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ALLANAD EL CAMINO

Y dirá: “¡Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo!”. Isaías 57:14.

Isaías 57 es un capítulo lleno de luces y de sombras. Por un lado, habla del amor y cuidado de Dios para con quienes elegían servirle y andar en sus caminos. Por otro, habla fuertemente en contra de quienes adoraban a los ídolos en lugar de a Él. Esta forma de obrar traía sus consecuencias, cuando tenían problemas buscaban sus propias soluciones, y se desesperaban. Una condición triste y penosa para quienes había elegido como su pueblo. Pero a pesar de todo esto, Dios se apiada de ellos, y les exhorta a que se fijaran en que caminos andaban. Les dice que arreglen sus caminos, que quiten todo lo que les estorba para ir en pos de Él. Los tropiezos, los obstáculos, las piedras que les impedían andar como Él deseaba. Entonces les consolaría, y les sanaría.

Hay veces que después de llevar un tiempo en los caminos del Señor, parece que no avanzamos. Sentimos como si estuviéramos estancados, que no avanzamos. Sentimos que nos falta vida espiritual. Entonces es momento de hacer un examen de nuestra vida. ¿Hay cosas que no agradan a Dios? ¿Ponemos nuestro propio criterio por encima del suyo? ¿Somos consecuentes con aquello en lo que creemos? ¿Hemos creado nuestros propios ídolos, poniéndolos por encima de Dios? ¿Hemos descuidado el buscarle?

Muchas veces no es fácil, ni agradable, hacer este examen. De la misma forma, las palabras de Isaías no les debieron resultar agradables a sus contemporáneos. Pero es necesario clamar al Señor, pedir que nos traiga su luz para poder salir de ahí. No somos llamados a estancarnos, somos llamados a seguir adelante. El pueblo de Dios es un pueblo que camina, que avanza sin detenerse. Es mejor derramar unas lágrimas delante de Dios, que perder la vida que Él nos da. Mejor humillarse ante Él que seguir dejando que nuestra vida no sea consecuente con lo que creemos. Eso es allanar el camino, quitar los tropiezos. 

Cuando lo hagamos, podremos hacer nuestras las palabras de consuelo y ánimo del final del capítulo (Isaías 57:15-19). Son unas palabras preciosas, llenas del amor de Dios para con su pueblo. Él habita con los humildes, y les da vida. Aunque su pueblo haya tropezado y caído, sigue amándolo. Permitió que recogiera el fruto de sus caminos, pero como el padre del hijo pródigo, está siempre esperando a que se vuelva a Él. Volvámonos, pues, al Señor con todo nuestro corazón. Por muy bajo que hayamos caído, si nos arrepentimos, él nos levantará y nos sanará. Y en nuestras vidas estará su paz y su consuelo.


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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