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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(17ª Parte)

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

I: EL ANTIGUO TESTAMENTO

4. LOS PROFETAS (III)

2. La justicia


Propia de Dios

Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;  sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Is. 11:3, 4.

 

En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra. Jer. 33:15-16. 

 

Estos textos se encuadran dentro de dos profecías sobre el reinado futuro del Mesías. Habla de como es la justicia de Dios en la persona del Mesías, y la forma en que la practicará. El Mesías sabrá juzgar primeramente sobre los asuntos espirituales, en quien sirve a Dios verdaderamente y quien sólo lo aparenta. En los asuntos materiales, se mostrará como un juez justo. No juzgará a la ligera sobre lo que se vea con los ojos a primera vista, ni sobre lo que se oiga en el juicio, porque sabrá descubrir la verdad aunque las apariencias puedan velarla. Por ello, cuando llegue a una Tierra dominada por la corrupción y la maldad, los pobres oprimidos y los mansos piadosos recibirán justicia.  Hará recaer sus juicios sobre los malvados y los opresores, y nunca más podrán hacer sufrir a los más débiles. La justicia de Dios será la que reine en la Tierra.

 

Denuncia de los juicios injustos

 

¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos! ¿Y qué haréis en el día del castigo? ¿A quién os acogeréis para que os ayude, cuando venga de lejos el asolamiento? ¿En dónde dejaréis vuestra gloria? Is. 10:1-3.

 

Las armas del tramposo son malas; trama intrigas inicuas para enredar a los simples con palabras mentirosas, y para hablar en juicio contra el pobre.  Is. 32:7.

 

Isaías lanza una fuerte condena contra los magistrados y poderosos malvados. Había jueces y magistrados, que en lugar de dictar leyes justas y hacer juicios justos, pervertían la justicia por dinero. Sus acciones eran todavía más condenables por ir en contra de los más desfavorecidos, “los afligidos del pueblo”: pobres, viudas y huérfanos. Los poderosos malvados se unían a ellos sin el menor recato para aumentar sus riquezas. Ponían denuncias injustas contra los pobres para despojarles de sus bienes. Pero Dios estaba mirando cuando se cometían esas acciones, y les advierte de que el mal que ellos hicieron, lo hará recaer sobre su propia cabeza. Algo que debe recordarse en los tribunales de justicia.

 

Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿No castigaré esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se vengará mi alma?  Jer. 5:28, 29.

 

Jeremías denuncia la actitud de los jueces y poderosos. Su maldad sobrepasaba la de los gentiles. Mientras ellos vivían una vida de abundancia, los pobres sufrían. Eran indiferentes a las necesidades de los más desfavorecidos. Podían haber aliviado su situación actuando en su defensa, pero ellos sólo pensaban en enriquecerse y en sus propios placeres. Por todo ello, Dios les enviaría su castigo.

Las advertencias que Dios hace en Su Palabra a los que oprimen al prójimo, especialmente a los más necesitados, son muy severas, y nadie debería ignorarlas. El juicio por tales obras vendrá, si no en esta vida, en la venidera.

 

Porque yo sé de vuestras muchas rebeliones, y de vuestros grandes pecados; sé que  afligís al justo, y recibís cohecho, y en los tribunales hacéis perder su causa a los pobres.  Am. 5:12.

 

Amós lanza severas advertencias a sus contemporáneos. Vivían pecando y apartándose de Dios. Como resultado, una vez más, los que se encontraban en una situación de inferioridad respecto a los príncipes y magistrados, eran oprimidos. Los jueces, a cambio de cohecho, hacían ganar las causas a los ricos despojando a los pobres e inocentes. Pero Dios les estaba mirando, y cada vez que se repetían estos hechos, manifestaba su desagrado por medio de los profetas. Aunque por un tiempo parezca que no sucede nada, quienes obran así acaban por recibir el castigo.

 

Exhortación a juzgar justamente

 

Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano.  Zac. 7:9, 10.

 

Estaría mejor traducido “así dice”, como ya hacen otras versiones. Pues, como he dicho más arriba, aunque esta porción de Zacarías recoge las palabras que el Señor dijo antes de la deportación de Babilonia, contiene mandatos de plena vigencia. Dentro de cumplir con los mandatos del Señor para andar en santidad, se encuentra el juzgar con verdadera justicia. Es decir, no de una forma arbitraria, no favoreciendo a los ricos y poderosos que estuvieran en situación de poder sobornar a los jueces (hacer cohecho). No efectuar ni tampoco admitir denuncias falsas contra alguien por enemistad o venganza. Al contrario, mostrar un espíritu compasivo con el prójimo. Todos estos son mandatos de plena actualidad.  

 

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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