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CONSUELO PARA LOS TRISTES

Porque Yo te devolveré la salud, y te sanaré de tus heridas, declara el SEÑOR, porque te han llamado la Desechada, diciendo: “Esta es Sion, nadie se preocupa por ella… “Porque Yo he de satisfacer al alma cansada y he de saciar a toda alma atribulada.” Jeremías 30:17, 31:25.

 

La vida no es justa muchas veces. Unas, porque la Humanidad vive de espaldas a Dios. Otras, porque vivir equivale a luchar, y los más fuertes sacan todo el provecho que pueden. Y esta lucha deja heridas y cicatrices. No hay nadie que pase por esta vida sin haber sentido los golpes de la vida. Se puede hablar de dos tipos de golpes. Los que se pueden considerar que entran dentro de la normalidad. Nosotros o las personas que amamos sufrimos enfermedades, altibajos en los trabajos, decepciones. Tenemos que afrontar el momento en que nuestras personas cercanas partan de esta vida, pasar el duelo de su pérdida. Con las cosas que he nombrado, ya la vida de por sí exige esfuerzo y voluntad para seguir adelante.

Hay momentos y etapas en los que se hace necesario más que nunca tener el apoyo de personas que den apoyo y consuelo, hasta que pasen los malos momentos. Pero también existen personas con las que el dolor y las fatalidades de la vida parecen ensañarse especialmente. Hay personas que nacen en familias pobres, que necesitan una ayuda extra para poder salir del círculo de la pobreza. Con frecuencia, esto les provoca sentimientos de inferioridad. Otras, que por diferentes motivos, partiendo de una mejor situación, caen en la pobreza, que además de precisar ayuda, deben asumir las pérdidas.

Y qué decir de las que han sido o son víctimas de algún tipo de maltrato o abusos. Los efectos son devastadores en las personas que los sufren. La tristeza se instala en sus corazones, y sufren heridas que precisan mucha ayuda para poder sanar. Lo más paradójico, es que, mientras por un lado se está queriendo concienciar sobre los abusos y el maltrato, sólo se responde a esa concienciación de una forma parcial. Porque por otro lado se está dando una normalización de la violencia a través de los medios. No hablo solamente de la violencia física. El ninguneo y el menosprecio están a la orden del día. A quienes sufren todas estas cosas dedico especialmente estas letras. Es cierto que necesitan la ayuda de personas capacitadas para ayudar a quienes se encuentran en esas circunstancias.

Pero sobre todo quiero resaltar lo que Dios dice a las personas tristes, a las menospreciadas, a las maltratadas, a las se encuentran como caídas en un hoyo. A la persona que alza sus ojos hacia Dios con un corazón sincero, Dios no la menosprecia. No es sordo a sus palabras ni la desecha. Dios promete sanidad espiritual a quienes se acercan a Él, y descanso a las almas cansadas.

Buscad al Señor de todo corazón. Cerrad vuestros oídos a las palabras que os menosprecian, y si la memoria os las recuerda, apartadlas de vuestra mente, recordando cuanto os ama el Señor, y cuanto valéis para Él. Dios te ama, nunca lo olvides.

 

Mª Auxiliadora Pacheco



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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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