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ME OLVIDÉ DE VIVIR

Yo, Cristiana Normalita, iba caminando como siempre, como me había acostumbrado. Era tan fácil y tan cómodo, con no salirme de lo que yo consideraba lo correcto, todo era perfecto. Pero la realidad me ha dado tal bofetada que me ha tirado al suelo. No, no era todo tan perfecto ni tan cómodo. Se me había olvidado lo más importante. Me olvidé de vivir, como en la famosa canción.

Es fácil, sobre todo cuando se lleva tiempo en el camino, ser víctima de nuestra propia forma de imaginar la vida cristiana. Sin apenas darnos cuenta, nos quedamos parados en nuestras propias ideas sobre el particular. Dejamos a un lado el examinar nuestras vidas a la luz de la Palabra, para corregir lo que está mal. Y lo cambiamos por nuestra forma de concebir la vida, porque nos resulta infinitamente más cómodo. Pero si andamos en nuestras ideas humanas, ni siquiera seremos capaces de hacer lo bueno cuando así nos lo propongamos, porque en mayor o menor medida estará contaminado por nuestro yo. Y creo que cada cual lo conoce lo suficiente para saber lo que emana de nuestra naturaleza humana no regenerada: orgullo, ira, envidia, etcétera. Suena bastante feo, pero esas cosas no nos suelen dominar de la noche a la mañana. Poco a poco nos vamos deslizando, nos dejamos llevar de nuestra comodidad, del estar atentos a lo que Dios nos dice. Es una tendencia de nuestra propia naturaleza, de ahí viene la advertencia de la Palabra:

Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. (Hebreos 2:1).

No podemos dejar de atender a lo que nos dice la Palabra, a lo que nos han enseñado. El primer paso para deslizarse es no prestar la suficiente atención a lo que Dios nos ha dejado como guía para nuestras vidas. Los seres humanos somos criaturas de costumbres, y nos resulta bastante fácil cambiar la vida que Dios quiere darnos por una serie de rutinas religiosas. Por un tiempo, parecerá que todo va bien, asistimos a los cultos, leemos la Biblia, oramos, pero nos falta lo principal. Nos falta la vida de Dios, y no nos damos cuenta hasta que nos llevamos el batacazo.

La Escritura nos exhorta a examinarnos:

Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A menos que estéis reprobados! (2ª de Corintios 13:5).

Hace falta mucha valentía para hacerlo, no es agradable ver las sombras de nuestra vida, donde le estamos fallando a Dios y a los demás. Pero no hay otra opción posible. Porque la luz y la sombra no son estáticas, o va aumentando una, o la otra. Leamos, pues, con corazón atento la Palabra, y atendamos a los mensajes que se predican, dejando que nos hablen a nuestra vida. Y pidamos que el Espíritu Santo transforme nuestras vidas y las lleve a lo que Él desea para nosotros.


Mª Auxiliadora Pacheco


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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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