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LA BESTIA PLAYERA

No se alarmen los que oigan de la bestia playera y les guste disfrutar de la playa en la Costa del Sol o en otras latitudes. No ha aparecido una especie nueva aparte de las medusas, erizos y otros animales por el estilo que cada año dan un disgusto a más de uno. Porque estos animales, aunque irracionales, no desean encontrarse con nosotros. Somos demasiado grandes y fuertes para ellos. Cuando nos damos con sus aguijones o sus órganos urticantes es por un descuido nuestro o bien por su habilidad para camuflarse en lo que para ellos es su hábitat. Si los vemos o nos advierten de su presencia, basta con apartarse de ellos.

Pero hay quien se gana nuestra confianza mostrándose abiertamente como un hombre, y en el momento más propicio se convierte en bestia. Yo lo he presenciado, en la playa de La Malagueta por más señas. Una jovencita delgada de catorce o quince años, con más de niña que de otra cosa, se apartó unos metros con una amiga del grupo con el que había venido. De pronto se le acercó por detrás un joven no muy alto, pero recio, bronceado y con gafas, que tendría entre dieciocho y veinte años. Le pasó un brazo por el cuello y la arrastró varios metros. Luego la tiró al suelo y le empezó a echar arena en la cara. Porque se tapó la cara con las manos le tiró del pelo antes de volver a esconder la bestia playera que hasta entonces había ocultado. Yo contemplé la escena atónita, sin saber qué hacer. Quizás debí haber dicho algo, aunque estuviera sola. Nadie más dijo nada. Un momento después, la jovencita fue con su amiga a contarle a la socorrista lo que había pasado. Le preguntó quién era, creo que dijo que era un primo suyo, y le aconsejó que fuera a seguridad. Las dos comenzaron a marchar hacia el puesto de la Cruz Roja, pero se quedaron a medio camino. Allí estuvieron un rato, la jovencita bastante nerviosa. El joven – bestia volvió a su rollo, como si todo hubiera sido simplemente una broma.

Primo, amigo, o lo que fuera, yo no veo nada de broma, y todo o bastante de agresión a una niña aprovechando la fuerza bruta pura y dura. El día que aprovechando las malas artes que este tipo de individuos suelen desplegar, consiga que una mujer esté con él, ¿volverá a hacer lo mismo? ¿Dirá después que sólo era una broma?

Sin llegar a tales extremos, no es la primera vez que veo comportamientos parecidos por parte de jóvenes aprendices de bestias. Ya es hora de inculcar un verdadero respeto a la mujer, no que somos únicamente un juguete con el que hacer lo que se antoje (sexo, brutalidad y lo que encarte).


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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