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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(21ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (IV)
     

Las viudas (II)

 

En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.

 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron:

No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.

Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.  Hch. 6:1-3.

 

La primera iglesia, que no hay que olvidar que era judía, siguió la línea del Antiguo Pacto de socorrer a las viudas, que Jesús había avalado durante su ministerio terrenal. Pero esto fue ocasión del primer problema. Los judíos estaban divididos en dos grupos, los naturales de Israel, y los de las provincias, de habla griega, que eran menospreciados por los primeros. Al hacerse la distribución, los encargados se afanaron por atender a los del grupo al que pertenecían. Esto ocasionó que hubiera problemas en el reparto. Los apóstoles, como máxima autoridad de la iglesia, se apresuraron a resolver el problema. Socorrer a los pobres y necesitados era algo esencial como muestra de su fe y del amor de Dios. Por lo tanto, lo que hacía falta era mejorar la distribución diaria. Para ello, debían designarse creyentes competentes, que dieran muestras de fe y buen testimonio. Así lo hicieron, y el problema se solucionó. Como se verá en los textos siguientes, de ahí en adelante la iglesia continuó en la línea de socorrer a los pobres y necesitados, entre los que se contaban las viudas. Los requisitos para llevar a cabo esta obra, lo mismo que entonces, son usar personas sabias y de buen testimonio.

 

Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía.   Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle:

No tardes en venir a nosotros.

Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo:

Tabita, levántate.

Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. Hch. 9:36-41.

 

Esta porción de Hechos vuelve a dar ejemplo de la preocupación por las viudas y necesitados de los primeros cristianos. El tema principal es la muerte y resurrección de Tabita. Pero no se le puede separar de la fe hecha visible de esta piadosa cristiana. Esta creyente mostraba una especial sensibilidad para con los necesitados, era una continuadora de la obra de los primeros siete diáconos, ya mencionados. Era ejemplo y pilar de la iglesia de Jope en la ayuda social. Su fallecimiento sumió a la iglesia de Jope en tal tristeza, que sabiendo que Pedro estaba cerca, le rogaron que acudiera. Quizá solamente buscaban consuelo espiritual ante su pérdida. El panorama que se encontró Pedro fue el llanto y la tristeza de las viudas por la pérdida de su benefactora. Pedro, sin duda guiado por el Espíritu Santo, sintió que no había venido solamente a dar palabras consoladoras. Oró por Tabita, y volvió a la vida. Y la devolvió viva a la iglesia y a las viudas desconsoladas. ¡Qué mujer más notable! Tanto era su amor hacia las viudas y necesitados, que le fue concedido continuar con su obra, cuando aparentemente sólo se podía llorar su pérdida.

 

No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.

Honra a las viudas que en verdad lo son. Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios.

Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta.

 Manda también estas cosas, para que sean irreprensibles; porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.

Sea puesta en la lista sólo la viuda no menor de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra.

Pero viudas más jóvenes no admitas; porque cuando, impulsadas por sus deseos, se rebelan contra Cristo, quieren casarse, incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.

Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia.  Porque ya algunas se han apartado en pos de Satanás.

Si algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas. 1 Ti. 5:1-16.

 

Este es el texto del Nuevo Pacto que da unas instrucciones más detalladas acerca de las viudas. Esta sección se inicia con las instrucciones de Pablo a Timoteo sobre como debe ser su trato a los diferentes tipos de personas que había en la iglesia. A continuación, como algo natural, sigue con las viudas.

La complejidad del tema y su desarrollo posterior a la iglesia de Jerusalén hacen necesario que Timoteo reciba una guía detallada. Pablo sigue en la línea dada por el Antiguo Pacto, como ya he comentado que hicieron los primeros cristianos. Hay que recordar que en esos tiempos no había un sistema de pensiones, con lo que la situación de las viudas era con frecuencia bastante difícil. En primer lugar, recuerda que los primeros responsables de las viudas son sus familiares, en especial sus descendientes directos. Porque si hubiera creyentes que cerraran los ojos a la necesidad de su propia familia, sería una muestra de impiedad tan grave que equivaldría a negar la fe.

Pero la lista de viudas llegó a ser tan grande que fue necesario poner unos requisitos muy estrictos para tener derecho a estar en ella, aparte de otros motivos que comentaré. Debían tener más de sesenta años, y haber dado muestras de una fe sincera, con un testimonio visible.

El primer motivo que da el apóstol para no admitir viudas más jóvenes, es que era mejor que volvieran a casarse, para no caer en la inmoralidad y otros feos vicios. Porque podían convertirse en ociosas, y volverse chismosas y entrometidas.

Termina las instrucciones sobre las viudas volviendo a reiterar que los creyentes deben hacerse cargo de las viudas de su familia, o de las que se hayan hecho cargo por otros motivos, quizás por amistad o caridad dentro de su entorno. Esto es todo lo que se dice habitualmente cuando se comenta este pasaje, pero hay algo más.

Cuando se habla de este texto, lo que solamente dicen los autores de comentarios bíblicos, es que otro de los motivos de ser tan exigentes y restrictivos en elegir a las viudas mantenidas por la iglesia, es que llegó a haber una orden de viudas presbíteras. Estas viudas mayores, eran auténticas pastoras de mujeres y de huérfanos. Se dice que Tabita, cuya historia he comentado, era una de ellas. Su fe demostrada y su experiencia personal las capacitaban para dar consuelo y acompañamiento a las mujeres que habían sufrido pérdidas y a sus hijos. También podían ser excelentes consejeras para las mujeres jóvenes. Era una orden diferente de las diaconisas, pues sobre ambos ministerios hay instrucciones separadas en los escritos de los primeros cristianos. Las que eran admitidas al presbiterio femenino adquirían gran dignidad, pero también se les exigía mucho. Su dedicación a esta labor debía ser completa, y no debían volver a casarse. Esta lista de viudas no era pues simplemente una lista de mujeres necesitadas. Era también la entrada a un ministerio de gran dignidad, y de gran responsabilidad y dedicación.

Los principios que emanan de este pasaje no pueden ser entonces más actuales. En primer lugar, enseña la responsabilidad hacia las viudas y otras personas necesitadas del entorno familiar. Cuando no hay apoyo familiar, se hace necesaria la solidaridad fraternal de la iglesia. En segundo lugar, que el estado de viuda puede ser una puerta abierta a nuevos ministerios, bien sea la oración, o al ministerio a otras mujeres. Este texto no es pues simplemente un llamado a la caridad cristiana. También es un auténtico llamado a las mujeres a ir más allá de sus problemas personales, y dejarse usar por Dios en las tareas a las que las llame.

 

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. Stg. 1:27.

Santiago, con sus ardientes llamados a tener una fe visible, con frecuencia no ha sido comprendido, y se ha discutido sobre sus enseñanzas. Pero el resumen de su enseñanza es que si hay fe, ésta tiene que ser visible. Es algo notable que afirme que las evidencias de santidad por sí solas no bastan si no se dan muestras de amor hacia el prójimo. Las mayores muestras de amor son ocuparse de quienes estaban en la situación más desprotegida: los huérfanos y las viudas.

Más principios actuales para los creyentes de hoy. La fe debe ser visible, y no se demuestra simplemente con una conducta intachable. También debe ser acompañada por muestras de amor hacia el prójimo. Si, mientras se afirma tener mucha fe, y se pretende cultivar asistiendo con regularidad a cultos y enseñanzas, se deja sin atención a las personas que han sufrido pérdidas, ¿qué clase de fe es esa? Mejor no pensar en lo que diría Santiago.

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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