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LA AYUDA VERDADERA

Y el hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a toda bestia del campo, mas para Adán no se encontró una ayuda que fuera idónea para él.  (Génesis 2:20).

Este texto de Génesis es uno de los más conocidos de la Biblia, pero sin embargo pocas veces se le da la interpretación correcta. Muchas personas creen que ayuda es simplemente lo que se llama vulgarmente echar una mano. Pero si vamos al texto original, la palabra hebrea es ézer. Esta palabra aparece muchas veces en el Antiguo Testamento cuando se habla de que Dios es mi ayuda, de que Dios es mi ayudador, o combinada con otra, como en 1ª de Samuel 7:12, Eben-ezer, hasta aquí nos ayudó el Señor. De manera que, en términos bíblicos, se compara la ayuda que puede prestar una mujer a la que puede prestar Dios en una situación determinada. En lo que no requiere una intervención sobrenatural del poder de Dios, la Biblia habla de la obra, del trabajo de una mujer en términos equivalentes a la ayuda divina.

No queda, pues, lugar para el menosprecio, para la minusvaloración de la mujer ni en los tiempos más ancestrales y patriarcales de la Biblia. Sí lo hay, desde Génesis 2:20 en adelante, para una búsqueda por parte de la mujer de aquello en lo que se sienta más realizada, y hacerlo sin miedo. Y por parte de los varones, al reconocimiento de la labor de sus madres, esposas, hermanas, amigas y compañeras de trabajo.

No faltan los ejemplos de mujeres buenas y valerosas en la Biblia: Débora, Ruth, Esther, María, Priscila, etcétera. Y en la historia de la Iglesia la labor y el trabajo de las mujeres ha sido y es imposible de valorar en toda su extensión. Los nombres de muchas de ellas han llegado hasta nuestros días. El de otras se desvaneció con el tiempo, como los cimientos y muros de un edificio quedan ocultos por el resto de la construcción o el acabado externo, pero que sin ellos el edificio no habría llegado a levantarse o no se mantendría en pie.

Así que, mujer, no te dejes menospreciar, mira que clase de dignidad te ha dado el Señor, de colaboradora de su obra en la Tierra. Sea que tu obra esté en la luz pública, o en la intimidad de tu hogar, lo importante es que sientas que estás haciendo tu parte, que Dios te ama y te valora, y no tiene en poco lo que tú puedas aportar. Levanta tus alas y vuela, que el Señor está contigo.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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