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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(28ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (VIII)
     

Los extranjeros (IV)

 

Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo:

Levántate y vé hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.

Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.

Y el Espíritu dijo a Felipe:

Acércate y júntate a ese carro.

Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo:

Pero ¿entiendes lo que lees?

El dijo:

¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?

Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que leía era este:

Como oveja a la muerte fue llevado;

Y como cordero mudo delante del que lo trasquila,

Así no abrió su boca.

En su humillación no se le hizo justicia;

Mas su generación, ¿quién la contará?

Porque fue quitada de la tierra su vida.

Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe:

Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?

Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.

Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco:

Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?

Felipe dijo:

Si crees de todo corazón, bien puedes.

Y respondiendo, dijo:

Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.  Hch. 8:26-39.

 

Después de la partida de Pedro y Juan, Felipe se quedó en Samaria predicando y atendiendo a los samaritanos. Pero el Señor tenía otros planes. Felipe, en medio de todas sus ocupaciones, recibe la orden de abandonar la ciudad para ir a un antiguo camino en una zona desértica. Felipe obedece al Señor y pronto conoce sus deseos.

Por ese mismo camino va de vuelta a su país un alto funcionario de Etiopía. Era un prosélito que había estado un tiempo en Jerusalén adorando al Señor. Lo que estaba haciendo da muestras de su deseo de buscar a Dios, que no se había quedado satisfecho con cumplir los rituales prescritos. Leía las Escrituras en voz alta, para que también pudiera oírlas su cochero durante el largo viaje que les esperaba.

El Señor le dice a Felipe que se acerque al carro del funcionario, y Felipe le oye leer a Isaías. La providencia divina hizo que en ese momento la lectura fuera la profecía sobre los sufrimientos de Cristo. Esto hace que Felipe le pregunte abiertamente si comprende lo que está leyendo. El etíope es un funcionario de alto rango, acostumbrado a tener personas bajo él. Pero en su corazón era humilde, pues entiende que ni su poder ni sus riquezas le ayudan para tener un mejor conocimiento de Dios y de las Escrituras. Debió pensar que el judío que no ha vacilado en dirigirse a él era un judío instruido en las Escrituras que podría enseñarle el significado del pasaje. Hace que suba al carro y Felipe, comprendiendo el propósito de Dios, le habla el Evangelio. Durante su predicación le habla del mandato de Jesús de recibir el bautismo. La fe del eunuco le hace ver a Felipe que debe ser bautizado, como ya había hecho con los samaritanos. Por eso, cuando llegan a un lugar adecuado, le bautiza. El Espíritu Santo traslada a otro sitio a Felipe, una vez cumplida su misión. Quizá también como un milagro para el funcionario, que continúa su camino gozoso.

Todo había contribuido a preparar a Felipe para acercarse a personas cercanas al pueblo judío, aunque no fueran parte de él o hubiera muros de separación. Su origen helenista, su obra entre los samaritanos, etcétera. Cada vez estaba más cercano el momento en que la iglesia dejaría de ser judía, y se volvería una iglesia universal, con miembros de todos los pueblos y naciones.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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