Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Misión Israel

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(27ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (VIII)
     

Los extranjeros (III)

 

Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo:

Señor, quisiéramos ver a Jesús.

Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.

Jesús les respondió diciendo:

Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.  Jn. 12:20-24.

 Estos griegos no eran judíos de la dispersión, eran griegos prosélitos que solían asistir a las fiestas anuales. Se estaba celebrando la principal fiesta judía, la Pascua, por lo que era normal que estuvieran en Jerusalén. Tenían interés en conocer a Jesús, y recurrieron a Felipe por serles más accesible, y porque posiblemente Jesús estaba en la parte del templo reservada a los judíos. Hay que recordar que la zona de adoración pública del templo estaba dividida en dos partes, la de los prosélitos gentiles, y la de los judíos, a la que los primeros no tenían acceso. Felipe, que había visto como se comportaba Jesús con los extranjeros, fueran o no prosélitos, no vacila en ir a decírselo, y solamente se demora para ir también con Andrés.

Cuando se lo comentan a Jesús, no les da una respuesta clara, sino que les habla de su misión en la Tierra. Durante su ministerio terrenal, se ha dedicado prácticamente a los judíos, permitiendo solamente las excepciones que he mencionado para dejar claros sus sentimientos hacia los no judíos. Pero tras su muerte y resurrección, podrá tener fruto en todas las naciones. Él romperá la barrera que hasta entonces separaba judíos y gentiles. El evangelista solamente recoge las palabras significativas que pronunció Jesús. Pero podemos estar seguros de que accedió a la petición de estos griegos, siguiendo en su línea de comportamiento con los extranjeros.

 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a  Nicolás prosélito de Antioquia. Hch. 6:5.

 Cuando se eligieron a los siete diáconos, uno de ellos no era judío. Se trataba de Nicolás, un prosélito de Antioquía. Este creyente extranjero se ganó la confianza de los cristianos de Jerusalén por su fe y testimonio. Por eso, se le colocó en un puesto de responsabilidad, en el reparto de la ayuda a las viudas y necesitados, del que ya he hablado. Aunque la iglesia aún era judía, no discriminaban a los extranjeros que mostraran una fe verdadera.

 Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.

Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad…

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.  Hch. 8:4-8, 14-17.

 A causa de la persecución que se desató tras la muerte de Esteban, muchos creyentes huyeron de Jerusalén. Pero esto redundó en beneficio de la obra de Dios. Los creyentes fueron anunciando el evangelio en todos los lugares donde llegaban.

Uno de ellos fue Felipe el diácono. Él, tanto por su ministerio como por ser compañero de Esteban, era un blanco muy visible para las iras de los judíos contrarios al Evangelio. Quizás fue este un motivo usado por Dios para que se aventurara a ir hasta Samaria. Además era un judío helenista, originario de la dispersión y de una mentalidad más abierta, por lo que provocaría menos rechazo que los naturales de Israel. El camino para el Evangelio ya había sido preparado por Jesús durante el ministerio en Samaria que ya he mencionado. Así que Felipe empezó a predicar el Evangelio, y tuvo un gran éxito. Una vez más el pueblo mestizo y extraviado recibía la palabra de los judíos, de quienes se habían separado. Felipe, entendiendo que su fe era sincera, empezó a bautizarles. Pero la gracia del Señor se retuvo un tanto para conseguir la unión entre judíos y samaritanos.

Los apóstoles, que se habían quedado en Jerusalén, oyeron lo que estaba sucediendo en Samaria. Por ello, enviaron a Pedro y Juan para confirmar la obra. Cuando llegaron, supieron que a pesar de su fe confirmada por el bautismo, aún no habían recibido el Espíritu Santo como lo habían recibido ellos y los cristianos de Judea (Hch. 2:1-13). Así que les impusieron las manos y recibieron el don que les faltaba. La gracia de Dios y la sabiduría recibida por medio de Pedro y Juan, completó la unidad entre judíos y samaritanos. La obra iniciada por Jesús tuvo una muy digna continuación. Pedro y Juan, después de salir de Samaria, predicaron en muchas poblaciones de los samaritanos (8:25).

 

Mª Auxiliadora Pacheco

    -Indice de artículos de Mª Auxiliadora
    -Indice general de artículos


© sentirCristiano.com

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes