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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(33ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO


2. La justicia (II)
 

Propia de los rectos

 

Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:

Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,

Y cuyos pecados son cubiertos.

Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.

¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.  Ro. 4:6-12.

 

Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.  Ro. 6:17-18.

 

Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él. 1 Jn. 2:29.

 

Es natural que los hijos se parezcan a sus padres. Por lo tanto, es normal que los creyentes muestren su parecido con el Padre celestial. Este parecido se manifiesta en obrar justamente, imitándolo a Él.

Pero Pablo pone sobre la mesa que somos pecadores. En la vida antes de creer en el Señor, el pecado nos dominaba, era un mal amo que nos esclavizaba. Pero al creer en el Evangelio, fuimos liberados del pecado. Ahora hemos venido a ser siervos de la justicia. Estamos llamados a mostrar la obra de Dios en nuestras vidas.

Aunque, por nuestras debilidades, caemos y atentamos contra la justicia divina. ¿Qué ocurre entonces? Si vamos a Dios con un arrepentimiento sincero, nos da Su perdón. Aún más, nos otorga Su justicia. En esto Abraham fue hecho nuestro modelo y nuestro ejemplo. Él, como hombre, tenía debilidades. Pero su fe le fue contada por justicia. Y Dios obró en él de forma que tanto judíos como gentiles pudieran sentirse identificados. Pues la fe le fue contada por justicia antes de recibir la circuncisión, como padre y ejemplo de todos los creyentes gentiles. Y más tarde recibió la circuncisión para ser padre y ejemplo de los creyentes judíos.

Hay pues, justicia en los que obedecen al Señor. Si caen y se arrepienten, son cubiertos con la justicia de Cristo. Y si obran según la voluntad de Dios, en su caminar diario muestran la justicia de Dios, como hijos del Padre celestial.

 

Promesas para quienes la buscan

 

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados... Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Mt. 5:6, 10.

 

Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz. Stg. 3:18.

 

Mateo recoge las bienaventuranzas en su versión más espiritual. Estas son las relacionadas con la justicia divina. Jesús llama bienaventurados a aquellos que, sintiendo su condición de pecadores, anhelan que su vida se amolde a la justicia divina. Su deseo de vivir justamente es tan intenso que lo compara con las necesidades más primarias del ser humano, saciar el hambre y la sed. Jesús proclama que su anhelo será satisfecho. Porque Dios nunca deja de escuchar los anhelos santos de los piadosos.

Pero Jesús y el resto de la Palabra no olvidan que practicar la justicia en un mundo pecador a menudo acarrea persecución. Por eso recuerda, al igual que otros pasajes, que esta situación es temporal. En el mundo presente, podrán padecer los justos y disfrutar los pecadores, pero en el venidero no será así. En el reino de los cielos, los que practican la justicia recibirán la porción que el Padre les ha asignado, y gozarán de su presencia eternamente.

Santiago también habla del resultado de practicar la justicia. En este mundo de guerras y discordias, los que viven de una forma santa y tolerante, brillan en la sociedad. Su forma de vida apacible no significa que toleren el pecado ni la injusticia. Como Jesús, saben señalar el pecado sin condenar al pecador, como en la hermosa historia de la samaritana que he comentado. Son guías y luces para los que andan en el pecado y el error. Santiago compara su caminar con sembrar semillas de justicia. Al igual que el agricultor dedicado al final recibe la cosecha, los que caminan rectamente recibirán la recompensa de Dios en su reino.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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