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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(19ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

  1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (II)
     

Promesas a los pobres

 

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

 El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

 A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles:

Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Lc. 4:16-21.

 

Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Lc. 6:20-21.

 

Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Stg. 2:5.

 

En el primer pasaje, Jesús llega al pueblo donde se había criado. En el culto del sábado, se le cede la palabra, esperando sus paisanos que presentara su ministerio. Jesús escoge una profecía sobre Él que se encuentra en Isaías 61:1-2. No una que hable de su gloria y victoria futuras, sino la que le presenta como siervo. La que le muestra como el que se acuerda de los pobres, los ciegos, los cautivos, los oprimidos. Él se acuerda de todos los que se encuentran en un estado de exclusión social o de sufrimiento, quiere darles esperanza y sanidad.

En el segundo texto, Jesús sigue en esta línea. Esta es otra versión de las bienaventuranzas que se encuentran en Mateo 5:1-12. Algunos opinan que las bienaventuranzas fueron recogidas con distintos matices por los evangelistas. Otros a los que sigo, piensan que Jesús las enseñó más de una vez, y las dijo con diferentes matices. En la versión de Mateo, se expresan en su versión más espiritual, dirigidas sobre todo a los creyentes. Pero la versión de Lucas presenta diferencias en los versículos que he recogido y en los siguientes (22-26). Muestra la sensibilidad que desde antiguo se encontraba en los escritos del Antiguo Pacto hacia los pobres y los excluidos. Aunque sean pobres materialmente, pueden ser ricos espiritualmente, y herederos de su reino, como dice Santiago. Porque las verdaderas riquezas son las espirituales, que las pueden tener todos los que creen en Él, sean pobres o ricos, y son las únicas que se pueden llevar a su reino. Les recuerda también que habrá un día en el que Dios acabará con la injusticia y la opresión, responsables de la pobreza y la exclusión social.

Al comentar las bienaventuranzas, los cristianos tendemos a optar por interpretaciones extremas, según nuestra confesión. O las queremos ver puramente espirituales, o queremos interpretar que el simple hecho de ser pobres abre las puertas del Cielo. Pero las bienaventuranzas deben ser vistas en conjunto, con las diferentes versiones que recogen Mateo y Lucas. Son un mensaje espiritual, un llamado a mirar hacia arriba, a las cosas de nuestro Padre. Pero también son un mensaje de esperanza para los que en este mundo sufren las consecuencias del pecado. Dios no se olvida de ellos, y les dice que poniendo su mirada en Él tendrán Su gozo y paz, las verdaderas riquezas, y que en la vida futura tendrán su parte en el reino de Dios, como dice Santiago.

 

Promesas a los que los socorren

 

Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Mr. 10:21.

 

Este versículo forma parte de una historia que hay que saber ver e interpretar en su conjunto. Habla de un joven rico con inquietudes espirituales, que fue a Jesús a pedirle instrucciones. Pero Jesús, que podía ver como nadie lo que había en el corazón de los hombres, vio que aunque este joven era de conducta irreprochable, las riquezas eran su ídolo. No podría entrar al reino de Dios si no se desprendía primero de ellas. Tristemente, el joven las prefirió a entrar al reino de Dios. Por lo tanto lo que enseña esta historia es a poner las riquezas en su verdadera perspectiva, a tenerlas en poca estima.

Para lo que son más útiles es para lo que recoge este versículo, para crear un tesoro en el cielo. Bienes y dinero se quedarán en esta Tierra, pero las riquezas espirituales se guardan en el cielo, donde no se pierden ni se roban.

 

Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos. Lc. 14:13, 14.

 

Una vez más Jesús da muestras de sensibilidad con los pobres y excluidos de este mundo. Habiendo sido invitado a un banquete, da una serie de enseñanzas que vienen a propósito. Entre ellas, hace un llamado al anfitrión a no acordarse solamente de sus amigos cuando celebre fiestas. No dice que sea malo cumplir con las personas de su entorno, sino que debe acordarse de quienes nadie se acuerda. Ellos no pueden premiarle por su generosidad, pero entonces será Dios mismo quien le dará su recompensa.

Hoy en día, de una forma indirecta, las iglesias procuran seguir este llamado por medio de la obra social, procurando que ninguna mesa esté vacía a la hora de comer. Y es algo bueno y hermoso, pero tengo que decir que eso no es todo lo que dicen las Escrituras al respecto. También hay que sacar a las personas de la exclusión social, del aislamiento. ¿En quién pensamos cuando hacemos nuestras actividades? ¿Llamamos siempre a los mismos mientras que hay otros de los que nadie se acuerda? ¿Pueden participar solamente los que tienen coche o están en una buena situación social? Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa, estamos andando mal y urge un cambio en nuestra forma de vivir y en nuestras actividades sociales.

 

Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.

Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lc. 19:8-10.

 

Estos versículos forman parte de la bella historia de Zaqueo. Zaqueo era un jefe de los publicanos. Es decir, él era un publicano jefe de otros publicanos. Los publicanos eran los encargados por los romanos de recoger los impuestos. Por si esto no fuera suficiente para sus paisanos, además se caracterizaban por su rapacidad, y por sus abusos. Eran de lo peor de la sociedad para los judíos, y con razón.

Pero Zaqueo fue impactado por Jesús, y quiso dejar su antigua vida. Quiso mostrarlo de la forma más evidente posible. Si había denuncia, la ley romana exigía dar cuatro veces lo que se había defraudado. La ley judía, el valor de lo defraudado más la quinta parte como compensación (Números 5:7). Pero él se impone como pena por su mala vida, ir más allá de estas disposiciones, a las que oficialmente no estaba obligado al no existir denuncia. Dará la máxima compensación a los que haya defraudado. Además, entregará la mitad de sus bienes a los pobres. Antes de que Jesús afirmara que la salvación había venido a su casa, estaba obrando en su corazón. Él, que solamente pensaba en sí mismo y en sus riquezas, casi lo primero que hace es acordarse de los que no tienen nada. De ir en una dirección, va a la otra opuesta. Es también el polo opuesto del joven rico. Usa sus riquezas de una forma justa y generosa para poder entrar en el reino de Dios.

Entonces Jesús le confirma que su antigua vida ha quedado atrás para siempre. La salvación ha entrado a su casa y por eso Él ha tomado la iniciativa (v. 5). Ya no es un hombre pecador, sino un hijo de Abraham con todo derecho. Una vez más, la fe se muestra por el cuidado de los necesitados.

Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia,  para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. 2 Co. 9:10, 11.

 

Aunque esta porción ya la he recogido más arriba dentro de todo el capítulo, he creído necesario repetirla. Pues este apartado recuerda en concreto las promesas a quienes se acuerden de los necesitados. Una vez comentados los posibles problemas del pasaje, lo que queda es hablar de lo positivo. Quienes se acuerden de los necesitados, entrarán dentro de la economía del reino. Esta no consiste en recibir unas riquezas desmesuradas. Su norma general es tener lo suficiente para cubrir las necesidades, más otro poco más para poder seguir compartiendo con quienes menos tienen. Esta es la verdadera economía del reino de Dios.

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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