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LA JUSTICIA SOCIAL EN LA BIBLIA
(14ª Parte)

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

I: EL ANTIGUO TESTAMENTO

3. LOS LIBROS POÉTICOS

D. ECLESIASTÉS

Tradicionalmente, este libro se le ha atribuido a Salomón. Se cree que lo escribió en su vejez. Tuvo todo lo que pudo desear, pero se apartó de Dios, lo que trajo a su vida un gran sentimiento de vaciedad (1:2). Al final de su vida se dio cuenta de que solamente en Dios el alma se encuentra satisfecha (12:13-14).

Eclesiastés no es un libro fácil, y hay que ser prudentes con muchas de sus afirmaciones. Pero también habla en algunos pasajes de temas relacionados con la justicia social.

 

Los Pobres

 

Si ves en la provincia que se oprime a los pobres y se pervierte el derecho y la justicia, no te maravilles: porque sobre uno alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ambos. Ec. 5:8.

 

Aquí se plantea un dilema ético. En las regiones más aisladas, posiblemente en las poblaciones de Israel más expuestas a las incursiones filisteas, el pueblo pedía la protección de jefes y capitanes. Pero éstos, muchas veces utilizaban su posición para enriquecerse a costa de los más débiles. El autor de Eclesiastés se pregunta que si Dios castiga la maldad, por qué permite esta situación. La respuesta viene a continuación. Estos jefes tenían superiores sobre ellos. Pero sobre todos ellos está Dios. Dios está observando todo lo que sucede, y llegará el día en que pedirá cuentas a todos los que han oprimido a los pobres y torcido la justicia.

 

Mejor es el muchacho pobre y sabio que el rey viejo y necio que no admite consejos, aunque haya salido de la cárcel quien llegó a reinar, o aunque en su reino naciera pobre.

Y vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que ocupará el lugar del otro rey. La muchedumbre que lo seguía no tenía fin; y sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos de él. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu. Ec. 4:13-16.

 

También vi debajo del sol esto que me parece de gran sabiduría: Había una pequeña ciudad, con pocos habitantes, y vino un gran rey que le puso sitio y levantó contra ella grandes baluartes; pero en ella se hallaba un hombre pobre y sabio, el cual libró a la ciudad con su sabiduría. ¡Y nadie se acordaba de aquel hombre pobre! Entonces dije yo: «Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada y no sean escuchadas sus palabras». Ec. 9:13-16.

 

El escritor bíblico señala en estos dos pasajes, que la sabiduría también puede encontrarse en los de condición humilde.

En el primero, se habla de un caso que en la historia de Israel llegó a darse en varias ocasiones. Puede recordarse a este respecto la historia de David. Cuando fue ungido por el profeta Samuel, no era más que el encargado de cuidar las ovejas de su padre (1 S. 16:1-13). Dios lo escogió en lugar de Saúl, que por su necedad y obstinación fue desechado. Posteriormente, cuando Salomón se apartó de Dios y se volvió necio, Dios volvió a intervenir. Hizo ungir como rey a Jeroboam, que era uno de los siervos de Salomón (1 R. 11:26-40). Después de la muerte de Salomón, fue el que gobernó en el reino del norte, Israel. Los descendientes de Salomón quedaron en el sur, llamado el reino de Judá. Los sabios aunque pobres, a la larga acaban gobernando en lugar de los necios en buena posición.

En el segundo caso, habla de como la sabiduría de un hombre pobre salva de una invasión. Después nadie se acuerda de él. Desgraciadamente, es un caso que sucede con frecuencia. Muchas personas de condición humilde han prestado grandes servicios a su patria, que luego no han sido reconocidos. Pero a pesar de todo, se elogia la sabiduría de los de humilde condición, aunque después sea olvidada.

Hay que saber escuchar la voz de la sabiduría, aunque se presente con ropajes humildes. Pues, como dicen estos pasajes, puede dar la solución ante muchos problemas, mientras que la necedad a la larga es rechazada.

 

La justicia

 

Vi más cosas debajo del sol:en lugar del juicio, la maldad; y en lugar de la justicia, la iniquidad.

Y dije en mi corazón: «Al justo y al malvado juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace».

Dije también en mi corazón: «Esto es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y vean que ellos mismos son semejantes a las bestias».  Ec. 3:16-18.

 

Este es un dilema parecido al de 5:8. El escritor sagrado veía que la justicia estaba corrompida. Los jueces se dejaban sobornar, y reinaba la injusticia donde debía haber triunfado la rectitud. Reflexiona entonces que Dios se reserva un día para juzgar a todos los hombres, donde no habrá lugar para sobornos ni injusticias.

Dios permite que sucedan estas cosas, para que los hombres vean cual es su condición. Los hombres, sin Dios, son semejantes a las bestias. En los lugares de responsabilidad, los hombres piadosos muestran con su obrar el temor de Dios, mientras que los malvados muestran su impiedad. Dios da libertad a los hombres para escoger que camino desean seguir.

 

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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