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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(24ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (VII)
     

Los trabajadores

 

Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?

 El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.

También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos?

Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario. Lc. 3:12-14.

 

Cuando la gente acudía a Juan el Bautista, le preguntaban lo que debían hacer para demostrar su arrepentimiento. Además de dar instrucciones generales, se ocupa de dar reglas de comportamiento de acuerdo con la ocupación que poseían los arrepentidos.

A los recaudadores de impuestos les ordena que no exijan más de lo que legítimamente estaban obligados a pagar. Al hecho de efectuar un trabajo ya de por sí antipático para los israelitas, como era el de recaudar impuestos para los romanos, los publicanos sumaban el exigir más dinero del debido para apropiárselo. Eran un gremio muy corrupto, por lo que no faltan alusiones en los Evangelios a la animadversión que les tenían los judíos. Juan entonces les da la guía para demostrar que su actitud había cambiado, y actuar honestamente a los ojos de Dios.

Es una condena abierta para todos los que, estando en un cargo público, o en una posición de superioridad con respecto a otros, se aprovechan de su cargo para enriquecerse de una manera ilícita. Un corazón fiel a Dios se muestra con la honradez y la fidelidad en su trabajo.

A los soldados arrepentidos también les indica que deben conducirse de una forma diferente a como lo hacían sus compañeros habitualmente. Ellos, como los publicanos, también se aprovechaban de su posición para conseguir dinero ilícito. En su caso, utilizando el poder y la fuerza bruta. Hacían extorsión a la gente o calumniaban en falso para obtener dinero. Con frecuencia, sus jefes se veían obligados a hacerles regalos y donaciones fuera de la paga, para que no se amotinaran. Juan condena esta actitud, y les exhorta a respetar a sus mandos y cumplir con sus obligaciones sin exigir más de lo debido.

Estas exhortaciones se aplican a todos los que se encuentran alistados en el ejército o en cualquiera de los cuerpos de seguridad. No deben aprovecharse de su situación de poder para extorsionar al pueblo. Han de cumplir con sus obligaciones de vigilancia y seguridad contentándose con el salario que tengan asignado.

Los males que condenó Juan el Bautista corroen a muchos países y hacen infelices a sus ciudadanos: la corrupción y el abuso de poder. Estas son otras palabras más que podrían haberse escrito ayer mismo.

 

Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.  Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.

  Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.  1 P. 2:18-20.

 

Pedro da instrucciones a los cristianos que trabajaban en el servicio doméstico, siguiendo en la misma línea que Pablo, de respetar a las autoridades terrenales. Probablemente también incluye a los esclavos liberados (libertos) que quedaban sirviendo en casa de sus antiguos amos. Pedro no menciona a los amos como Pablo, porque no era común que hubiera cristianos que tuvieran sirvientes.

Los sirvientes cristianos eran a menudo perseguidos por los amos incrédulos. Pedro les recuerda que deben guardar a sus amos el respeto debido, y que el mal comportamiento de sus amos no les eximía de darles un buen servicio. Su fidelidad en el servicio procedía de su deseo de agradar a Dios, por lo tanto era independiente de las condiciones en las que fuera realizado.

No había ningún mérito en que por hacer mal su trabajo, sufrieran el castigo sin replicar. Pero si a pesar de estar haciendo lo correcto los amos incrédulos les hacían sufrir, y ellos perseveraban en hacer un buen trabajo, recibían de Dios la aprobación que no les daban sus amos terrenales. No ganaban mérito ante Dios por sus obras, como afirman los seguidores de la doctrina romana. Lo que ganaban es la alabanza de Dios, que estuviera contento con ellos.

Este texto debe ser de guía y ánimo para aquellos creyentes que tengan jefes o condiciones de trabajo difíciles. Las condiciones difíciles animan a seguir el ejemplo de Cristo (versículos 21 al 24), quien hizo lo justo en medio de las peores condiciones. Un trabajo llevado a cabo con fidelidad por amor a Dios, recibirá de Él la aprobación. Aunque no sea reconocido en la Tierra, recibe su reconocimiento en el Cielo.

 

Los discapacitados

 

Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.

Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?

Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.  Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.

Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Jn. 9:1-7.

 

Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.  2 Co. 12:7-9.

 

Es difícil encontrar textos del Nuevo Pacto que traten el tema de la discapacidad por sí misma. Porque en casi todos se menciona para decir a continuación que la persona fue sanada. Pero los que recojo dan principios importantes.

En el caso del ciego de nacimiento, los discípulos le preguntan una importante cuestión, si la ceguera había sobrevenido como consecuencia de pecados familiares. O que si, según una extraña creencia, pudiera haber sido culpa del mismo ciego. Jesús lo desmiente categóricamente. Es más, les declara que había nacido ciego para que las obras de Dios se manifestaran en él, y que es la luz del mundo. Para ratificar sus palabras, sana al ciego, hace que vea la luz, como un símbolo de la luz espiritual que trajo al mundo.

Lo primero que enseña este texto es a no culpabilizar a los discapacitados de su situación, o a sus familias, como lamentablemente hacen algunos hoy en día. La discapacidad  puede tener diversas causas, en el caso de una discapacidad de nacimiento, puede ser por problemas hereditarios, mala alimentación o enfermedad de la madre, problemas en el parto, etcétera. En todo caso, es una de las consecuencias que trajo la Caída, el Pecado, ambos con mayúscula. Jesús, como símbolo de que venía a destruir las obras del Pecado, sanaba a los discapacitados. En el caso del ciego, su discapacidad fue permitida por Dios para que la obra de Cristo se manifestara en su vida. Quizás si hubiera nacido sano no habría hecho caso de Jesús. Hay personas discapacitadas que pueden encontrarse en una situación similar, aunque no lleguen a ser sanadas. Su búsqueda de respuestas, de un fundamento estable para sus vidas, les puede llevar a acercarse a Dios.

El caso de Pablo ilustra otro de los casos que pueden darse, el de un creyente que contrae una enfermedad incapacitante. Muchos piensan que tenía problemas en la vista, como parece sugerir Gálatas 4:15. Fuera lo que fuera, le causaba problemas. Pablo, cuando buscó a Dios para resolverlo, recibió un no por respuesta, pero con una explicación. Dios le dijo que le bastara su gracia, porque su poder se perfeccionaba en la debilidad. Pablo entendió que Dios permitía su problema para que no se enorgulleciera, y aprendiera a depender de Dios, no de sus propias fuerzas.

Hoy en día hay muchos creyentes que se encuentran en el mismo caso de Pablo. Han contraído graves problemas, que no pueden atribuirse al deterioro de la edad. Para ellos, y para los creyentes que por cualquier causa han contraído una discapacidad, este texto les puede ser de ánimo. Cuando no hay sanidad, es porque hay un propósito de Dios escondido. Unas veces se podrá saber en esta Tierra, y otras no. En otras cartas también se mencionan las enfermedades de otros creyentes, lo que significa que no somos inmunes a las enfermedades. En todo caso, a lo que llama la situación de Pablo, es a confiar en Dios, aun en medio de las circunstancias más difíciles. Y a tener un espíritu benevolente con los creyentes enfermos y discapacitados.

 

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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