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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(30ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (VIII)
     

Los extranjeros (VI)

 

Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; y escribir por conducto de ellos:

Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud.

Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.

Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación.

Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras. Y pasando algún tiempo allí, fueron despedidos en paz por los hermanos, para volver a aquellos que los habían enviado. Mas a Silas le pareció bien el quedarse allí. Y Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos. Hch. 15:22-35.

 La aceptación de los creyentes gentiles como miembros de pleno derecho en la iglesia no sucedió libre de tensiones. Los convertidos judíos que procedían del bando más estricto del judaísmo todavía no aceptaban que pudiera haber creyentes que no tuvieran que guardar la ley de Moisés. Al principio del capítulo 15 se narra la reunión, llamada el concilio de Jerusalén, que se convocó para dirimir el asunto. En el pasaje que he escogido se narra como se dan a conocer por una carta las resoluciones del concilio a las iglesias de fuera de Judea.

La carta comienza haciendo una recomendación de Pablo y Bernabé, quienes fueron acompañados de Judas y Silas como representantes de la iglesia de Jerusalén. Antes de dar las instrucciones que se habían acordado, se resalta que lo que se había decidido, fue con la dirección del Espíritu Santo. Las normas sobre comida que se habían tenido por necesarias, la mayoría de los intérpretes piensan que se dieron con la finalidad de que creyentes judíos y gentiles pudieran compartir la mesa sin problemas. Pero no fueron guardadas absolutamente en todas las iglesias gentiles. El capítulo ocho de segunda de Corintios, que trata de lo sacrificado a ídolos, así lo prueba. Pablo cuenta en este capitulo como lo sacrificado a los ídolos creó problemas a algunos creyentes corintios. Así que la finalidad de las instrucciones apostólicas no fue un comienzo de imponer la ley a los gentiles, sino guardar la comunión y las conciencias de los nuevos creyentes.

Los creyentes gentiles, al verse libres de la carga de la ley de Moisés, se alegraron. Judas y Silas les estuvieron ministrando, probablemente dando explicaciones más extensas de las instrucciones apostólicas. Finalmente Judas volvió a Jerusalén, pero Silas se quedó con Pablo y Bernabé.

Ya estaban dadas las instrucciones que en aquel tiempo fueron necesarias para la convivencia de gentiles y judíos en la iglesia. Quedaba confirmada definitivamente la obra empezada en casa de Cornelio.

 Y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre…  A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Ro. 1:5, 14.

 Pablo declara que su ministerio le fue dado para extender el Evangelio a todas las naciones. Se sentía obligado tanto con los griegos como los pueblos de más allá de las fronteras del imperio romano, con los cultos y los incultos. El Evangelio es para todos, y a todos une en la fe de Cristo.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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