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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(18ª Parte)


Mª Auxiliadora Pacheco Morente

II: EL NUEVO TESTAMENTO

Con el Nuevo Testamento, al que sería más apropiado llamar Nuevo Pacto, se abre una nueva etapa para la Humanidad. Llega el Salvador prometido desde antiguo (Mt. 1:21), y sus seguidores extienden las Buenas Nuevas por todo el mundo. El tema principal de esta parte de las Escrituras es pues la llegada del Salvador y sus implicaciones teológicas (Jn. 3:16). Pero muchas veces la salvación se encuentra en su camino con una humanidad doliente y necesitada. Además, la fe y la convivencia con creyentes y no creyentes desfavorecidos tanto desde el punto de vista económico como social, exigían muchas veces instrucciones prácticas. Las instrucciones no son excesivamente numerosas, porque tienen su último fundamento en la ley de Moisés y otros escritos del Antiguo Pacto, que recogí en la sección anterior. Por ello he preferido agrupar todos los pasajes referidos a la justicia social bajo un único apartado, junto con los hechos prácticos recogidos por los escritores sagrados. Pero son textos que poseen un gran valor. Hay palabras y hechos de Jesús referidos a esta parte de la humanidad, que mostraban el camino a seguir a sus discípulos.  El resto de los textos son casi exclusivamente instrucciones de los apóstoles, y los hechos prácticos de los creyentes en general al afrontar su fe las necesidades materiales y espirituales de los menos favorecidos.

 

1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos, los trabajadores, los discapacitados y los extranjeros (I)

 

Denuncia de su opresión y menosprecio

 

Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?

Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?

Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. Stg. 2:1-9.

 

Santiago denuncia aquí enérgicamente un caso práctico que podía darse en las primeras asambleas cristianas, por contaminación de malas costumbres procedentes de la sinagoga. Pues en las sinagogas de aquel tiempo, de donde procedían muchos de los primeros cristianos, y donde continuaban asistiendo cuando era posible, habían adquirido una fea costumbre. La gente se sentaba de acuerdo con su rango y se agrupaban por oficios. El resultado es que los pobres se veían relegados a los peores sitios o incluso podían acabar sentados en el suelo. Santiago pues les previene contra esta forma de obrar, exponiendo para ello los argumentos más enérgicos.

En primer lugar, les recuerda que la salvación que Dios otorga es universal junto con todos sus privilegios. Nadie es mayor que otro en el reino de Dios. Las verdaderas riquezas son espirituales, y Dios las reparte por igual a ricos y pobres.

En segundo lugar, les recuerda hechos ya tratados extensamente por los profetas, como los ricos usaban su poder para oprimir a los más débiles con tal de sacar provecho. Además, los ricos paganos blasfemaban sin ningún recato contra su fe.

En tercer lugar, les muestra que al obrar así atentaban contra lo ordenado en las Escrituras, desobedeciendo a Dios. Se otorgaban a sí mismos el derecho a juzgar sobre algo de lo que ya Dios había hablado.

Las implicaciones para hoy son bastante prácticas. No hay lugar para los privilegios en el pueblo de Dios. Dios mira igual al pobre que al rico. Nadie debe ser avergonzado por su nivel económico, ni por el lugar en donde viva. Obrar de otro modo es contrario al Evangelio y crear una falsa iglesia de gente en buena situación económica donde no hay lugar para los menos favorecidos.

 

Exhortaciones a defenderlos y socorrerlos

 

Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos?

Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.  Lc. 3:10-11.

 

La gente le pregunta a Juan el Bautista qué deberían hacer para mostrar su arrepentimiento. Entonces Juan les dice lo que, a su entender, serían las mayores muestras de que querían emprender una nueva vida. No les dice que vayan al templo o que se dediquen a estudiar las Escrituras. En su tiempo había mucha gente que hacía todo eso, pero hipócritamente, y  su corazón estaba lejos de Dios. Juan les dice pues que para demostrar su arrepentimiento han de olvidarse de la avaricia, al parecer muy extendida en la sociedad de esa época, y tener un corazón generoso con su prójimo necesitado. El principio que dicta no ha caducado. No podemos decir que amamos a Dios, si a nuestro lado hay personas con hambre o necesidad, y no hacemos nada para socorrerlas.

 

Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales. Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.  Ro. 15:25-28.

 

 Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba;   pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayoría.

Pero he enviado a los hermanos, para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para que como lo he dicho, estéis preparados;  no sea que si vinieren conmigo algunos macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza.

Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito:

Repartió, dio a los pobres;

Su justicia permanece para siempre.

Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia,  para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.

Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros.   ¡Gracias a Dios por su don inefable! 2 Co. 9:1-15.

 

Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.  Gá. 2:10.

 

Estos pasajes de Romanos y Corintios muestran la forma en que fueron llevadas a la práctica las instrucciones recibidas por el apóstol Pablo (Gá. 2:10). Pablo había recibido instrucciones expresas en Jerusalén de socorrer a los pobres, que a su vez transmitió a los convertidos de entre los gentiles. Los apóstoles habían aprendido el espíritu de la ley y la compasión de Jesús respecto a los menos favorecidos, por ello tuvieron buen cuidado de enseñarlos a todos los creyentes.

Ante la necesidad de los creyentes judíos, Pablo ve la necesidad de levantar una ofrenda a su favor entre los convertidos gentiles. Por ello usa los argumentos más convincentes para  moverlos a ser generosos, él que siempre defendió una fe práctica y visible.

A los romanos y corintios les muestra el ejemplo de Macedonia y Acaya, que han participado con generosidad en la ofrenda. A los romanos les muestra que su ofrenda no es un regalo que ellos hacen, sino una manera de agradecer los dones espirituales que habían recibido primero de los judíos (Jesús, las Escrituras, la fe).

En las palabras que dirige a los corintios se ven algunos detalles de como esta ofrenda se realizó entre ellos. Primero les envió unos mensajeros para que la ofrenda estuviera preparada cuando Pablo llegara, muy probablemente en compañía de otros creyentes. A continuación se recogen todas las exhortaciones que les dirige para participar, usando tanto su autoridad espiritual como sus conocimientos de las Escrituras. Como su padre espiritual, quiere que le dejen en buen lugar, y que ellos no tengan que avergonzarse si la ofrenda no estuviera lista a su llegada.

Les dice que serán bendecidos de acuerdo con su generosidad, tanto material como espiritualmente. Dios hará que continúen teniendo lo suficiente, no solamente para ellos mismos, sino además para socorrer a otros. Obrando así, continúan el ejemplo de las Escrituras, de las que les cita el salmo 112:9. Además, serán bendecidos por las oraciones y acciones de gracias a su favor que levanten los creyentes favorecidos por su generosidad. La alabanza final de Pablo es también la exhortación más grande a ser generosos. Dios les dio lo máximo que podía darles: a su propio Hijo. Ante ello, ¿qué es la ofrenda que podemos darle?

Este pasaje de Corintios es pues una de las más bellas exhortaciones de las Escrituras a la solidaridad con los necesitados, en especial cuando son otros creyentes los que se encuentran en necesidad. A lo largo de todas las épocas hasta nuestros días, no han faltado creyentes que han buscado llevarlo a la práctica con diligencia. Porque no cabe ninguna duda sobre que el Nuevo Pacto sigue el espíritu del Antiguo en lo referente a los necesitados. Solamente lo adapta a las nuevas situaciones, como se ve en estos pasajes y en otros que comentaré más adelante.

Tristemente, en nuestros días no faltan tampoco quienes lo interpretan en su propio provecho. Pero está bastante claro que Pablo y los demás apóstoles recogían dinero para los necesitados, no para ellos mismos. A Pablo siempre se le ve rodeado de otros creyentes, que además de ayudarle, podrían denunciar su conducta si hubiera intentado apropiarse del dinero. No hay pues ninguna excusa para que cualquier falso ministerio use estos pasajes en su propio provecho. En cambio, a lo que animan es que, al igual que Pablo, los que se dediquen a la obra social, estén rodeados de un equipo de gente de confianza que lleven el control de las finanzas.

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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