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DE LENGUAJE Y DESPROPÓSITOS

Ha hecho mucho ruido la decisión de un juez que va a quedar en la historia de los despropósitos judiciales. Según este buen señor, si un marido, con antecedentes de malos tratos, llama a su esposa “zorra” no la está insultando. Le está diciendo que posee las habilidades de un zorro, ser una persona astuta y con habilidad para sobrevivir. Pero cualquiera de la calle sabe que no es así. Ese significado ha quedado relegado a escritos cultos y de cierta antigüedad. Por ejemplo, según Lucas 13:32 Jesús llamó a Herodes “zorra”. En el lenguaje coloquial, ese significado ha quedado desplazado por el de prostituta. Según un diccionario antiguo, que ya recogía esa acepción, “ramera”. Lo de la astucia y demás se ha quedado para la palabra en masculino, “zorro”.

Es uno más entre los muchos ejemplos que hay en español de perversidades del lenguaje. Lo femenino se asocia a lo negativo, incluso denigrante. En cambio, lo masculino se asocia a lo positivo y honroso. Es el caso de hombre público y mujer pública. A un varón que ha adquirido relevancia en la vida pública se le llama hombre público. Pero aunque actualmente hay muchas mujeres con notoriedad en diferentes ámbitos, el lenguaje se ha quedado atrasado (y pervertido). Una mujer pública es una prostituta. Alguien con espíritu varonil es valiente, arrojado. Pero alguien con espíritu femenil es cobarde y temeroso. Así está en el lenguaje, por mucho que las mujeres hayan demostrado y sigan demostrando lo injusto de semejante acepción.

Por el contrario, los casos en que lo masculino es algo peor que lo femenino en español son prácticamente inexistentes y anecdóticos. Para que no se diga que no menciono ninguno, ahí va un ejemplo. Decirle a alguien que es o está como una cabra, es decirle que está mal de la cabeza o es un atolondrado. Pero en masculino es un insulto tan malsonante que no lo pongo en este artículo, aunque su significado original es “macho de la cabra”.

Haría falta saber que habría dictado el juez de antes, si hubiera sido una mujer la que hubiera dedicado tal palabra a su marido. Ignoro si habría sido tan condescendiente como para decir que la mujer llamaba a su pareja atolondrado o alocado.

Ojalá que algún día acabemos con tantos despropósitos lingüísticos y judiciales. (Ojalá viene de la expresión árabe que significa “quiera Dios”.


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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