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LA HERIDA ABIERTA

No quieres mirar, pero aunque cierres los ojos, sus imágenes te atormentan. No quieres recordar, pero los recuerdos se lanzan sobre tu alma como cuchillos afilados. Ya eres una persona adulta, te dices, tienes derecho a vivir libre, sin cadenas, pero no puedes. Profanaron tu cuerpo, profanaron tu inocencia, te traicionaron. 

Has crecido, pero sólo por fuera, los demás ven la persona que aparentas ser. Pero sabes bien que tu realidad no se corresponde con la que te muestra el espejo. Sabes que detrás de la mujer que te mira desde el reflejo hay una niña. Una niña herida, asustada, que todavía pide la ayuda que no recibió cuando la necesitaba. Y que por eso no ha podido crecer. Sus gritos de angustia te desgarran el alma, su rabia y su impotencia se abalanzan sobre ti en los momentos más inoportunos. Debido a ello, sabes bien lo que dicen a tus espaldas, y alguna vez te han dicho en la cara. Que eres una persona complicada, que saltas a la primera de cambio, que estás siempre a la defensiva, etcétera. Pero ellos no ven a esa niña con la que cargas cada vez que quieres dar un paso. Cada pisada significa el esfuerzo de arrastrarla a donde quieres ir. Y de esa forma, apenas puedes avanzar, es un esfuerzo que te sobrepasa.

No ven esa herida abierta en tu alma por el zarpazo de un monstruo. Un monstruo que se aprovechó de tu indefensión para satisfacer sus bajos instintos. Al que no le importaban en absoluto el daño, el dolor ni las consecuencias que iban a tener para ti. Sólo buscaba su propia satisfacción sin ninguna clase de miramientos. Tú sólo eras un objeto que usar para su propio beneficio. Y sientes vergüenza, aunque no tuviste la culpa de nada, no pudiste defenderte. Te sientes sucia, cuando el sucio fue el monstruo, tú eras una niña inocente y sin culpa. Dejaste de ser la que eras, y cambiaste trágicamente, pero nadie le dio importancia.

Tu herida está abierta, y además de sangrar, supura. Porque nadie la ha curado hasta ahora, bajo ella hay una bolsa llena de dolor, ansiedad, miedo, angustia, etcétera. Y eso te hace sentir enferma, porque nadie puede tener una vida sana con semejantes cosas en su interior. 

Necesitas ayuda, no que te señalen por esto o aquello. Tu herida debe ser limpiada, y no sólo externamente. Esa bolsa de infección debe ser vaciada. No es algo fácil, y es doloroso, pero no hay otro camino. Necesitas sacar afuera lo que te ha estado dañando todos estos años, poder expresar tus sentimientos, todo tu dolor, sin ser juzgada por ello. Y que esa niña que llevas dentro pueda crecer y ser libre para caminar junto a ti, no ser un lastre para tu viaje en la vida. 

Pero hay esperanza, hay personas dispuestas a darte la mano en ese camino. No desesperes, busca ayuda, y saldrás adelante.

A cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgara al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiera en lo profundo del mar. (Mateo 18:6).

 


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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