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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(6ª Parte)

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

I: EL ANTIGUO TESTAMENTO

1. LA LEY

 

La economía


No tomarás en prenda la muela del molino, ni la de abajo ni la de arriba, pues sería tomar en prenda la vida del hombre. (Dt. 24:6).

Cuando entregues a tu prójimo alguna cosa prestada, no entrarás en su casa para tomarle la prenda. Te quedarás fuera, y el hombre a quien prestaste te sacará la prenda. Y si el hombre es pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda. Sin falta le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir con su ropa y te bendiga; para ti será como una obra de justicia delante de Jehová, tu Dios. (Dt. 24:10-13).

Si tomas en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás, porque solo eso es su abrigo, el vestido para cubrir su cuerpo. ¿Con qué dormirá? Y cuando él clame a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso. (Éx. 22:26-27).

En estos primeros textos se habla de como debía ser el comportamiento de los israelitas con los bienes de primera necesidad de los pobres. En algún momento, por encontrarse en una situación apurada, los pobres podían verse obligados a dejar en depósito algún elemento de primera necesidad a cambio de dinero o servicios. El Señor por lo tanto regula tales situaciones.

Si una familia dejaba en prenda una de las dos muelas del molino, no podrían moler el grano. No tendrían harina para hacer el pan ni alimentos cuyo ingrediente fundamental fuera la harina (que se consumen todavía en muchos países del área mediterránea, como gachas, cuscús, etc.). Retener una muela significaría reducirla a la necesidad.

La ropa para los pobres también era un elemento de primera necesidad, no solamente para poder ir bien vestidos y abrigados por la calle. Los pobres de aquel tiempo, como muchos de la actualidad, no tenían colchas ni mantas para dormir. Por lo tanto, en el tiempo de frío debían dormir sobre su lecho con la ropa puesta. Retenerles la ropa en el invierno era cruel, por lo tanto el Señor lo prohíbe.

Dios incluso previene contra el abuso de su posición por parte del prestamista. Debía respetar la intimidad de la familia, y conformarse con lo que le quisieran dejar en depósito.

Los siguientes textos hablan de la economía general de Israel.

Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como usurero ni le cobrarás intereses. (Éx. 22:25).

Si tu hermano empobrece y recurre a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo. No tomarás de él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le darás tu dinero a usura ni tus víveres a ganancia. (Lv. 25:35-37).

En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra posesión. Cuando vendáis algo a vuestro prójimo o compréis de manos de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano. Conforme al número de los años transcurridos después del jubileo comprarás de tu prójimo; conforme al número de los años de cosecha te venderá él a ti. Cuanto mayor sea el número de los años, aumentarás el precio, y cuanto menor sea el número, disminuirás el precio, porque según el número de las cosechas te venderá él. (Lv. 25:13-16).

Cada siete años harás remisión.

En esto consiste la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que haya prestado algo de su pertenencia, con lo cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque ha sido proclamada la remisión de Jehová. Del extranjero demandarás el reintegro; pero lo que tu hermano tenga de ti, se lo perdonarás. Así no habrá mendigos entre los tuyos, pues Jehová te bendecirá con abundancia en la tierra que Jehová, tu Dios, te da por heredad, para que la tomes en posesión, si escuchas fielmente la voz de Jehová, tu Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy. (Dt. 15:1-5).

Contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a sumar cuarenta y nueve años. Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el séptimo mes; el día diez del mes—el día de la expiación—haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra. Así santificaréis el año cincuenta y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus habitantes. Ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.

La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es, y vosotros como forasteros y extranjeros sois para mí. Por tanto, en toda tierra de vuestra posesión otorgaréis derecho a rescatar la tierra.

Si tu hermano empobrece y vende algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano haya vendido.

Cuando el hombre no tenga quien rescate, y consigue lo suficiente para el rescate, entonces contará los años desde que vendió, y pagará lo que falta al hombre a quien vendió, y volverá a su posesión. Pero si no consigue lo suficiente para que se la devuelvan, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y al jubileo quedará libre, y él volverá a su posesión.

El hombre que venda una vivienda en una ciudad amurallada tendrá facultad de redimirla hasta el término de un año desde la venta; un año entero será el término para poderla redimir. Y si no es rescatada dentro de ese año, la casa que esté en la ciudad amurallada quedará para siempre en poder de aquel que la compró, y de sus descendientes; no quedará libre en el jubileo. Pero las casas de las aldeas que no tienen muros alrededor serán estimadas como los terrenos del campo: podrán ser rescatadas y quedarán libres en el jubileo.

Pero en cuanto a las ciudades de los levitas, estos podrán rescatar en cualquier tiempo las casas en las ciudades de su posesión. En el jubileo, el que haya comprado de los levitas saldrá de la casa vendida o de la ciudad de su posesión, por cuanto las casas de las ciudades de los levitas son la posesión de ellos entre los hijos de Israel. Pero la tierra del ejido de sus ciudades no se venderá, porque es posesión suya a perpetuidad. (Lv. 25:8-10, 23-34).

Los textos que anteceden, pusieron la base de un modelo económico sin igual en su tiempo, que al examinarlo detalladamente, todavía despierta admiración. El Señor dio a Israel una estructura concreta de medidas, adaptada a aquel tiempo, que evitaba los grandes males propios de las economías paganas hasta el día de hoy: grandes injusticias y la inestabilidad.

Se impedían las grandes posesiones de terreno (latifundio) y las relaciones de deuda (empréstitos). Aunque éstas últimas se hubiesen originado, (en forma de déficit o deudas familiares), habrían desaparecido rápidamente y no podrían tomar un carácter permanente. Israel no conoció el fenómeno renta como enfoque o regla estructural.

En Israel no existía ningún “mercado de deudas”, es decir, ningún mercado de préstamos, con un precio (interés) determinado por la oferta y la demanda, para los préstamos de dinero, como lo había en Babilonia y Fenicia. Esto no quiere decir que en Israel no se pudiera invertir el dinero productivamente en sociedad con otros. Se podía invertir como participación sujeta a riesgo con vistas a la ganancia posterior, pero no como préstamo contra una renta (interés)  previamente determinada. Había ganancia si el negocio resultaba productivo, no por exprimir a unos deudores.

Esto daba como resultado una economía estable. Dentro de Israel, solamente se le podía pedir interés a los extranjeros, que por ser una minoría no afectaban al sistema. Las personas en necesidad no verían agravada su situación por los intereses que se vieran obligadas a pagar para poder aliviar su situación, la ley prohibía expresamente aprovecharse de sus circunstancias. ¡Cuánto podría decirse en la actualidad sobre esto último!

Volviendo al tema de la tierra, las disposiciones de la ley evitaban las tres grandes fuentes de déficit que se dieron en Occidente durante la Edad Media, y que siguen dándose en los países en vías de desarrollo:

  1. Deudas de arrendamiento, dependientes del latifundio.
  2. Deudas ocasionadas por jornal insuficiente en relación al trabajo.
  3. Deudas como consecuencia de enfermedad, accidente, mala cosecha u otras contrariedades.

Se evitaron las deudas de arrendamiento por la supresión del latifundio, esto es, de las relaciones de arrendamiento. En caso de venta obligada del terreno, lo vendido estaba permitido volverlo a comprar (rescate) por la familia. No era una simple filantropía, sino una ley económica. Tras 49 años, el terreno no rescatado volvía al propietario primitivo.

Las deudas surgidas en relación al trabajo, concluían por el hecho de que cada 7 años tenía lugar una remisión de deudas. Los contratos de trabajo también acababan en el año séptimo. Al siervo no le estaba permitido marchar con las manos vacías, de forma que no se encontrase enseguida en una posición sujeta a coacción. Dentro de estas circunstancias, la tentación del dueño o señor, con el fin de hacer financieramente dependiente a su siervo, era escasa.

Las deudas surgidas por contratiempos podían, por regla general ser sufragadas fácilmente, porque pedir renta al pobre que se hallaba en necesidad estaba prohibido. Esto último, no era una prohibición difícil, al no existir en Israel ningún “mercado de deudas” ni ningún “nivel del tipo de interés”. Prestar a rédito, no era un uso económico generalizado. Las deudas no rescatadas concluían, de modo natural, en el año séptimo.

De las tres fuentes de déficit ocasionadas por una mala gestión de la tierra, sabemos mucho en Andalucía. Por diversas causas políticas y económicas, en Andalucía han existido, y existen todavía, grandes latifundios. Había personas condenadas a ser arrendatarios de la tierra que cultivaban de generación en generación. Los jornales eran puestos por los dueños de la tierra, y las contrariedades podían arruinar a las familias. Aunque las normativas estatales han aliviado esta situación, todavía se siguen pagando las consecuencias de este reparto desigual de las riquezas naturales. El cuadro en Israel era muy diferente, la tierra fue repartida por familias, que como ya he mencionado, si por graves contrariedades perdían su tierra, en el año del jubileo la tierra volvería a las familias correspondientes. No había familias condenadas a ser parte de los desposeídos de generación en generación.

Es cierto que hoy en día es inviable establecer una normativa sobre la tierra como la que había en Israel. Pero debe haber normativas que eviten la acumulación masiva de la tierra por parte de unos pocos, algo que, como hemos visto, solamente trae males.

Otro gran problema que sigue sacudiendo periódicamente las economías occidentales es la inestabilidad. La inestabilidad fundamental de las economías occidentales está determinada por el hecho de que la actividad en estas economías depende del equilibrio de dos factores oscilantes, bastante independientemente el uno del otro.

Estos factores son: por una parte, la posibilidad de ganancia de la vida industrial, y por otra, el precio del préstamo (interés) en el mercado de capitales. Es evidente, sin embargo, que el equilibrio de dos factores, que en gran parte pueden moverse independientemente entre sí, es un asunto arriesgado.

En el momento en que la posibilidad de ganancia de la vida industrial (determinado por la oferta y la demanda de bienes de consumo) se hace más pequeña que el precio del préstamo (determinado por la demanda y oferta de dinero), amenaza un grave peligro para la actividad, para la ocasión de trabajo, para la posibilidad de inversión de capital, etc. Porque entonces, para aquel que tiene dinero disponible, es más ventajoso prestarlo en el “mercado de deudas” que invertirlo en la vida industrial, mientras que para la vida industrial el dinero del mercado de deudas es, entonces, demasiado caro.

La renta en el mercado de deudas -donde confluyen diversas clases de “demanda de dinero”- es, por así decirlo, un “umbral” para invertir en la vida industrial. Las ganancias de la vida industrial no pueden, por tanto, descender por debajo de este “umbral”, so pena de grandes dificultades.

Este es el núcleo o clave de la inestabilidad fundamental de las economías occidentales. Inestabilidad que es –en la práctica, por supuesto- un estado de cosas muy complicado.

En los años treinta, cuando por muchas causas este equilibrio económico una vez más se quebró gravemente, el economista ingles, J. M. Keynes, supuso para las autoridades un medio importante, al restablecer el equilibrio perturbado.

Desde Keynes, el gobierno económico en occidente ha estado dirigido a evitar un paro como el de los años treinta, fomentando, que la posibilidad de ganancia de la vida industrial sea al menos tan elevada como la renta del préstamo, de forma que las inversiones no se retraigan y la actividad no se detenga.

Este equilibrio entre posibilidad de ganancia y renta del préstamo se intenta conseguir mediante la creación de suficiente demanda de bienes de consumo, y a través del aumento de empleos, particularmente creados por la autoridad gubernativa.

De esta posibilidad de elevación del pleno empleo nacieron los “milagros económicos” y el “bienestar” de la posguerra.

Sin embargo, al mismo tiempo surgió un gran problema nuevo. La recién descubierta posibilidad de crear una actividad, es decir “bienestar”, mediante elevación de los empleos por conducto de sumas gastadas por el gobierno y aumento de salarios se evidenció estar limitada, entre otras cosas, por la cuestión de la completa ocupación obrera. Pasado este asunto, la elevación de los empleos condujo al “súper empleo”, a una cada vez más creciente inflación, y consecuentemente a la devaluación de la moneda. Pues, cuando se ha logrado una completa ocupación obrera, la producción ya no crece más. Si los empleos entonces aun siguen en crecimiento, la consecuencia es el aumento de precios.

Por las vertiginosas subidas de precios y costos se evidenció cada vez más que muchas industrias, a pesar de la general y febril actividad, no están en situación de alcanzar una ganancia por lo menos igual a la renta en el “mercado de deudas”.

Nació la solicitud de mano de obra extranjera –con todos los problemas anejos a ella- a fin de, mediante la elevación de la producción, reprimir los costos medios, y aumentar la ganancia.

Al mismo tiempo se originaron, a una velocidad record, los “problemas de estructura” de las industrias, las cuales no pudieron lograr elevar su producción tan rápidamente que los costos ascendentes fuesen cubiertos y el nivel medio de beneficios exigido por el “mercado de deudas” pudiese alcanzarse. La inflación fue combinándose con elementos de “estancamiento”.

El actual problema inflacionario, imposible de refrenar, salvo ocasionales crisis de precios en determinados sectores, es lo opuesto a la “escasez de empleo” en los años treinta. Y forma la nueva amenaza de las economías occidentales.

En la estructura económica de Israel, por la exclusión de permanentes situaciones de deuda (del préstamo) y el correspondiente fenómeno de la renta, que prescribe a la vida industrial un rendimiento mínimo, no existió esta inestabilidad fundamental.

Cuando en Israel se debía acometer un trabajo, por ejemplo, la roturación de un terreno baldío, no era necesario preguntarse, como se hace en los países paganos, si la producción sería realmente tan elevada como el corriente nivel del tipo de interés, para que, si este no fuese el caso, no emprender la obra y prestar el dinero a renta, en la mayoría de los casos, para fines consuntivos. Pues todos los pueblos paganos andan abrumados bajo tales cargas de deudas consuntivas. Lo financieramente imposible de muchas iniciativas empresariales en los países en vías de desarrollo guarda estrecha relación con este elevado nivel del tipo de interés para fines consuntivos (es decir, para el coste de la vida).

En Israel, para comenzar una nueva obra era suficiente considerar si otro uso de inversión de capitales no era más ganancioso, y  por consiguiente, merecía o se le daba la preferencia. La posibilidad de emprender algo, es decir, la expansión de la actividad, no fue determinada por la elevación de un “nivel del tipo de interés”, sino que únicamente fue dependiente del orden de las posibilidades de ganancia, determinado por el mercado.

Por todo lo dicho, queda suficientemente claro que la economía de Israel era muy superior a todas las de su entorno, y a las economías actuales.

Aunque este modelo no es trasladable a la actualidad. Nuestro sistema económico está tan inmerso en el sistema de renta, que es rara la persona que no esté pagando algún tipo de crédito. Si los intereses no son abusivos, no se debe pensar que prestar a un tanto por ciento es “pecaminoso” o “inmoral”. Esto puede ser cierto en una situación especial, por ejemplo, en caso de ayuda a alguien que anda en necesidad.

Promovamos la ayuda a las personas necesitadas, con la misma compasión que enseñaba la ley. Y denunciemos los intereses abusivos que tienen determinadas entidades financieras, que se aprovechan de la necesidad de los solicitantes.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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