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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(2ª Parte)

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

I: EL ANTIGUO TESTAMENTO

 LA LEY

 

Los esclavos (a)

Al tratar el tema de la esclavitud, es necesario recordar algunas palabras que dije en el prólogo. Cuando el hombre se apartó de Dios, llegó la injusticia. Entre todas las injusticias que surgieron, una fue que los hombres se creyeron en el derecho de esclavizar a otros hombres. Para cuando Dios empezó a revelar su Palabra, ya era una institución plenamente establecida. Aparece en todas las sociedades antiguas, como uno de sus elementos fundamentales. Recuérdese el motivo del Éxodo, que los israelitas fueron convertidos en esclavos por los egipcios.

Existían varias formas de conseguir esclavos:  

  1. Tomándolos prisioneros en las guerras (Nm. 31:9; 2 R. 5:2).

  2. Comprándolos a un traficante de esclavos (Gn. 17:27; 37:28, 36; Ez. 27:13;  Jl. 3:6, 8).

  3. Al nacer en la casa del amo (Gn. 17:12).

  4. Al ser incapaz de afrontar los gastos derivados de un delito, o de otras deudas. Si el ladrón no podía devolver lo que había robado, era vendido como esclavo. También, a pesar de las normativas de la Ley, los deudores insolventes o sus hijos podían ser vendidos (Éx. 22:3; 2 R. 4:1; Neh. 5:5, 8; Am. 2:6; Mt. 18:25).

  5. Los israelitas pobres se podían vender voluntariamente a sí mismos o a sus hijos, como se verá en este apartado. 

La esclavitud no fue prohibida en la Ley, pero fue regulada para que la situación de los esclavos fuera lo más humana posible. Su situación en la sociedad hebrea fue mucho mejor que la que poseían en las sociedades paganas de su entorno, y de la que tendrían posteriormente en las sociedades griega y romana. En Israel no hubo mercados de esclavos. Su economía y su sociedad tampoco estuvieron basadas en la esclavitud, como lo fueron otras sociedades paganas, y como llegaron a serlo las de Grecia y Roma. 

Si tu hermano empobrece estando contigo, y se vende a ti, no lo harás servir como esclavo. Como criado, como extranjero estará contigo; hasta el año del jubileo te servirá. Entonces saldrá libre de tu casa junto con sus hijos, volverá a su familia y regresará a la posesión de sus padres, porque son mis siervos, los cuales saqué yo de la tierra de Egipto: no serán vendidos a manera de esclavos. No te enseñorearás de él con dureza, sino tendrás temor de tu Dios.

Los esclavos y las esclavas que tengas serán de las gentes que están a vuestro alrededor; de ellos podréis comprar esclavos y esclavas. También podréis comprar esclavos de entre los hijos y familiares de los forasteros que han nacido en vuestra tierra y viven en medio de vosotros, los cuales podrán ser de vuestra propiedad. Los podréis dejar en herencia a vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria. Para siempre os serviréis de ellos, pero sobre vuestros hermanos, los hijos de Israel, no os enseñorearéis; nadie tratará a su hermano con dureza.

Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriquece, y tu hermano que está junto a él empobrece y se vende al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero, después que se haya vendido podrá ser rescatado. Uno de sus hermanos lo rescatará, o su tío o el hijo de su tío lo rescatará, o un pariente cercano de su familia lo rescatará o, si sus medios alcanzan, él mismo se rescatará. Contará junto con el que lo compró, desde el año en que se vendió a él hasta el año del jubileo; y el precio de la venta ha de apreciarse conforme al número de los años, y se contará el tiempo que estuvo con él conforme al tiempo de un criado asalariado. Si faltan aún muchos años, conforme a ellos devolverá para su rescate parte del dinero por el cual se vendió. Y si queda poco tiempo hasta el año del jubileo, entonces hará un cálculo con él, y devolverá su rescate conforme a los años que falten. Como a un asalariado contratado anualmente se le tratará. No se enseñoreará sobre él con rigor ante tus ojos.

Si no se rescata en esos años, en el año del jubileo quedará libre él junto con sus hijos, porque los hijos de Israel son mis siervos; son siervos míos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto. Yo, Jehová, vuestro Dios. Si no se rescata en esos años, en el año del jubileo quedará libre él junto con sus hijos, porque los hijos de Israel son mis siervos; son siervos míos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto. Yo, Jehová, vuestro Dios. (Lv. 25:39-55). 

Este texto explica la normativa que habría de seguirse con los israelitas que por una situación de indigencia optaran por venderse voluntariamente, para tener garantizado su sustento, o para pagar sus deudas. La situación legal de un esclavo hebreo era completamente diferente a la de un esclavo extranjero. Después de seis años de servicio, podía recibir la libertad si lo deseaba. No estaba permitido hacerle sufrir malos tratos, ni se le podía despedir con las manos vacías. Tampoco se le podía vender a un tratante de esclavos o a extranjeros de paso, lo que significaría reducirlo para siempre a esclavitud. Si el israelita se vendía a un extranjero residente en Israel, podía ser liberado cuando dispusiera del dinero necesario para el rescate. Su familia tenía derecho a ejercer la opción del rescate, sin que el extranjero pudiera negarse. En el año del Jubileo todos los esclavos hebreos eran liberados, igual los que habían decidido permanecer con la familia a la que fueron vendidos, que los que todavía no llevaban seis años de servicio. Pues la Ley ordenaba que todos los israelitas volvieran  a sus propiedades en el año del Jubileo, como comentaré más adelante. Así, si por una sucesión de desgracias, un israelita primero se había visto obligado a vender sus propiedades, y luego a sí mismo, al llegar el Jubileo lo recuperaba todo, sus propiedades y su libertad. 

Estas son las leyes que les propondrás.

Si compras un siervo hebreo, seis años servirá, pero al séptimo saldrá libre, de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, su mujer saldrá con él. Si su amo le dio una mujer, y ella le dio hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Pero si el siervo dice: “Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre”, entonces su amo lo llevará ante los jueces, lo arrimará a la puerta o al poste, y le horadará la oreja con lesna. Así será su siervo para siempre. (Éx. 21:1-6). 

Este pasaje trata sobre algunos casos que podían darse con los esclavos hebreos. En primer lugar afirma lo que ya he comentado en el texto anterior, que los hebreos podían ser esclavos como máximo durante seis años. Si su mujer entró a servir con él, con él saldría igualmente. El otro caso, más delicado, podía darse en esos tiempos. Una esclava podía ser dada como esposa, lo que sucedió con Bilha y Zilpa, las siervas de Raquel y Lea, que fueron dadas como esposas a Jacob por éstas últimas. Pero mientras el siervo hebreo saldría libre, si su amo le dio como esposa a una sierva con otro estatuto, el amo podía retener a la sierva con sus hijos. El último caso es el de un israelita que deseara quedarse al servicio de su amo para siempre. Si un israelita consideraba que su situación económica al salir libre no mejoraría, y recibía buen trato por parte de su amo y su familia, podía escoger quedarse para siempre con su amo. Los jueces debían certificar que el israelita escogía la esclavitud voluntariamente, y a continuación recibía la señal de que era esclavo (algo a lo que se alude en Salmos 40:6).  

Cuando alguien venda a su hija como sierva, ella no saldrá libre como suelen salir los siervos. Si no agrada a su señor, por lo cual no la tomó como esposa, se le permitirá que se rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la deseche. Pero si la desposa con su hijo, hará con ella según se acostumbra con las hijas. Si toma para él otra mujer, no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal. Y si ninguna de estas tres cosas le provee, ella saldrá de gracia, sin dinero. (Éx. 21:7-11).

Este pasaje habla sobre el estatuto particular de las jóvenes hebreas que fueran vendidas como esclavas. Se reitera lo dicho con los esclavos hebreos, podían rescatarse antes de terminar su tiempo de servicio y no debían ser vendidas a extranjeros de paso o de fuera de Israel. Si el amo la tomaba como esposa, o la daba a su hijo como esposa, perdería su condición de esclava para ser considerada una esposa. Su marido tendría todas las obligaciones que ello conlleva, incluso en el caso de que tomara una segunda esposa. Si no se daban ninguno de estos casos, al finalizar su tiempo de servicio saldría libre, como los esclavos hebreos. Una sierva no podía ser mantenida en esclavitud por un amo que quisiera servirse de ella con la promesa de tomarla como esposa, pero que no cumpliera su palabra.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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