Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Misión Israel

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



LA COMUNIÓN

Por tanto, si hay algún consuelo en Cristo, si algún estímulo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.

Nada hagáis por rivalidad o por vanidad; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. No busquéis vuestro propio provecho, sino el de los demás.

 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús:

Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios  como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo
y se hizo semejante a los hombres.

Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas
y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús
se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese  que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
(Filipenses 2:1-11).

 

En este pasaje la Palabra nos exhorta a estar unánimes, es decir a tener unos sentimientos similares. Para eso, tenemos necesidad de estar en contacto unos con otros, para poder estar de acuerdo en la dirección a la que debemos ir como creyentes, saber las necesidades y las preocupaciones de los otros. Así podremos marchar unidos en una misma dirección, podremos apoyar a quienes lo necesiten, animar a los que se queden rezagados, etcétera. En resumen, funcionar como el cuerpo espiritual que ve Dios y llevarlo a la práctica.

Este texto también nos dice que debemos cuidar no caer en ciertos errores cuando sirvamos al Señor y a la Iglesia. No hacer las cosas para sobresalir por encima de otros que pensemos que nos están haciendo sombra. Tampoco buscando ser alabados por los hombres, quedando como la persona más servicial, la que mejor se ocupa del área tal, etcétera. En nuestro servicio, debemos seguir el ejemplo de Cristo, que siendo igual a Dios, el Señor del Universo, se despojó de su gloria, de su grandeza, tomando la forma de un ser humano mortal, un siervo de Dios. Y después de hallarse en esta condición, se humilló por amor a nosotros, sufriendo una muerte cruel y humillante.

Dios finalmente premió su obediencia, y convirtió toda su humillación en gloria y honra. Ahora, además de nuestro Rey, es nuestro ejemplo, un ejemplo a seguir en nuestro servicio. Él nunca buscó su propia gloria mientras estuvo en esta Tierra, y a su tiempo recibió su recompensa. Por eso, también en nuestro servicio debemos mirar hacia arriba, al premio que Dios nos tiene preparado, para no andar buscando alabanzas ni trepar arriba aunque sea pisando al otro. El amor también dicta respetar al otro, a su trabajo en el Señor, sin pretender apropiarnos de cosas que no nos corresponden. Dios ha dado a cada cual unos dones y capacidades para servir al Señor, que se ponen en funcionamiento cuando vivimos en comunión unos con otros.

Como conclusión se puede decir que la comunión es servirnos unos a otros con amor y humildad, buscando la recompensa de Dios en vez de la de los hombres, que Él a su tiempo dará su recompensa a cada cual.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

    -Indice de artículos de Mª Auxiliadora
    -Indice general de artículos


© sentirCristiano.com

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes