Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Misión Israel

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar;  y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron.

Otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó porque no tenía profundidad de tierra; pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.

Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron.

Y otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta.

El que tiene oídos, que oiga...

Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador.

A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino.

Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, éste es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que sólo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida tropieza y cae.

Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos, éste es el que oye la palabra, mas las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto.

Pero aquel en quien se sembró la semilla en tierra buena, éste es el que oye la palabra y la entiende, éste sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta. Mateo 13:3-9, 18-23.

Es todo un reto hablar sobre la parábola del sembrador, porque Jesús mismo da su significado, y es uno de los pasajes de la Biblia más conocidos. Habla lo mismo al que no quiere saber nada de Dios, que al que cree en Él, al que empieza en los caminos del Señor, que al que lleva andando en ellos muchos años. Pero aunque se la lea u oiga mil veces, siempre aporta algo nuevo. Confiando en que mis palabras ayuden a poder recibir ese algo nuevo y vivo, comparto mi visión particular sobre ella.

Las semillas son la llamada a seguir al Señor, a andar en sus caminos. Quienes portan esas semillas pueden ser cualquier creyente que invite a otras personas a compartir su relación con Dios, o el que predique su Palabra de una manera más formal. A veces es Dios mismo quien invita a alguien a seguirle. En la parábola el Señor empieza hablando de semillas que por no caer en el terreno destinado a ser cultivado, se pierden porque las aves se las comen. Hay muchas personas, como Jesús explica, que oyen su llamada, su Palabra, pero no la entienden. No la entienden porque se han endurecido, su tierra es tan dura como el de un camino que ha sido pisado muchas veces. Dios ama a todo el mundo, pero nunca obliga a nadie a seguirle, porque quiere que quien le siga, lo haga libremente. No quiere esclavos, sino hijos. Hoy día mucha gente ni siquiera tolera que se le hable de Dios, o quieren vivir a su antojo, pero alzan su mano para señalarle cuando algo no les gusta. Y no saben que es tanta la bondad de Dios, que respeta su libertad aunque la usen para rechazarle.

A otras personas Jesús las compara a un terreno rocoso, donde solamente hay un poco de tierra entre las hendiduras. Por eso, las semillas no pueden echar las raíces suficientes para  sobrevivir. Son personas inconstantes, que no perseveran en el reino de Dios. Con quien le sigue, Jesús comparte su vida, pero también sus aflicciones. Jesús fue rechazado por su nación, y por los mismos vecinos de su pueblo. Es fácil beber la copa de la salvación, pero no es tan fácil beber la de los problemas por querer seguir a Dios en una sociedad que le rechaza. Por eso, quienes no hayan hecho una decisión firme, duran poco en los caminos del Señor.

Jesús habla también de semillas que caen en un terreno lleno de cardos, que finalmente ahogan las semillas. El terreno era fértil, pues la existencia de otras plantas demuestra que era un lugar capaz de dar vida a lo que se sembrara. Pero se ha permitido que crezcan y tomen importancia cosas que no deberían estar ahí. Jesús habla de dos cosas que pueden tomar un lugar indebido en nuestras vidas: las preocupaciones por el día a día y las riquezas. Un sabio ya advertía sobre ellas:

Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes que muera:

Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas, no me des pobreza ni riqueza; dame a comer mi porción de pan, no sea que me sacie y te niegue, y diga: ¿Quién es el SEÑOR?, o que sea menesteroso y robe, y profane el nombre de mi Dios. (Proverbios 30:7-9). 

Es legítimo cumplir con las obligaciones cotidianas, y buscar un trabajo para mantenerse. Pero la vida espiritual puede verse estorbada o ahogada, tanto por la escasez en la provisión diaria, como por la soberbia que traen las riquezas. Hay personas que se ven tan seguras con sus riquezas, que creen que no necesitan a nada ni a nadie, ni siquiera a Dios. Y otras viven una situación tan difícil que se ven tentadas a robar, faltando contra lo que Dios ha ordenado al respecto. Por eso este sabio rogaba no verse en ninguna de esas situaciones. El transcurso de la vida con frecuencia trae muchos altibajos en la economía, tanto la personal, como la global. Pero sea cual sea nuestra situación, siempre necesitaremos de Dios, sentir su mano sosteniéndonos, y Él siempre debe estar en el lugar que le corresponde.

Finalmente, Jesús habla de las semillas que cayeron en buena tierra, y llegaron a dar fruto. Era tierra blanda, dispuesta a recibir las semillas, y a dejar que sus raíces penetraran hasta donde hiciera falta. Son la gente que va a por todas, que con tal de que la vida de Dios prospere en ellos, no les importan ni las consecuencias, ni a lo que tengan que renunciar para disfrutarla. Han labrado su tierra, le han quitado las piedras y los cardos para que la semilla pueda crecer. No se han quedado en un simple brote, en una experiencia, en una fe tan apagada que prácticamente no se la puede llamar fe. Han crecido, y dado fruto según su capacidad. Para crecer, han dejado que la luz de Dios les ilumine, y que el agua de su Palabra les regara cada día. Porque si no es posible que el trigo brote sin Sol ni agua, no se puede crecer espiritualmente sin buscar a Dios y sin leer su Palabra. Hay muchos creyentes raquíticos, o que no han pasado de bebés, por no hacer estas cosas. La Naturaleza tiene sus leyes para el crecimiento, y la vida espiritual también tiene las suyas. No podemos esperar frutos ni crecimiento si no las respetamos. Cuidemos nuestras semillas, y podremos dar una buena cosecha.


Mª Auxiliadora Pacheco


    -Indice de artículos de Mª Auxiliadora

    -Indice general de artículos


© sentirCristiano.com

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes