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NO HAY OTRO NOMBRE

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

 

Este Jesús es la piedra rechazada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.  Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. (Hechos 4:11-12).

Pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo. (1ª de Timoteo 2:5-6).

Estamos viviendo tiempos confusos, en los que se hace necesario más que nunca recordar de donde y quien viene la salvación. La salvación viene de Dios, por medio de Cristo. No procede de ningún esfuerzo humano. Nadie, por muy santo que sea ante nuestros ojos, puede ir al Cielo a traernos la salvación. Y nadie está limpio y sin pecado ante los ojos de Dios. Estábamos sin esperanza, no solamente de encontrar salvación, sino de llegar hasta la presencia de Dios, de relacionarnos con Él.

Por eso vino Cristo a la Tierra, Dios encarnado, a traernos la salvación. Vino como Dios, para traernos su mensaje de amor y redención. Y por su santidad, convertirse en la ofrenda perfecta por nuestros pecados. Nadie puede buscar a Dios fuera de Él. La Escritura lo declara de la forma más enfática. Es la pieza indispensable en cualquier obra de arquitectura, la piedra, el pilar fundamental que si se quita el edificio se viene abajo. No hay nada ni nadie capaz de reemplazarlo, y es completamente imposible sustituir su obra redentora por cualquier otra cosa. 

Solamente hay un camino para poder reconciliarnos y mantener una relación con Dios: pedir perdón a Dios por nuestros pecados, creer que Jesús pagó el castigo que merecíamos, que con su resurrección demostró que es el Hijo de Dios y que su obra en favor de nosotros quedó completa.

Así pues, ya no queda nada que podamos hacer por nuestras propias fuerzas para reconciliarnos con Dios y alcanzar la salvación. Si oramos, es para poder estar cerca de Él, y llevarle nuestras cargas, y las de aquellas personas que lo necesitan. Si algo hacemos de lo que vulgarmente se llama bueno, es para agradarle y cumplir con la tarea que Él encomienda a cada persona que forma parte de su gran familia. 

Andan muy errados aquellos que piensan que con hacer largas oraciones podrán estar más cerca de Dios. O que con hacer muchas buenas obras están ganando méritos para poder llegar al Cielo. Muchos más textos bíblicos podría poner para demostrarlo, además de los que he puesto en el encabezado.

Hemos de cuidarnos, pues, de no dejarnos arrastrar por aquellos que buscan un ecumenismo y un diálogo con otras religiones a cualquier precio. La salvación procede única y exclusivamente de Cristo, sin ninguna clase de obras o méritos por nuestra parte. No podemos aceptar que se pongan hombres o mujeres por muy santos que sean como mediadores entre Dios y nosotros, y mucho menos sus imágenes. No podemos dar por válidas las religiones que enseñan que una serie de ritos y obras por nuestra parte nos llevarán al Cielo. Jesús, el cordero santo, es nuestro único camino al Cielo.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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