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EL COCHE DE HOJALATA

Había una vez un coche de hojalata. El coche fue regalado a un niño por su cumpleaños. No se movía a pilas ni se podía manejar por control remoto. Era simplemente el modelo a escala de uno de los coches de moda, de un bonito azul metalizado. El niño lo movía con las manos y se inventaba historias en las que conducía su coche. Eso hacía al coche muy feliz. Aunque de vez en cuando el niño se ponía travieso y lo estampaba contra una pared, porque así se le antojaba. El coche lo aguantaba en silencio, a pesar de que se le hicieran abolladuras y arañazos en su bonita carrocería.

Pero el niño empezó a crecer, y conforme crecía empezó a hacerle reproches a su coche, y a jugar menos con él. Que por qué no tenía control remoto, que ya tenía bollos y arañazos (sin querer recordar que se los había hecho él), etcétera. Hasta que un día dejó de jugar con él. El pequeño coche se entristeció mucho, y quedó abandonado en un estante.

Un tiempo más tarde en el colegio del niño avisaron que querían hacer un rastrillo benéfico, y pidieron que llevaran cosas para poder celebrarlo. El niño metió el coche en una bolsa y se lo llevó. El coche no sabía lo que pasaba, y se preguntaba que a dónde lo llevaba el niño. Al llegar al colegio, fue a la sala donde estaban organizando el rastrillo. Al entregarlo dijo:

-Espero que puedan sacar algo por él. Ya ni siquiera hacen coches así.
El pequeño coche entonces lo comprendió todo. Lo había llevado allí para que lo vendieran, porque se había cansado de él. Lo pusieron entre otros juguetes usados, y esperó a ver lo que pasaba.

Llegó el día del rastrillo y empezaron a llegar niños y adultos. Los niños no le hacían caso, porque era cierto que estaba pasado de moda. Pero llegó un señor maduro, que empezó a mirarlo. Lo cogió para examinarlo mejor y preguntó el precio. Lo compró y se lo llevó a su casa. Por el camino murmuraba: ¡qué suerte he tenido! Al llegar a casa se lo enseñó a su mujer y le dijo:

-Ya no hacen coches así. He tenido mucha suerte. Con unos pequeños retoques quedará perfecto.

Mientras el hombre hablaba, el coche pudo ver una estantería con puertas de cristal donde se guardaban diferentes modelos de coches en miniatura. El hombre era un coleccionista, y tenía desde coches de época hasta modelos modernos.

Se llevó al coche a una habitación donde guardaba lo necesario para arreglar los modelos estropeados. En los días siguientes se dedicó a repararlo en sus ratos libres. Echó aceite a los engranajes de las ruedas, le quitó los bollos y le dio otra mano de pintura. El coche quedó como nuevo. Al terminar dijo:

-Ha quedado precioso. Ahora es una joya de mi colección.
El coche se puso muy contento, y se dejó llevar con agrado al mueble expositor. Allí, se hizo amigo de los otros coches, y vivió feliz. El dueño de vez en cuando los sacaba para verlos de cerca,  le gustaba enseñar su colección.

El coche de hojalata comprendió que si el niño lo abandonó, no fue por culpa suya. El niño había sido cruel y egoísta, había olvidado lo que disfrutó con él, y llegó a reprocharle las marcas que le había causado su falta de consideración.

Pero por desgracia hay muchas personas que actúan con los que están a su alrededor, igual que este niño con su coche.


Mª Auxiliadora Pacheco


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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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