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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(4ª Parte)

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

I: EL ANTIGUO TESTAMENTO

 LA LEY

 

La explotación sexual

No contaminarás a tu hija prostituyéndola, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad. (Lv. 19:29).

 

No haya ramera entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. (Dt. 23:17).

 

Nunca se hablará lo suficiente de todos los males que acarrea la prostitución. Las últimas cifras sobre la prostitución femenina en España arrojan datos demoledores. Se calcula que al menos 300.000 mujeres ejercen la prostitución en España. De ellas, muchas son inmigrantes, y víctimas de las mafias. Es decir, que llegaron a España atraídas por falsas promesas y al llegar fueron convertidas en esclavas sexuales, víctimas de la llamada trata de personas. El 95% de las prostitutas son víctimas de acoso sexual. Entre el 60% y el 75% fueron violadas mientras se prostituían. Entre el 70% y el 95% fueron víctimas de malos tratos físicos. Han declarado que quieren dejar esa actividad entre el 85% y el 95%.

Todos estos datos pintan un panorama de lo más sombrío, de abusos y malos tratos, peor todavía si cabe para aquellas que son forzadas a prostituirse. ¿Se puede llamar trabajo, como hoy día quieren algunos, a una actividad tan cruel y degradante?

Dios no quería que nada de esto sucediera en Israel. Es cierto que Dios condena las relaciones sexuales desordenadas, pero en el caso de la prostitución, creo que más que otra cosa Dios deseaba evitar todo el dolor y abusos que acarrean estas prácticas. Sobre todo, Levítico defiende a las hijas de los padres desnaturalizados que solamente vieran en ellas una fuente de ganancias. Para Dios es una abominación que las hijas o los hijos sean tratados como ganado por sus padres, en lugar de recibir el cariño y cuidados necesarios. Esto sucede actualmente en muchos países, donde muchos niños y niñas son vendidos como carne fresca a los pervertidos.

En los pueblos de alrededor de Israel, había mucha prostitución. Existían cultos paganos donde se ejercía la prostitución femenina y masculina. La prostitución forzada existía en unas condiciones peores todavía que en la actualidad. Porque hoy, si una persona escapa de quienes la han capturado, puede quedar libre. Pero en los tiempos bíblicos, existían esclavos y esclavas comprados por los dueños de los prostíbulos para darles ganancias. Si intentaban escapar y eran descubiertos, en lugar de recibir ayuda de las autoridades, serían devueltos a sus dueños. Dios quería que su pueblo fuera santo, y marcara una diferencia en su entorno. Debían seguir la santidad y la compasión, y ser luz a las naciones.

 

Los trabajadores

 

No oprimirás a tu prójimo ni le robarás.

No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana siguiente. (Lv. 19:13).

 

No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades. En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él sustenta su vida. Así no clamará contra ti a Jehová, y no serás responsable de pecado. (Dt. 24:14, 15).

 

Estas leyes hablan de una costumbre de Oriente Medio, que hasta no hace muchos años también se practicaba en España. En las épocas en que eran necesarios muchos brazos para trabajar en el campo, el dueño de las tierras iba a contratar obreros a una plaza, o mandaba a su capataz. Al terminar la jornada, recibían el salario acordado (Mt. 20:1-13).

Si faltando a la costumbre, el terrateniente retenía el jornal hasta la mañana, estaba abusando de sus trabajadores, y llevando a una situación angustiosa a los pobres con familia. Dios advierte seriamente contra tal abuso.

De esto se derivan varios principios para hoy en día. Los empresarios deben ser justos en las relaciones con sus empleados. Desgraciadamente, se da con frecuencia el caso de trabajadores que dejan de percibir el salario, no de un día, como dicen estos textos, sino de meses enteros. Según los principios bíblicos, ante Dios es un pecado actuar de esa forma. Una de las prioridades de los empresarios debe ser pagar puntualmente los salarios a sus trabajadores.

Tampoco deben establecer condiciones abusivas en el trabajo, como exigir horas no acordadas, o trabajos sin contrato.

Un buen empresario o un buen jefe, traen prosperidad a su entorno más cercano, y hacen agradable el trabajo. Por el contrario, un mal empresario o un mal jefe, lo que traen es pobreza y mal ambiente laboral. En las relaciones laborales también debe reinar la justicia.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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