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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(8ª Parte)

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

I: EL ANTIGUO TESTAMENTO

1. NEHEMÍAS

 

Entonces hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos. Había quien decía: «Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos; por tanto, hemos pedido prestado grano para comer y vivir». Y había quienes decían: «Hemos empeñado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras casas, para comprar grano, a causa del hambre». Otros decían: «Hemos tomado prestado dinero sobre nuestras tierras y viñas para el tributo del rey. Ahora bien, nosotros y nuestros hermanos somos de una misma carne, y nuestros hijos son como sus hijos; sin embargo, nosotros tuvimos que entregar nuestros hijos y nuestras hijas a servidumbre, y algunas de nuestras hijas son ya esclavas, y no podemos rescatarlas porque nuestras tierras y nuestras viñas son de otros».

Cuando oí su clamor y estas palabras, me enojé mucho. Después de meditarlo bien, reprendí a los nobles y a los oficiales. Y les dije:

—¿Exigís interés a vuestros hermanos?

Además, convoqué contra ellos una gran asamblea, y les dije:

—Nosotros, según nuestras posibilidades, rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones; ¿y ahora sois vosotros los que vendéis aun a vuestros hermanos, para que nosotros tengamos que rescatarlos de nuevo?

Y callaron, pues no tuvieron qué responder.

Y yo añadí:

—No es bueno lo que hacéis. ¿No deberíais andar en el temor de nuestro Dios, para no ser objeto de burla de las naciones enemigas nuestras? También yo, mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y grano. ¡Perdonémosles esta deuda! Os ruego que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y la centésima parte del dinero, del grano, del vino y del aceite, que demandáis de ellos como interés.

Ellos respondieron:

—Lo devolveremos y nada les demandaremos; haremos así como tú dices.

Entonces convoqué a los sacerdotes y les hice jurar que harían conforme a esto. Sacudí además mi vestido, y dije:

—Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpla esto; así sea sacudido y quede sin nada.

Y respondió toda la congregación:

—¡Amén!

Entonces alabaron a Jehová, y el pueblo hizo conforme a esto.

También desde el día que me mandó el rey que fuera gobernador de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey Artajerjes hasta el año treinta y dos, doce años, ni yo ni mis hermanos comimos del pan del gobernador. En cambio, los primeros gobernadores que me antecedieron abrumaron al pueblo: les cobraban, por el pan y por el vino, más de cuarenta siclos de plata, y aun sus criados se enseñoreaban del pueblo. Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios. También trabajé mi parte en la restauración de este muro, y no he comprado heredad; también todos mis criados estaban allí juntos en la obra. Además, ciento cincuenta judíos y oficiales, y los que venían de las naciones que había alrededor de nosotros, se sentaban a mi mesa. Cada día se preparaba un buey y seis ovejas escogidas; también me preparaban aves; y, cada diez días, se traía vino en abundancia. Así y todo, nunca reclamé el pan del gobernador, porque la carga que pesaba sobre este pueblo era excesiva.

«¡Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de todo lo que hice por este pueblo!». (Neh. 5).

 

El libro de Nehemías fue escrito después del exilio. En él se cuenta que Nehemías, copero del rey de Persia, que era un puesto importante, recibió noticias de que los que habían regresado a Israel se hallaban en una mala situación. Nehemías entonces se entristeció, y consiguió permiso del rey para continuar con la obra de restauración de Jerusalén. El libro narra la reedificación del muro y los diferentes problemas que tuvo que afrontar. Se suele predicar sobre Nehemías para animar al pueblo de Dios a enfrentarse a los diferentes retos que se van presentando. Aunque el capítulo cinco es menos conocido. Pero merece un lugar en este estudio, pues cuenta que una de las crisis estuvo provocada por graves atentados contra lo dictado en la ley sobre la justicia social.

El pueblo había partido del destierro lleno de esperanza. Pero al llegar se encontraron con un fatigoso trabajo de reconstrucción del país, y con vecinos hostiles. A estos males, se añadió otro todavía peor. Los pobres del pueblo alzaron sus voces para protestar por la opresión de los ricos, que se aprovechaban de su situación faltando a los mandatos de la ley (Éx. 22:25; Lv. 25:35-37; Dt. 23:19-20). Como he mencionado en la sección anterior, la ley de Moisés dictaba en general, que no se pidiera interés a los israelitas. En el caso de israelitas en una situación de necesidad, además de no pedirles interés, se les debía prestar ayuda. Pero estos ricos a los que puede calificarse justamente de malvados, además de atentar contra la ley, llevaron sus extorsiones a tales extremos, que los pobres se vieron obligados a hipotecar sus tierras y casas para poder pagar los impuestos del gobierno persa, e incluso llegar a tener que vender sus hijos como esclavos para poder sobrevivir. Su situación llegó a ser verdaderamente penosa. Por Hageo 1:6-11, que fue uno de los profetas del remanente que regresó, sabemos que hubo malas cosechas. Los capítulos anteriores de Nehemías asimismo cuentan que los enemigos obligaron a muchos a encerrarse en la ciudad, con lo que los campesinos no podían traer provisiones.

Cuando lo ocurrido con los pobres llegó a oídos de Nehemías, se indignó justamente contra los responsables. Convocó una asamblea pública con el fin de solucionar estos males y agravios. Nehemías reprendió a los usureros con toda severidad, y para afearles más su conducta, contrastó su conducta con la que él había seguido para con su pueblo. Nehemías había redimido a algunos desterrados judíos que, por deudas o graves problemas, habían llegado a caer en la esclavitud estando en Babilonia. Les exigió a los ricos prestamistas que abandonaran el cruel e ilegal sistema de usura, y que además devolviesen los campos y viñedos de los pobres, para cortar el mal de raíz, que había ocasionado tantos desajustes sociales, y que a la larga sería desastroso para el pueblo, por constituir un grave atentado contra la ley. Las palabras de Nehemías surtieron efecto, y consiguieron remover las conciencias de los ricos opresores. Ante demandas tan justas no pudieron hacer otra cosa que someterse avergonzados a las exigencias de Nehemías. Prometieron hacer todo lo que les exigía, y para ratificarlo hicieron un juramento solemne, con los sacerdotes como testigos. Nehemías, de la forma que era costumbre entre los judíos, sacudiéndose el vestido, advirtió que así haría Dios con todo aquél que no cumpliera el juramento. El relato de este triste episodio concluye explicando que el pueblo hizo todo lo que había prometido.

El capítulo termina con Nehemías relatando su conducta, en contraste con la de los que le precedieron en el cargo de gobernador. Cierto que su trabajo en la corte le había proporcionado una situación más que desahogada, pero eso no le llevó a aficionarse al dinero. Desde su llegada a Jerusalén se negó a recaudar dinero del pueblo para los gastos relacionados con su cargo, porque vio la situación en la que se encontraba. Al contrario, corrió con ellos por cuenta de su patrimonio personal. En cambio, los gobernadores anteriores habían agobiado al pueblo con sus demandas, lo que sin duda también habría influido en la situación narrada en este capítulo.

Nehemías ofrece un ejemplo de un gobernante justo y temeroso de Dios. Ante los abusos de los ricos, actuó con firmeza. Les obligó a ir más allá de lo que la ley de Moisés, que ellos estaban infringiendo, les demandaba. Una situación extraordinaria requirió medidas extraordinarias. Además, a la larga esta situación podría haber desembocado en una verdadera ruina económica. Como señalé en el anterior apartado, Dios había dado leyes para que Israel tuviera una economía estable y ordenada, muy diferente de la de los pueblos paganos de su entorno. Esta situación estaba socavando los cimientos de la economía israelita, con el peligro real de provocar un colapso económico. Nehemías actuó con piedad y sabiduría. Ojalá tuviéramos muchos Nehemías en la actualidad en todas las naciones.

 

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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