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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(15ª Parte)

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

I: EL ANTIGUO TESTAMENTO

4. LOS PROFETAS (I)


Un profeta es aquel a quien Dios reviste de Su autoridad para que comunique Su voluntad a los hombres y los instruya. Dios prometió que Él levantaría de entre el pueblo elegido a hombres inspirados, capaces de decir con autoridad la totalidad de lo que Él les ordenaría exponer (Dt. 18:18, 19). Moisés es el modelo de todos los profetas que lo siguieron, en cuanto a la unción, doctrina, actitud en cuanto a la ley y la enseñanza.

Los libros de los profetas que se encuentran dentro del canon de las Escrituras, son la continuación del ministerio profético después de Moisés. Ellos denunciaban los pecados del pueblo y el abandono de la ley, además de predecir acontecimientos futuros. Muchas veces se enseña en las iglesias sobre los profetas en relación a las profecías ya cumplidas o por cumplirse. Pero no se debe perder de vista que los profetas eran sobre todo portavoces de la justicia divina. Dentro de la justicia divina, como ya he expuesto en los apartados anteriores, estaba el cuidado de los más débiles en la escala social. Cuando se faltaba a la justicia con los más necesitados, los profetas alzaban su voz para denunciarlo. De ello trata este apartado.


1. Los pobres, las viudas, los huérfanos, los esclavos y los extranjeros (I)

 

Denuncia de su opresión y menosprecio

 

Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.  Is. 1:23.

 

Jehová vendrá a juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.   ¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo y moléis las caras de los pobres? dice el Señor, Jehová de los ejércitos. Is. 3:14, 15.

 

Porque el ruin hablará ruindades, y su corazón fabricará iniquidad, para cometer impiedad y para hablar escarnio contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento. Is. 32:6.

 

Isaías es uno de los profetas más conocidos, por tener algunas de las profecías más importantes relativas al Mesías, muchas de las cuales se cumplieron en Jesús durante su vida terrenal. Pero este hecho no debe hacer perder de vista el resto de su ministerio profético, en el que actuaba como portavoz de la justicia divina.

El comienzo de su libro habla del estado penoso en el que se encontraba la nación desde el punto de vista espiritual, que se refleja en su vida política y social. Todo el capítulo 1 va desgranando las miserias espirituales de sus contemporáneos, con una referencia especial a los jueces y gobernantes. Ellos deberían gobernar de una manera equitativa y emitir juicios justos en los tribunales. Pero en lugar de ello, son una pandilla de corruptos. Son rebeldes y amigos de los ladrones. Sus juicios y acciones de gobierno dependen de regalos y sobornos, en lugar de la justicia divina, con lo que los más ricos se verían favorecidos. Los más débiles, por no poder recurrir a esos medios para llamar su atención, eran ignorados, algo que el Señor aborrece especialmente.

El capítulo 3 vuelve a denunciar este modo de actuar de los jueces y gobernantes. La viña simbolizaba a Israel (Is. 5:1-7; Sal. 80:9-13). Ellos lo han devorado con impuestos injustos y excesivos. En sus casas está lo que le han quitado a los pobres. Ellos “majan” al pueblo como se maja la comida en un mortero, con impuestos exorbitantes y exigencias injustas. Lo muelen como en un molino hasta no dejarles nada.  En “las caras de los pobres” toma la parte por el todo, simbolizando las personas de los pobres. También, la manera de obrar abierta y palpable, sin el menor atisbo de vergüenza. Pero el Señor los estaba mirando cuando actuaban así.

En el capítulo 32 vuelve a clamar Isaías contra la manera de obrar de los impíos. No paran de hacer el mal, no le tienen respeto al Señor. Como colmo de su maldad, se muestra su forma de obrar con las personas con las necesidades más apremiantes: dejan con hambre al hambriento y no le dan de beber al sediento. Aunque algunos comentaristas dicen que se refiere a necesidades espirituales, el contexto inmediato y los pasajes anteriores dan a entender más bien que se refiere a las materiales. Su impiedad los había vuelto crueles e indiferentes con las necesidades de su prójimo.

 

Aun en tus faldas se halló la sangre de los pobres, de los inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin embargo, en todas estas cosas dices:   Soy inocente, de cierto  su ira se apartó de mí. He aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste: No he pecado. Jer. 2:34, 35.

 

Jeremías llevó a cabo su ministerio durante la última etapa antes del cautiverio de Babilonia. Entre la denuncia de los pecados y la corrupción reinantes, no deja atrás los atentados contra la justicia social. Se mataba sin motivos ni remordimientos a los más débiles. Los que se atrevían a denunciar esta situación, eran ejecutados (2:30). La expresión “en tus faldas” significa que los delitos eran cometidos abiertamente, sin el menor intento por ocultarse, estaban a la vista. Por no haber arrepentimiento, sino negar los delitos cometidos, Dios afirma que será Él mismo quien actúe.

 

Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre, o que haga alguna cosa de estas, y que no haga las otras, sino que comiere sobre los montes, o violare la mujer de su prójimo,   al pobre y menesteroso oprimiere, cometiere robos, no devolviere la prenda, o alzare sus ojos a los ídolos e hiciere abominación,   prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá éste? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá, su sangre será sobre él. Ez. 18:10-13.

 

Al padre y a la madre despreciaron en ti; al extranjero trataron con violencia en medio de ti; al huérfano y a la viuda despojaron en ti…  Hay conjuración de sus profetas en medio de ella, como león rugiente que arrebata presa; devoraron almas, tomaron haciendas y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella…  El pueblo de la tierra usaba de opresión y cometía robo, al afligido y menesteroso hacía violencia, y al extranjero oprimía sin derecho. Ez. 22:7, 25, 29.

 

En el capítulo 18 de Ezequiel, para explicar su justicia, Dios pone varios ejemplos. El que se recoge se refiere al caso de un justo que engendra a un hijo malvado. Entre los delitos que menciona, están los de faltar a los derechos de los pobres y necesitados, en contra de lo que la ley de Moisés dictaba. Los pone a la misma altura del asesinato, la idolatría y otros graves delitos. Para Dios era abominable que alguien de su pueblo oprimiere a los pobres, los dejara sin abrigo o les prestara dinero con intereses, algo prohibido entre los israelitas para con los de su pueblo. Dios hará recaer su propia justicia al que obrare de esa forma.

Por el capítulo 22, se ve que esa forma de actuar se daba entre los israelitas. Perdida toda la vergüenza, empezaban despreciando a sus padres. Después seguían abusando de los que no tenían quien los amparara: los extranjeros y las viudas. Los profetas, en lugar de llevar al pueblo de vuelta a Dios, lo apartaban con profecías falsas e iban en pos de su propio provecho. Se apropiaban de los bienes ajenos. Por proclamar victorias que Dios no había dictado, los hombres morían en guerras a las que no debieron ir, aumentando las viudas. La violencia contra los más débiles se había generalizado. Los extranjeros que moraban en Israel, bien como emigrantes o como prosélitos, no escapaban de esta situación. En lugar de ser atraídos al verdadero culto a Dios con la bondad y la justicia, eran alejados por la opresión, desobedeciendo el mandato divino de que recordaran que habían sido “extranjeros en Egipto” (Éx. 22:21, 23:9).

 

Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos. Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los desvalidos, y tuercen el camino de los humildes; y el hijo y su padre se llegan a la misma joven, profanando mi santo nombre. Sobre las ropas empeñadas se acuestan junto a cualquier altar; y el vino de los multados beben en la casa de sus dioses.  Am. 2:6-8.

 

Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: Traed, y beberemos.  Jehová el Señor juró por su santidad: He aquí, vienen sobre vosotras días en que os llevarán con ganchos, y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador; y saldréis por las brechas una tras otra, y seréis echadas del palacio, dice Jehová.  Am. 4:1-3.

 

Por tanto, puesto que vejáis al pobre y recibís de él carga de trigo, edificasteis casas de piedra labrada, mas no las habitaréis; plantasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de ellas. Am. 5:11.

 

Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra, diciendo: ¿Cuándo pasará el mes, y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los graneros del pan, y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la balanza, para comprar los pobres por dinero, y los necesitados por un par de zapatos, y venderemos los desechos del trigo? Jehová juró por la gloria de Jacob: No me olvidaré jamás de todas sus obras. Am. 8:4-7.

 

Amós es uno de los profetas que más han hablado sobre la justicia social, cuyas denuncias son de las más conocidas, porque desgraciadamente podían haber sido proclamadas en esta época por cualquier vocero de Dios. Dentro del clima de corrupción moral imperante en los días de Amós, había personas cuyo único interés en la vida era obtener dinero. Para ello, no les importaba hacer daño a los piadosos ni a los pobres y desvalidos. Al mismo tiempo que el  pueblo era oprimido, ellos se dedicaban a banquetear con sus señores. Los pobres eran explotados y vejados, incluso privados de sus ropas de abrigo. Mientras en el pueblo había escasez,  ellos se dedicaban a especular. El Señor anuncia que por todo ello serían juzgados, y perderían su situación de privilegio ¡Qué actuales suenan estas palabras! ¡Cuántos problemas tenemos hoy en día por la ambición desenfrenada de unos cuantos! ¿Y qué decir del efecto de haber convertido los productos de primera necesidad en fuentes de negocio y especulación por parte de las grandes multinacionales? Me temo que en la actualidad Amós tendría bastante trabajo. No debemos callar ante semejantes hechos.

 

No oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano. Zac. 7:10.

 

Zacarías, en la parte que dedica a señalar las injusticias de su tiempo, también habla sobre la situación de los más débiles. Dios había dado instrucciones precisas sobre como debía ser el trato hacia ellos por parte de los israelitas. Pero una y otra vez los mandatos de Dios eran olvidados por los israelitas, y los más débiles sufrían. Dentro de la desobediencia a Dios que ocasionó el cautiverio, Zacarías señala que una parte importante fue el trato que recibieron los más débiles (Zac. 7:11-14).

 

Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos. Mal. 3:5.

 

Una vez más, las denuncias proféticas parecen tristemente muy actuales. Malaquías empieza señalando los males morales de los israelitas. Continúa con la denuncia de la opresión al prójimo, poniéndola a la misma altura que los pecados anteriores. Los propietarios y empresarios defraudaban en los jornales a los asalariados, y a los que no tenían quien los defendiera. Los extranjeros eran tratados peor todavía, aprovechándose de que además de no tener quien los defendiera, estaban lejos de su gente y de su tierra. Todos esos hechos eran cometidos por judíos que habían caído en la impiedad. Por eso, Dios afirma que irá a juicio contra ellos. A los que pensaban que a Dios no le importaba lo que hacían, les dice que no solamente puede hacer de juez, también de testigo porque Él estaba presenciándolo todo.

Actualmente, también hay muchos abusos de los trabajadores por parte de los propietarios y empresarios. Y los hay que no tienen escrúpulos en abusar de los extranjeros, no solamente defraudándolos en los salarios, sino incluso teniéndolos en condiciones de esclavitud para su propio provecho. Este texto constituye una seria advertencia para quienes obran así. Dios mira las injusticias que se cometen contra el prójimo, y más tarde o más temprano, vendrá a pedir cuentas sobre esos hechos.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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