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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(31ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (VIII)
     

Los extranjeros (VII)

 

Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar.  Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión.

Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.

Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos:

Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.  Gá. 2:11-16.

 

La resolución del concilio de Jerusalén no bastó para los judíos más estrictos. Durante toda la era apostólica estuvo el partido de los judaizantes creando problemas. No se conformaban con que los gentiles pudieran vivir el Evangelio sin necesidad de hacerse prosélitos y guardar la ley.

En la epístola a los Gálatas se narra uno de los incidentes ocasionado por los judaizantes. Pedro fue a visitar Antioquía, la principal capital del cristianismo gentil. Después de la conversión de Cornelio, fue el primer lugar donde se les predicó a gentiles paganos y donde a los discípulos se les llamó cristianos (Hch. 11:20, 26). Por lo tanto no era extraño que Pedro fuera a visitarles. Al principio de esta visita, actuaba como le fue indicado por Dios que debía obrar con los gentiles, sin hacer distinciones ni privándose de comer con ellos, como hacían los judíos. Pero después llegaron algunos de parte de Jacobo, o del partido de Jacobo. Es decir, eran cristianos judíos de la facción judaizante, que no querían comer con los gentiles, aunque fueran hermanos en la fe. Ante ellos, Pedro obró conforme a su vieja naturaleza, la que se acobardaba con facilidad. Comenzó a apartarse de los gentiles y dejó de ir a comer con ellos. Por culpa de este mal ejemplo, los demás judíos creyentes fueron arrastrados, incluso Bernabé. Pablo, habiendo recibido el ministerio de los gentiles, fue el que se sintió más indignado por este comportamiento. Por eso no vaciló en reprender a Pedro públicamente, como ejemplo para todos los que se dejaron arrastrar.

Le reprochó que él, siendo judío, hasta entonces había vivido sin preocuparse por las normas de la ley ni sus rituales de purificación, que impedían que los judíos pudieran tener un trato íntimo y comer con los gentiles. Pero entonces había comenzado a hacerlo, dando a entender a los gentiles que debían atenerse a los rituales judíos y dejarse circuncidar. Pablo argumenta que habían abandonado la ley de Moisés, porque los judíos buscaban justificarse con su cumplimiento. Pero que ahora eran justificados por la fe de Cristo, no por las obras de la ley. No podía haber un argumento mayor que este.

Aparte de todas las implicaciones teológicas de este pasaje, lo que entra en el área de este estudio son sus implicaciones en el trato con las diferentes personas. No podemos ser cristianos y apartarnos deliberadamente de los que tengan un origen diferente. Nadie puede ser obligado a convertirse en algo que no es para ser cristiano. El Evangelio es intercultural, es independiente de las diferentes culturas a las que se predique o de las que procedan los misioneros. Las únicas cosan que son desechables son las costumbres y las actitudes que van en contra del espíritu del Evangelio y la moral cristiana.

 

No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Col. 3:9-11.

 

En este pasaje, dentro de una exposición de sus enseñanzas, Pablo da una vez más los motivos por los que la iglesia es ahora universal y multicultural. En el nuevo ser nacido por la gracia de Dios en que os habéis convertido cada uno de vosotros, ya no hay distinciones. Las diferencias son sólo aparentes, lo que cuenta es como la gracia de Dios va llevándoos al conocimiento pleno. Han desaparecido las diferencias entre judíos y gentiles, la descendencia de Abraham y quienes no lo son. No importa  del pueblo que sean, aunque procedan del más primitivo. A los ojos de Dios no hay diferencias entre libres y esclavos. Cristo es quien cuenta, y que Él sea todo en todos.

 

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo:

La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.

Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo:

Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome:

Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?

Yo le dije:

Señor, tú lo sabes.

Y él me dijo:

Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. Ap. 7:9-17.

 

Este apartado no podía terminar de una forma diferente que con la confirmación profética de la admisión de los creyentes de todos los pueblos y naciones a la presencia de Dios. Este pasaje en particular se refiere en concreto a la cosecha obtenida por la predicación de los 144.000. Pero son los representantes de todos aquellos que han obedecido al Evangelio después de que la iglesia se abriera a los gentiles. Muchos, como estos creyentes, han sellado su fe con su propia sangre. Ahora ya han descansado de todos sus trabajos, nunca más sufrirán penalidades, y gozan para siempre de su presencia. Este es el futuro de la iglesia universal y multicultural.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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