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LA INDIFERENCIA DE LOS PODEROSOS

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

 

Y se enviaron las cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la orden de destruir, matar y aniquilar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, y de apoderarse de sus bienes, en un mismo día, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar. La copia del escrito que se dio por mandamiento en cada provincia fue dada a conocer a todos los pueblos, a fin de que estuvieran listos para aquel día. Los correos salieron con prontitud por mandato del rey, y el edicto fue publicado también en Susa, capital del reino. Y mientras el rey y Amán se sentaban a beber, la ciudad de Susa estaba consternada. Ester 3:13-15. 

 

El mundo está conmocionado ante la crisis de refugiados que ha saltado a los medios de comunicación. Pero ya hacía tiempo que había mucha gente huyendo de diferentes guerras y sus horrores. En mi propia ciudad se han estado acogiendo cada semana alrededor de sesenta refugiados antes de que los hechos se dieran a conocer a las personas menos informadas. Porque antes de la situación que mil cámaras han puesto ante el mundo, medios de comunicación minoritarios estaban hablando de ellas. Y, como es fácil adivinar, los poderosos de este mundo estaban al corriente. Mientras se estaba desarrollando la tragedia, y preparándose una situación de emergencia, se sentaban a beber, como el rey Asuero y Amán. Los que estábamos al corriente nos preguntábamos cuándo se iban a tomar esta situación en serio los dirigentes mundiales. Había organizaciones ayudando con los medios de que disponían, voluntarios y personas compasivas socorrían a los primeros refugiados.

Ahora, cuando muchas personas huyen para no ser masacradas o tener un destino horrible, se habla sobre qué hacer con ellos. Los líderes mundiales discuten sobre mil filigranas, se ponen mil excusas, mientras continúan sufriendo mil penalidades en el mejor de los casos, en el peor, dejarse la vida en su periplo. Continúan sentándose a beber, mientras las gentes de a pie nos sentimos consternadas. La mayor parte de la ayuda que se está prestando procede de los mismos que cuando se estaba fraguando la crisis: organizaciones no gubernamentales, voluntarios y personas compasivas.

En los países donde están llegando, las reacciones van del rechazo más inhumano a una acogida cariñosa de quienes les brindan los medios y tiempo de que disponen para socorrerlos. En España mismo veo debates y diferentes opiniones acerca de los refugiados. Es cierto que aquí no van bien las cosas. Pero ya ha dicho alguna madre, que por salvar a sus hijos haría lo mismo, lanzarse al mar, a cualquier aventura. O, aunque se diga menos, que sus hijos e hijas sean convertidos en esclavos y esclavas, con todo lo que ello acarrea. Mientras discutimos y ponemos mil excusas, yo no puedo evitar recordar estas palabras: “¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?” (Génesis 4:9). ¿Le responderemos a Dios lo mismo que Caín?

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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