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EL CIRCO DEL HORROR

El mundo actual se está convirtiendo en un circo del horror. Un circo al estilo de los antiguos circos, que normalmente aparecen muy descafeinados en las películas de romanos. Un lugar donde masas de personas embrutecidas e insensibilizadas veían luchar a muerte animales, hombres y mujeres contra animales o entre ellos mismos. Donde los primeros cristianos eran echados a las fieras al completo: mujeres, hombres, niños y ancianos. Los ricos en la tribuna y los pobres en las gradas, todos asistían complacidos a los espectáculos, el clásico “pan y circo”.

La cosa empezó hace tiempo. Cuando comenzaron los diarios, empezó la prensa amarilla, que con tal de ganar lectores publicaba noticias sin verificar o mentía abiertamente. Es sabido el papel decisivo que tuvo cierto diario norteamericano sin escrúpulos en la intervención de Estados Unidos en Cuba cuando era una colonia española en 1898. Conforme iban apareciendo nuevos medios de comunicación, iba aumentando su poder, y, desgraciadamente, también la capacidad para ser usados por personas sin escrúpulos. Más audiencia significaba más ganancias, más dinero, así que a llevarse a quien o lo que sea por delante.

Cuando los medios de comunicación se globalizaron, nos vendieron un mundo de color de rosa. Todo el mundo iba a poder saber lo que ocurría en el otro extremo al momento, las personas iban a tomar conciencia de que somos parte de la gran familia humana. Se habló de “la aldea global”, un mundo de comunicación solidario y fraterno. Por un momento pareció que iba a ser así, pero sólo fue un espejismo pasajero. Primero supimos de miserias y necesidades que antes estaban escondidas, y apenas hicimos algo para solucionarlas. Después vimos las imágenes de las violencias y horrores de este mundo, e igualmente hicimos muy poco para detenerlos. Nos acostumbramos a saber y ver todo esto como algo normal.

También empezó lo que se llamó “la crónica rosa”, primero en la prensa, luego en las televisiones. Con el tiempo fue evolucionando de olor y color de rosa hacia una de olor y color marrón de estiércol. Nos acostumbramos a que la vida y obra de cualquier persona que alcanzara cierta notoriedad se pusiera, no bajo la lupa, sino bajo el microscopio, hasta encontrar cualquier cosa reprobable que exponer a la luz pública.

Una vez que ya estábamos lo suficientemente insensibilizados, se dio otro paso más. Cualquier caso judicial notorio era analizado con más atención que las fuerzas policiales, y los protagonistas eran juzgados y condenados mediáticamente, incluso antes de pasar por el tribunal de justicia. Hubo muchas personas inocentes que fueron condenadas mediáticamente, pero lo que importaba era ganar audiencia a toda costa.

Cuando ocurrió la revolución de las redes sociales, nuevamente oímos cantos de sirenas diciéndonos que todo iba a ser bueno y bonito. Pero, ay, no sucedió lo mismo, sino algo peor todavía que con los medios anteriores. Ahora cualquier persona podía ser llevada al circo del horror a ser devorada por las fieras. Cada vez me entero de más y más casos de personas que han sido llevadas al suicidio por acoso y linchamiento en las redes sociales. Y que al dolor y la pérdida de sus personas más cercanas, en muchos casos debe añadirse la continuación de estos comportamientos con ellos, incluyendo amenazas, algunas incluso bastante graves.

Cualquier payaso o payasa diabólicos de este circo del horror, puede elegir a una víctima para atormentarla y acosarla, con la complicidad de sus marionetas. Porque eso es lo que son sus cómplices, marionetas sin alma ni corazón, que carecen de voluntad y criterio propios. Y todo vale, difamaciones, manipulaciones, etcétera.

No hablo ahora de como se está usando el circo mediático para la imposición de un pensamiento único, sin derecho a una forma de pensar diferente de la que está de moda,  para no desviarme del tema principal, y porque da para un artículo propio.

Es hora ya de que nos levantemos de las gradas de este circo del horror. De que no nos hagamos culpables con nuestra complicidad de lo que suceda en él. De que si nos llega cualquier mensaje, cualquier vídeo, cualquier supuesto comentario de alguien, nos neguemos a divulgarlo. Si hay algo que se sale de lo normal, hay fuerzas de seguridad y tribunales donde aclarar los hechos. Y cualquiera, en un momento dado, podemos escribir una tontería en las redes. Recordemos aquello de que “errar es humano”, y neguémonos a compartir y compartir hasta el infinito las meteduras de pata ajenas. Hay personas a las que, literalmente, por un comentario desafortunado en las redes se les ha arruinado la vida. No más circo del horror. 


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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