Samuel no se atrevieron a volver a atacar a Israel (1ª de Samuel 7). Desde ese momento, Samuel fue reconocido como juez de Israel (versículos 15-17).

Samuel había aprendido de Elí a andar en integridad. Pero, tristemente, también imitó sus errores y falló en transmitir a sus propios hijos ese espíritu de integridad y fidelidad (1ª de Samuel 8:1-5). Fue un momento muy triste, Samuel, después de haber dedicado su vida a servir a Israel, cuando ya había envejecido, tuvo que ver como era rechazado por causa de ellos. Pero en medio de ese momento tan penoso, el pueblo reconoció que había obrado con ellos justamente (versículo 5).

La historia que sigue es bien conocida. Samuel, bajo la dirección de Dios, elige un rey. Las palabras que cito al principio son parte de su discurso de despedida. Samuel le pide al pueblo que diga si tienen algo que reclamarle, si se ha enriquecido aprovechando su situación, si se ha dejado sobornar. La respuesta del pueblo no dejó lugar a dudas.

 

–Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado nada de manos de ningún hombre –dijeron ellos. 

Él les dijo:
–Jehová es testigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado cosa alguna en mis manos.
–Así es –respondieron ellos.
(1ª de Samuel 12:4-5).

 

¡Qué ejemplo para los gobernantes! Uno de los problemas más graves de España es la corrupción. Pero no es algo exclusivo de mi nación, hay muchos países que incluso se ven frenados en su desarrollo por esta lacra. El enriquecimiento ilícito priva a las naciones de recursos que podrían ser usados en programas de sanidad, educación, etcétera. La Escritura deja bien claro, tanto en ejemplos como el de Samuel, como en los pasajes donde nos da consejos e instrucciones sobre nuestra vida, que debemos ser honrados y fieles con lo que se ponga a nuestro cargo. Una forma de obedecer al Señor es practicar la honradez. Hagamoslo así, y además de recibir la bendición del Señor, daremos luz en nuestro entorno.

 

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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