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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(25ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (VIII)
     

Los trabajadores (I)

 

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

Y tú, Belén, de la tierra de Judá,

No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;

Porque de ti saldrá un guiador,

Que apacentará a mi pueblo Israel.

Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;  y enviándolos a Belén, dijo:

 Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.

Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.  Mt. 2:1-12.

 Una de las primeras expresiones de la universalidad de la redención y salvación traída por Jesús, se halla en el relato de la adoración de los magos. Hoy día todavía no hay acuerdo entre los eruditos bíblicos sobre quienes eran realmente según las Escrituras. Según unos eran persas, y otros afirman que eran caldeos. Lo que está claro es que eran extranjeros que se dedicaban habitualmente al estudio de la bóveda celeste, en un tiempo en que la astrología y la astronomía se mezclaban frecuentemente. Al parecer se produjo un fenómeno en los cielos que indicaba que en Israel iba a aparecer un gran rey, o bien conocían la profecía de Balaam (Nm. 24:17) e interpretaron que se iba a cumplir. En todo caso, una interpretación natural y racionalista no basta para explicar todo lo que cuenta Mateo. El fenómeno no era errático, los encaminó directamente a Israel, y se detuvo justo encima de donde estaba Jesús. Si tuvo un origen natural, fue una manipulación divina para avisar a Israel de la llegada del Mesías, y hacer participar a los gentiles de su llegada. Fue una muestra más de que ama a todos los hombres y a todos los pueblos, y desea hacerles partícipes de la Redención.

 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole:

¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.

El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!

Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.

Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.  Mt. 15:21-28.

 Jesús salió de Israel y se fue a la región de Tiro y Sidón, parece ser que huyendo de las iras de los fariseos. Por lo tanto, solamente era una estancia temporal. Una mujer de aquella región, por lo tanto gentil, que tenía una hija endemoniada, habiéndose enterado de que Jesús estaba allí, fue a buscarlo. Siendo gentil, lo llama el Mesías prometido a Israel, y después le dice su problema. Jesús la ignora aparentemente, pero en realidad tenía sus motivos para actuar así. En primer lugar, mostrar que no había ido a ese lugar a hablarle a los gentiles. En segundo lugar, deseaba que la mujer tuviera una fe más profunda. Como respuesta a sus discípulos, les declara que su misión era con Israel. La mujer, viendo peligrar sus esperanzas, se postra ante Jesús pidiendo ayuda. Ante eso, Jesús le explica su comportamiento. Es como si le dijera, “me has saludado como el Mesías de Israel, siendo gentil, pero como tal, no he sido enviado a los gentiles”. Compara la situación con la de una casa donde está la mesa puesta para los hijos, y los perrillos están alrededor. Entonces la mujer, en su desesperación de madre, encuentra un argumento que esgrimir ante Jesús. Reconoce que no tiene derecho a exigir nada de Él, pero le ruega que, lo mismo que hay migajas para los perrillos, le otorgue una migaja de su gracia. Jesús, una vez que ha conseguido lo que buscaba con su demora, le concede a la mujer lo que deseaba. Y también alaba su fe, reconociendo que ha llegado donde debía.

 Porque han visto mis ojos tu salvación,  

La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;  

Luz para revelación a los gentiles,

Y gloria de tu pueblo Israel.  Lc. 2:30-32.

 Estos versículos pertenecen al momento en que, durante la presentación de Jesús en el templo, el piadoso Simeón se presenta. Dios le da un rayo de su gracia, que le permite ver en un débil niño, al Mesías esperado. Esta gracia le permite profetizar sobre la llegada de una nueva era, en la que los gentiles juntamente con los judíos podrán tener acceso a Su salvación. Los gentiles ya no están excluidos de la gracia de Dios.

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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