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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(34ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO


2. La justicia (III)
 

Igualdad de los hombres ante Dios

 

Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.  1 Co. 12:13.

 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.  Gá. 3:28.

 Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas. Col. 3:25.

En estos versículos Pablo habla de que ante Dios todos somos iguales. En los dos primeros se refiere a la igualdad dentro de la Iglesia. Cristo ha borrado todas las diferencias y separaciones entre los hombres. En el reino de Dios no hay diferencias entre judíos y gentiles, esclavos o libres, varones ni mujeres. Una sola es la gracia para todos, y una sola la responsabilidad. Las leyes de aquel tiempo privilegiaban a los varones libres, mientras que las mujeres eran discriminadas, y los esclavos carecían de derechos. Pero Cristo también ha venido para acabar con todo eso, con las injusticias y separaciones entre los hombres.

En el versículo de Colosenses, habla de la igualdad de los hombres ante la justicia divina de una forma más general. Aquel que obre injustamente, recibirá la retribución por ello. Los versículos precedentes hablan de los esclavos, que ya comenté en el apartado correspondiente. Por lo tanto, Pablo termina diciendo que para el Señor no hay diferencias entre libres y esclavos. Ante sus ojos, nada se le oculta, y cada uno recibirá de la justicia divina lo que le corresponda.

Denuncia de los juicios injustos

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.  Mt. 23:23. 

Los escribas y los fariseos, de acuerdo con Levítico 27:30, diezmaban escrupulosamente los productos de la huerta, incluidos los más insignificantes, como los que menciona aquí. Pero el problema estaba en que con seguir de una manera minuciosa las pequeñeces de la ley mosaica, se creían libres de lo realmente importante. No obraban justamente, y con ello atentaban contra la justicia divina. Jesús, por tanto, pone las cosas en su sitio. Lo realmente necesario era que  hicieran justicia y misericordia con el prójimo, y tuvieran una fe sincera.  

Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Hch. 4:19-20. 

Pedro y Juan se vieron conducidos ante un tribunal que les hizo demandas injustas, que dejaran de predicar. Ante eso, de una forma respetuosa, les dijeron que debían obedecer a Dios antes que a ellos. El respeto por las autoridades no significa que haya que obedecer las demandas que contradigan la voluntad de Dios. Este es un ejemplo de cómo conducirse ante un tribunal injusto. Tenemos derecho a protestar por la injusticia de una forma clara y respetuosa.

Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto. Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo.

O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando comparecí ante el concilio, a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros. Hch. 24:18-21.

Pablo siguió en la misma línea que Pedro y Juan, respeto al tribunal, pero declarar abiertamente la injusticia. Manifiesta que él no había hecho nada indebido en el templo, cuando fue atacado por judíos de Asia. Ellos deberían presentarse para decir de lo que lo acusaban, en lugar de estar ausentes. Les dice a los fariseos que están obrando de forma inconsecuente: primero le defendieron cuando habló de la resurrección de los muertos, y ahora le acusan. Otro ejemplo más de que seguir el Evangelio no significa poner mordazas ante la injusticia. Tenemos libertad para denunciar el pecado y las injusticias, como lo hicieron los apóstoles y los profetas antes que nosotros.

Exhortación a juzgar justamente

No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. Jn. 7:24.

Jesús, como profeta de la justicia divina, les señala a los fariseos lo erróneo de sus juicios contra Él. Les dice que deben seguir el verdadero criterio de la justicia: juzgar con justo juicio. No deben guiarse por las apariencias, que a menudo son engañosas, sino por la realidad de los hechos. Como he comentado más arriba, los apóstoles siguieron este obrar de Cristo fielmente: respeto a los jueces designados, y denuncia clara de las injusticias. Él es nuestro guía y nuestro ejemplo.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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