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LA IMPORTANCIA DE LA BIBLIA

No es extraño que todo lo que tenga que ver con la Biblia levante pasiones, sobre todo en el llamado sector evangélico o protestante. Y no precisamente sin motivo. La Biblia es uno de los tres pilares de la reforma (Escritura, Gracia y Fe), pilares que siguen sosteniendo el edificio de la fe evangélica o protestante. En todo el mundo, donde existe una iglesia evangélica sana, encontraremos esos tres fundamentos en su base.

Pero, ¿por qué es tan importante la Biblia? Y, ¿por qué hemos de prestar tanta atención a la Biblia? Por muchos motivos. Primeramente, porque es la Palabra de Dios. Jesús se volvió al Padre tras su ministerio terrenal. Sólo hubo un Moisés que volvió del Sinaí con los Diez Mandamientos después de recibirlos de Dios. Se terminaron los profetas y apóstoles que  recibían palabras eternas para el pueblo de Dios. Pero sus escritos y palabras quedaron recogidos en la Biblia. Dondequiera que hay cristianos sinceros, buscarán en la Biblia la guía para fundamentar la iglesia, como ya he mencionado, y para sus vidas personales.

No escasean en la Biblia las afirmaciones sobre su autoridad. Una de las más conocidas es la parábola de los dos cimientos (Mt. 7:24-29):

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena  y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

 Jesús se atreve a afirmar aquí que quien no hace caso a sus palabras es tan insensato como un hombre que edifica una casa sobre la arena. Es como un eco de otra de esas afirmaciones, la dicha por Moisés en Deuteronomio 30:15, 16:

 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;  porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.

Vida y sabiduría o muerte e insensatez. Esas son las opciones que ofrece la Palabra de Dios a quien la lee o la escucha. Los seres humanos han escrito montañas de libros, pero son muy pocos ciertamente los que se han atrevido a hacer unas afirmaciones tan notables. ¿Un libro que si lo obedeces, te promete que vas a recibir vida y sabiduría, pero que, si lo ignoras o desobedeces de una forma deliberada, afirma que elegirás la muerte y la insensatez? Los incrédulos podrán reírse ante estas palabras. A esto se puede responder que somos innumerables los que podemos dar testimonio de la veracidad de estas afirmaciones, que solamente se vive de verdad cuando se obedece a la Biblia, y que desobedecerla acarrea una vaciedad tan grande que es como morir en vida, por no hablar de nuestro destino eterno. Proclamamos la veracidad de las Buenas Nuevas de salvación que contiene:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16).

  Pero si la Biblia es realmente la Palabra de Dios, posee una importancia crucial, tanto al nivel de la sociedad como a nivel individual. Para empezar, el cristianismo genuino no es hágalo todo según su criterio, decórelo a su gusto y espere que funcione. Así han surgido, y por desgracia continuarán apareciendo muchas sectas. Grupos donde los fundadores montan una religión según su capricho, generalmente con  una trastienda bastante oscura. La Biblia se podría comparar a las instrucciones de montaje de los muebles para armar en casa y otros elementos similares que se han hecho tan populares en la actualidad. La Biblia es lo bastante flexible en lo que no es fundamental como para permitir que haya una gran diversidad de formas en cuanto a la forma de hacer los cultos, estilo de alabanza, organización, etcétera, en iglesias de las que no se puede dudar que son genuinas. Y es también lo suficientemente clara en los principios  fundamentales como para que no se pueda llamar iglesia a las que no los acaten. Es, como alguien la ha llamado, “el manual del fabricante”. Aunque también hay sectores del cristianismo que se mueven en un equilibrio muy peligroso entre sus propios criterios y las Escrituras. Que junto a la Biblia ponen el libro o libros de sus líderes particulares, por lo que unas veces se guían por ella, y otras por instrucciones particulares añadidas. O como ha hecho históricamente la Iglesia Católica Romana, que ha dado a la tradición tanto valor como a la Escritura. Esto, por un lado, trae confusión a los creyentes sinceros de esas iglesias, que muchas veces se ven en el dilema de tener que elegir entre lo que dice la Biblia, y lo que les demandan sus propios líderes. Así ocurrió la Reforma, cuando Lutero primero y otros reformadores después, se negaron a poner cualquier escrito o instrucciones humanos por encima de la Biblia. Por otro, da pie a que se pueda hacer o introducir cualquier cosa en una iglesia.

Es muy triste que haya sectores del cristianismo que traten así a la Biblia, después de todo lo que ha influido en nuestra sociedad. Solamente en el área artística y cultural, se puede decir sin titubeos que sin la cantidad de obras que ha inspirado la Biblia, la cultura mundial no sería igual (arquitectura, pintura, escultura, etcétera). La Biblia da unas directrices muy elevadas a nivel social, y defiende la dignidad de todas las personas. Grandes defensores de la libertad y de la igualdad se inspiraron en ella, hubo cristianos que lucharon por la abolición de la esclavitud, ha habido multitud de benefactores que quisieron poner en práctica sus enseñanzas, etcétera. Cuando se ha acusado en falso al cristianismo de promover la opresión y la falta de derechos, especialmente de la mujer, se ha podido responder sin titubeos que todo lo bueno que tiene la sociedad occidental procede de él. Para terminar de confirmarlo, no hay más que echar una ojeada a las culturas ajenas a la Biblia y el cristianismo. El panorama es verdaderamente demoledor. Es de sabios ciertamente hacer caso de la Biblia.

La Biblia dicta las doctrinas fundamentales, aquellas a las que he aludido al comentar que no se puede llamar iglesias a quienes no las respeten. Algunas de ellas son la divinidad de Cristo y su obra redentora, al alcance de todos aquellos que creen en Él. También dicta unas normas éticas a nivel personal muy elevadas, que tampoco se pueden menospreciar sin perder la esencia de nuestra fe. Y es una de las formas que Dios usa para comunicarse con sus hijos, hablándoles por medio de los pasajes de su lectura diaria, o por medio de los que comparten otros creyentes.

Resumiendo, no puede haber Cristianismo sin Biblia, y el mundo sería diferente sin su existencia.

 


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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