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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(22ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (V)
     

Los esclavos (I)

 

Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.

 Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.  Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu:

Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora. Hch. 16:16-18.

 

Esta historia relata la triste condición de una muchacha que había caído en una doble esclavitud. Por un lado era esclava de sus amos, y por otro de un espíritu diabólico. Cuando Pablo y sus acompañantes iban al lugar destinado a la oración, esta muchacha les salía al encuentro, hasta que Pablo deseó acabar con esa función del enemigo. Se apiadó de la joven, y la liberó del espíritu, sin importarle lo que pensaran sus amos. Actuó en favor de esta muchacha que no solamente carecía de quien se apiadara de ella, sino que además era víctima de la mayor de las esclavitudes. El espíritu del Evangelio es un espíritu liberador y que denuncia las injusticias.

 

¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. 1Co. 7:21-23.

 

La esclavitud es contraria al espíritu del Evangelio, y no era un estado deseable. Tanto el Antiguo como el Nuevo Pacto condenan a los traficantes de esclavos (Lv. 25:42; 1 Ti. 1:10). Pero los apóstoles también promovían el respeto a las autoridades terrenales. Debido a ello, este y los pasajes siguientes, tienen un doble propósito. Por un lado, consolar y animar a los creyentes esclavos. Por otro, enseñarles como vivir el Evangelio dentro de la esclavitud, y mostrar a los libres como debían ser las relaciones con los esclavos.

Este primer pasaje contiene palabras de gran consuelo para los creyentes esclavos. No debían afanarse ni angustiarse por su condición de esclavos. Si tenían la ocasión de hacerse libres no debían desaprovechar la oportunidad. Pero si no era posible salir de la esclavitud terrenal, les recuerda que habían recibido la libertad espiritual, que era más importante. Cristo les había librado del pecado, de la muerte, y de la maldición de la ley. A los libres, les recuerda que se han sometido como siervos de Cristo, al haber aceptado su yugo, así que ellos también se encontraban bajo un Amo.

Esta última reflexión le lleva al apóstol a la siguiente. Cristo, como Amo celestial, había pagado un gran precio por todos ellos, tanto libres como esclavos. Tanto los libres como los esclavos solamente a Él le debían fidelidad espiritual absoluta. Muchos de los problemas que había en Corinto se habían originado por dejarse llevar servilmente por los líderes de diferentes facciones (1 Co. 3:21-23). Así que Pablo les muestra lo equivocado de su actitud. Y este es un principio que una vez tras otra hasta nuestros días no ha dejado de mostrar su acierto. Cuando los líderes, tanto terrenales como espirituales, exigen un servilismo absoluto, atraen todos los males a los que se les someten y al área de su influencia.

 

Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.

 Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas. Ef. 6:5-9.

 

Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas. Col. 3:22-25.

 

En estas instrucciones sobre amos y esclavos, Pablo comienza, como consuelo para los esclavos, diciéndoles que sus amos son terrenales. Llegará un día en el que serán libres en la presencia de Cristo, su Amo celestial. Por lo tanto, lo lógico es que se preparen para su encuentro. Su condición de esclavos no les impedía servir al Señor, más bien les daba ocasión para hacerlo. La forma de hacerlo era llevar a cabo su servicio con el mismo amor y respeto como si lo hicieran para Cristo mismo. No limitándose a efectuar sus tareas solamente cuando sus amos estaban pendientes de ellos, sino haciendo su trabajo de buena voluntad, como si lo hicieran para el Señor. Así, cuando llegaran a su presencia, el Señor les daría el premio por sus servicios, aunque no hubieran sido reconocidos por sus amos. Esto valía lo mismo tanto para libres como para esclavos.

A los amos creyentes, les muestra que no debían ser como los amos incrédulos, que conseguían obediencia a base de amenazas. Ya la ley de Moisés, como recogí en el apartado correspondiente, decía que los siervos hebreos debían recibir buen trato, y que los demás esclavos no podían ser tratados como simples objetos. Cuanto más ahora, en que se daba el caso de que tanto amos como  esclavos fueran creyentes, debían tratarles con consideración. Ahora eran hermanos en la fe, y tenían un mismo Amo celestial. A Él deberían darle cuentas de lo que hicieran en la Tierra, lo mismo amos como esclavos. Ante Dios son todos iguales. El que hiciera el bien, no dejaría de recibir la recompensa por ser esclavo. Y el que en esta vida era libre, recibiría el castigo si obraba injustamente.

 

Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina.  Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta.  1 Ti. 6:1, 2.

 

En esta epístola, Pablo le recuerda a Timoteo, de una forma resumida, sus enseñanzas sobre como debe ser el comportamiento de los creyentes esclavos. En estos dos versículos presenta los dos casos que ya he comentado que podían darse, el de esclavos creyentes con amos paganos, y el de que tanto amos como esclavos fueran creyentes. A los primeros, les previene contra la tentación de sentirse superiores a sus amos porque éstos últimos fueran paganos. Al contrario, les exhorta a tratarles con el debido respeto, para no dar ocasión a que se hablara mal del Evangelio. Porque si sus amos conocían su fe, podían recibir un mal testimonio si ellos les prestaban un mal servicio. A los segundos, a los que por estar en una situación mejor, no la llama yugo, como a los primeros, también les advierte contra los fallos en los que podían caer. Por ser sus amos creyentes, y por lo tanto hermanos en la fe, podían verse tentados a no guardarles el respeto debido y a descuidar sus obligaciones. Pablo argumenta contra estos comportamientos. Por ser sus amos creyentes, su servicio a ellos debe ser mejor, y llevado a cabo de buena voluntad, porque quienes se benefician de él son creyentes y amados. Si sus amos fueran incrédulos, como los primeros, tendrían que resignarse a que el beneficio de su trabajo fuera para los paganos. Aunque, por ser estas instrucciones un breve compendio de la línea a seguir en el tema de los esclavos, omiten los consuelos de los otros textos ya citados, no faltan ánimos para ellos. Sus servicios no son gratuitos ni inútiles, pues son motivados por el amor o el buen testimonio del Evangelio. Esto no dejaría de confortar los corazones de los creyentes esclavos. Por último Pablo manda a Timoteo que dé estas instrucciones con autoridad, ratificando así sus enseñanzas anteriores.

 

Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.  Tito 2:9, 10.

 

En esta breve nota sobre la esclavitud que Pablo da a Tito, se reafirma en su línea anterior. Los esclavos creyentes deben dar a sus amos el debido respeto, y darles un buen servicio. Su posición privilegiada desde el punto de vista espiritual, no les eximía de sus deberes terrenales. Al contrario, su condición de creyentes les debía mover a dar un servicio mejor, no replicando, ni apropiándose de lo que no era suyo, sino mostrando la mayor fidelidad. Haciendo esto, adornarían la doctrina del Evangelio ante sus amos, es decir, les darían un buen testimonio. Aunque en su tiempo fueran considerados iguales a las bestias de carga, su trabajo era de gran valor si era llevado a cabo por amor al Señor, incluso beneficioso para el Evangelio. Estas palabras de Pablo también serían de gran consuelo para los creyentes esclavos.

 

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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