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DESPUÉS DEL TEMPORAL

 

Mª Auxiliadora Pacheco Morente 

 

Yo tenía una barca, con la que salía a navegar. No era un barco de ricos, de los que solamente usan para ir de paseo. Puse todos mis ahorros y mi empeño en construirla. Mi barca era sencilla y bonita, y con ella iba a pescar. Muchos no creyeron en mí cuando la construía, me decían que no serviría para navegar, que qué iba a hacer una mujer con una barca. Pero allá me lancé a la inmensidad del mar y al acunar de las olas. Y cuando empecé a volver con los cestos llenos de peces, empezaron a cambiar de opinión. Me llené de ilusiones, pensando que podría seguir navegando y pescando con mi barca durante mucho tiempo. Que los delfines y las gaviotas me harían compañía en mis salidas.

Un día como otro cualquiera, salí. Estaba gris, pero no le di importancia, pensando que los días de Sol y los días nublados son parte del ciclo de la Creación, y que las lluvias son necesarias. El parte meteorológico anunciaba un día lluvioso, algo de viento, nada que se saliera de lo normal. Me equipé con las botas y el impermeable, y empecé a navegar por un mar de plomo fundido. Llegué a donde pensaba pescar, pero el mar empezó a alborotarse más de lo que habían dicho. Esperé un poco, creyendo que sería algo pasajero. Pero de marejadilla pasó a marejada, y a llover a cántaros. Ya no podía controlar la barca, era arrastrada por las olas. Empecé a tener miedo, más todavía cuando vi que el temporal me arrastraba a una zona de rocas. Puse todas mis fuerzas en alejarme, pero no podía. El mar era mucho más fuerte que yo, una mujer sola en medio de las olas. Finalmente mi barca se estrelló contra las rocas, y creí que había llegado mi última hora. Con gran esfuerzo, logré llegar hasta la orilla, y cuando estuve a salvo, me quedé dormida, agotada del esfuerzo. Cuando amaneció el día siguiente, el panorama que se me presentó era desolador. Los restos de mi barca estaban desperdigados, unos en la playa, y otros entre las rocas. Me llevé las manos al rostro, y empecé a llorar. De repente, alguien me preguntó:

-¿Por qué lloras?

Era un hombre todavía joven, que mostraba compasión en su mirada. Le contesté:

-He naufragado, se ha destrozado mi barca, ya no puedo navegar ni ir a pescar. Ha faltado poco para que me ahogara.

Con dulzura, me respondió:

-No te has ahogado, estás aquí conmigo. Yo soy carpintero, y te construiré otra barca.

-Gracias, pero no tengo con qué pagarte. Gasté todos mis ahorros en construirla, y con ella me ganaba la vida.

En su rostro se dibujó una gran sonrisa.

-Yo ayudo a todas las personas necesitadas. Si preguntas a las personas que viven en esta tierra, te lo confirmarán. Tú disfrutas navegando, y yo ayudando a la gente.

Ante eso, no tuve nada que replicarle. Cumplió lo que prometió, empezó a construirme otra barca. Mientras, me buscó alojamiento con unos amigos suyos, que me trataron amablemente y me prestaron ayuda hasta que pude volver a navegar.

Cuando la tuvo terminada, todos sus amigos hicieron una fiesta en la playa para celebrar que había recibido una nueva barca. A la mañana siguiente, fueron a despedirme. El carpintero me dijo:

-No temas, de ahora en adelante, aunque no me veas, yo estoy a tu lado. Llámame siempre que me necesites. Y si alguna vez otro temporal te destrozara la barca, yo te haré una nueva para que sigas navegando. Yo, Jesús, cumplo todo lo que prometo.

Amiga o amigo, ¿ha destrozado tu barca un temporal? ¿Crees que ya no puedes seguir adelante? ¿Piensas que lo has perdido todo en esta vida? Llama al mejor especialista en arreglar vidas rotas: Jesús.

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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