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DEBATES SOBRE LA BIBLIA

En la Iglesia del principio, se aceptaron como plenamente inspiradas las Escrituras judías, lo que hoy para nosotros es el Antiguo Testamento, avaladas por el uso repetido que de ellas hizo Jesucristo. También se empezaron a aceptar como inspirados los escritos con autoridad apostólica, o respaldados por ella. Un ejemplo claro lo da el apóstol Pedro, poniendo las epístolas de Pablo al mismo nivel que las demás Escrituras.

Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. (2 P. 3:15, 16).

En los primeros siglos, a medida que avanzaba el cristianismo, también avanzaba la Sagrada Escritura, dividida en los libros sagrados judíos, aceptados por la Iglesia, y los escritos cristianos a los que se les concedía inspiración divina. Los primeros cristianos estaban hambrientos de conocer la Palabra de Dios, los que no podían tenerla por escrito, ansiaban poder escucharla en el tiempo dedicado a su lectura en las diferentes iglesias. En un tiempo relativamente corto hubo una gran cantidad de traducciones a las lenguas que se hablaban durante esa época.

La aparición de diferentes herejías, especialmente a partir del segundo siglo, y la divulgación de escritos cristianos de dudosa paternidad, o que simplemente eran escritos piadosos, hizo que la Iglesia tuviera que empezar a poner orden en cuanto a que escritos eran inspirados y cuales no. El proceso de fijación definitiva del canon de las Escrituras finalizó en el concilio de Cartago (397).

Desde entonces hasta la edad moderna, la Iglesia aceptó sin titubeos la inspiración divina de la Biblia, dándole la última palabra en los asuntos sobre los que se pronuncia. Es cierto que pasó un largo período de oscuridad, cuando la Iglesia Católica Romana limitó su divulgación y su autoridad. Hasta tiempos no demasiado lejanos, en los lugares dominados por la Iglesia Católica Romana, la Biblia se divulgaba a escondidas. Pero en los lugares donde triunfó la Reforma, o donde se puso la prioridad en las libertades individuales, volvió a difundirse ampliamente. El pueblo de Dios seguía mostrándose ansioso por descubrir Su Palabra.

Pero he aquí que en el mundo secular apareció una fuerte tendencia al racionalismo, a querer darle una explicación a todo por la lógica o por las leyes naturales. Esta forma de pensar, en el ámbito científico, dio buenos resultados, consiguiendo grandes avances médicos y tecnológicos. El problema fue cuando quisieron aplicarla a la espiritualidad. El racionalismo dio a luz el llamado antisobrenaturalismo. Según sus tesis, no existe ni lo sobrenatural ni los milagros. La Biblia es solamente el producto de una serie de hombres que la escribieron diciendo que les hablaba el Dios en el que creían, y que para adornarla la llenaron de milagros y de supuestas palabras divinas. Por supuesto, no poseía autoridad para enseñar a los seres humanos la forma de obtener la salvación, ni como debían conducirse en esta vida.

Por desgracia, esta forma de pensar empezó a introducirse en sectores del cristianismo fríos y deseosos de tener una moral menos exigente que la enseñada por la Biblia. Por supuesto, no faltaron quienes se levantaron en contra de estas tesis, defendiendo la inspiración y la autoridad de la Biblia. Desde entonces, hay dos grandes bandos en lucha en el cristianismo. De un lado, los que la tratan como a un libro más, bajo las hipótesis del antisobrenaturalismo, dejando del cristianismo solamente lo que más les agrada. Por el otro, quienes defienden lo que siempre ha sido para el pueblo de Dios: la Palabra inspirada, con autoridad sobre las vidas de los creyentes y sobre la Iglesia fiel.

En medio de este gran debate, ha aparecido otro, el de si la versión que tradicionalmente han usado los cristianos evangélicos de habla española, la Reina-Valera, es o no una versión fiable. En gran medida el debate procede del siglo XIX, cuando se realizó una edición del Nuevo Testamento Griego destinada a sustituir el texto usado anteriormente, el llamado Textus Receptus. La excusa utilizada fue que habían aparecido nuevos manuscritos supuestamente de mejor calidad que los conocidos anteriormente.

Pero, según los autores del estudio Conspiración contra las Sagradas Escrituras, el Reverendo Domingo Fernández y el Doctor César Vidal Manzanares, el problema fue que para elaborar esta nueva base para futuras traducciones del Nuevo Testamento, se eligió a unos eruditos con una ideología más que dudosa, que creo que hubiera justificado que se prescindiera de ellos. No sé que hacían unos señores que ni siquiera reconocían la inspiración de la Escritura, nada menos que preparando el texto base para las futuras versiones de ella. Su ideología, porque a lo que pensaban difícilmente puede llamarse teología, estaba llena de desatinos. Por si les faltara algo, eran partidarios abiertos del ocultismo. Así que su trabajo se vio fuertemente influenciado por su ideología. Eliminaron del texto griego o suavizaron todo aquello que era contrario a su ideología, y así terminaron su trabajo. Por todo ello pienso que el Nuevo Testamento griego de Westcott y Hort es más que sospechoso, y que dista mucho de ser el más adecuado para elaborar nuevas versiones. Si se cree necesario hacer un nuevo texto base del Nuevo Testamento, que no todos lo piensan así, debe ser elaborado por personas que respeten la inspiración de las Escrituras y que posean una teología sana.

Desde el siglo XIX ha estado habiendo intentos para que la Reina-Valera deje de ser la versión de referencia del pueblo evangélico. Esos intentos hasta ahora no han tenido éxito, y me tengo que alegrar de ello a la vista de lo que se ha querido ofrecer a cambio. Versiones basadas en el Nuevo Testamento de Westcott y Hort o, peor aún, con una descarada manipulación del texto bíblico a favor de las nuevas corrientes que he citado, como la Versión Popular. De la Reina-Valera, algo en lo que estarán de acuerdo tanto los opositores como los defensores de ella, es que se realizó siguiendo una teología sana. Que no hubo detrás los oscuros intereses que se sospechan con mayor o menor motivo de otras versiones. Al contrario, fue en los tiempos en que el simple hecho de tener una fe más cercana a lo que enseña la Biblia significaba arriesgar la vida, lo mismo que si se traducía o divulgaba. Ese hecho le aporta un punto de confianza que no tienen la mayoría de las versiones de las Escrituras.

Algo más en lo que coinciden sin titubear ambas posturas es que el texto bíblico que nos ha llegado es de una pureza que no admite comparación con ningún otro texto antiguo. Obras mucho más recientes, como las de Shakespeare, presentan un texto mucho más corrompido que los manuscritos bíblicos. Lo que se cuestiona es alrededor de un 0,5% del texto que nos ha llegado.

De las Escrituras hebreas, hay muy pocos textos en discusión. Los judíos realizaron su labor de preservación y divulgación de los primitivos manuscritos de una forma impecable. Solamente se puede hablar de las llamadas 18 enmiendas de los soferim (aunque hay algunas más). Éstas fueron ocasionadas por los escrúpulos de los escribas ante determinados textos, que usan un lenguaje antropomórfico, o aquellos que consideraban ofensivos a Dios o que le restaban reverencia. Estas enmiendas fueron advertidas por notas al margen de los citados textos. Estando bien identificadas, creo que con poner la versión correcta con una nota al pie, o la versión tradicional también anotada, creo que debería ser suficiente.

Por consiguiente, la parte de la Escritura que levanta los debates más encendidos es la que corresponde al Nuevo Testamento. Reconozco que no es fácil abordar la cuestión de cuál Nuevo Testamento es más fiable. Lo que si puedo afirmar con certeza es lo que ya he comentado, que no deberían hacerse versiones basadas en el Nuevo Testamento de Westcott y Hort. Los autores de Conspiración contra las Sagradas Escrituras echan también una sombra de duda sobre la causa de por qué determinados textos no se encuentran en todos los manuscritos del Nuevo Testamento. Hay dudas razonables de que fueron producto de los primeros intentos de manipulación por los herejes de la época, como los arrianos. También echan sombras sobre ciertos manuscritos, como el Sinaítico y el Vaticano.

Por todo ello creo que debe imponerse la moderación. He visto posturas que me han parecido demasiado extremas por ambas partes. Es cierto que cada parte puede poner sobre la mesa argumentos de peso. Pero yo personalmente creo que ni el texto de la Reina-Valera es tan corrupto como pretenden sus opositores, ni tampoco cien por cien inmaculado como pretenden sus defensores. Es posible que a algún copista se le haya ido la mano involuntariamente, pero creo que no tanto como se dice.

Yo seguiré teniendo la Reina-Valera como versión de referencia, y usando las versiones en lenguaje actual para consulta y complemento.


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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