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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(7ª Parte)

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

I: EL ANTIGUO TESTAMENTO

1. LA LEY

 

La administración de justicia


No seguirás a la mayoría para hacer mal, ni responderás en un litigio inclinándote a la mayoría para hacer agravios. (Éx. 23:2).

No violarás el derecho del pobre en su pleito. (Éx. 23:6). 

No cometerás injusticia en los juicios, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo. (Lv. 19:15). 

En todas las ciudades que Jehová, tu Dios, te dará, pondrás jueces y oficiales, por tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho, no hagas acepción de personas ni tomes soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos. La justicia, sólo la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová, tu Dios, te da. (Dt. 16:18-20). 

De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo, porque yo no justificaré al malvado. (Éx. 23:7).

No cometáis injusticia en los juicios, en medidas de tierra, ni en peso ni en otra medida. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo soy Jehová, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. (Lv. 19:35, 36).

No se tomará en cuenta a un solo testigo contra alguien en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquier ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación. (Dt. 19:15).

Por testimonio de dos o de tres testigos morirá el que haya de morir; no morirá por el testimonio de un solo testigo. (Dt. 17:6).

El Señor estableció las bases para una justicia justa, que son seguidas en todos los países que buscan el bienestar de sus ciudadanos.

Los veredictos no debían estar influenciados por cuestiones ajenas a los hechos en litigio. No podrían estar influidos por la animadversión hacia alguien, aunque fueran muchos los inclinados a pensar en la culpabilidad del acusado. Se prohíben expresamente los juicios efectuados para perjudicar a otros, fueran cuales fueran los motivos de la antipatía. Los pobres, que tradicionalmente han estado en una situación más vulnerable, debían ser juzgados con justicia. No se favorecería a los pobres ni a los poderosos, la justicia sería una para todos.

Ninguna persona sería condenada por un único testimonio. Se precisarían dos o tres testigos para probar el delito.

Jezabel armó un complot en contra de Nabot, porque no le quiso vender su heredad al rey Acab (1 R. 21:1-15). La Escritura narra que pagaron a “dos hombres perversos” para testificar falsamente en contra de Nabot. Ni siquiera un rey injusto como Acab podía obligar a un juez a condenar a alguien sin al menos guardar las formas.

 Un eco de esta ley se ve aún en el montaje, que no juicio, preparado para matar a Jesús (Mr. 14:55-59). No pudieron hallar motivos para condenar a Jesús porque los falsos testigos que buscaron, aleccionados a toda prisa, no se pusieron de acuerdo en su testimonio. Lo condenaron únicamente por afirmar que era Hijo de Dios.

La ley también decreta que la justicia tuviera representantes en todas las poblaciones. Estos eran heraldos o alguaciles, empleados en ejecutar las sentencias de sus superiores. El original hebreo dice “en todas tus puertas”, traducido por “en todas tus ciudades”. La puerta de la ciudad era el lugar de concurrencia pública entre los israelitas y otros pueblos orientales, donde se trataban los negocios y se ventilaban los pleitos (Rut 4:1-11; Job 29:7).

Resumiendo, debe ser fácil acceder a la justicia para todos, y la justicia no puede estar influenciada por prejuicios, animadversión, condición social, etc. El Señor, que es justo, ama la justicia, y exhorta muy severamente a quienes hacen injusticia en los juicios.

 

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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