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LO QUE DESTRUYE A LOS GOBERNANTES

Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.
¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre?
¿Y qué, hijo de mis deseos?
No des a las mujeres tu fuerza,
Ni tus caminos a lo que destruye a los reyes.
No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino,
Ni de los príncipes la sidra;
No sea que bebiendo olviden la ley,
Y perviertan el derecho de todos los afligidos.
Dad la sidra al desfallecido,
Y el vino a los de amargado ánimo.
Beban, y olvídense de su necesidad,
Y de su miseria no se acuerden más.
Abre tu boca por el mudo
En el juicio de todos los desvalidos.
Abre tu boca, juzga con justicia,
Y defiende la causa del pobre y del menesteroso. (Proverbios 31:1-9).

Este pasaje contiene una exhortación, que hechos que creo que no hace falta mencionar, han hecho resaltar su importancia y su sabiduría.

Tras estos versículos, y probablemente los que siguen hasta el final del capítulo, se halla el corazón de una madre preocupada por su hijo. Esta madre le da a su hijo consejos sobre como debe vivir, debiendo ser rey de Israel.

No se menciona su nombre, y el nombre del hijo, Lemuel, es un apodo, porque no hubo ningún rey con ese nombre. Tradicionalmente se ha interpretado que el rey es Salomón, y que su madre Betsabé es quien le exhorta. Apoya esta interpretación el nombre Lemuel, pues significa “que pertenece a Dios”. Por tanto, sería un nombre apropiado si Salomón no deseara poner el suyo propio.

Esta madre advierte de las cosas que pueden destruir a un gobernante, y a cualquier otra persona se puede añadir. En primer lugar menciona vivir una vida íntima y sentimental desordenada. Sigue su exhortación advirtiendo de las consecuencias del abuso del alcohol. Aquí también se puede incluir a cualquier sustancia que provoque unos efectos comparables a los del alcohol. Todos conocemos las devastadoras consecuencias de este tipo de productos, no sólo en quienes los consumen, sino en todo su entorno familiar y social. Aquí especialmente se desaconsejan para los gobernantes, porque les nublan el juicio y les vuelven incapaces de hacer lo correcto. Hace que “olviden la ley”. La palabra que traduce este versículo se refiere más en concreto a la ley civil. La “ley” que se pone en boca de la mujer virtuosa en el versículo 26 es la que Dios dio a Israel, algo que merece un comentario aparte.

Esto quiere decir que la exhortación es realista. La fe no es de todos. Pero es obligación de los gobernantes mantenerse sobrios y en su sano juicio. Ellos deben practicar la justicia con su pueblo y ser la voz de quienes no tengan quien les defienda. Las bebidas son para reanimar a los desmayados, no para abusar de ellas.

¿Qué puede esperar un pueblo cuyos gobernantes vivan a lo don Juan y anden de francachela? Peor aún, si organizan mal llamadas fiestas dignas de Nerón o Calígula, en las que las mujeres son tratadas como carne en venta, incluso si son menores de edad. ¿Dictarán luego leyes en favor de las mujeres? ¿Se preocuparán de que tengan un destino mejor que ese? La respuesta es más que evidente.

Vivamos de forma ordenada, que así estaremos en paz con Dios y con los hombres.


Mª Auxiliadora Pacheco


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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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