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A Mi Madre

Mi madre se llama Ana.
Ella procede de una familia humilde de pueblo. Nació en la época del hambre, como aquí la llamaban, y en su familia había mucha necesidad. Aunque su padre era cabrero, ella tenía que trabajar y ayudar a su familia. Sólo tenía siete años.
Su padre se quitó la vida cuando ella tenía nueve años, y eso la marcó, ya que viviendo en un pueblo, la gente era muy cruel, y le decían constantemente que ella tenía que hacer lo mismo que había hecho su padre. Mi madre no entendía, pues tan solo tenía nueve años y sólo había dolor en su corazón.

Se hizo mayor y se casó con Andrés, mi padre, del cual estaba muy enamorada. Pero al primer mes de casada, comenzaron los malos tratos. Ella no entendía por qué sucedía aquello, por qué ese cambio tan de repente de tanto amor a tanto dolor. Sin embargo, de aquello malo, nació el mejor regalo de su vida: sus hijos, o como ella siempre dice, sus seis rosas (Andrés, Juan Manuel, José Antonio, Ana María, Adela y Juan Carlos).

Un día de desesperación salió a la calle con sus hijos buscando ayuda, porque no sabía como salir de aquella vida, y lo que encontró fue una iglesia distinta a las que ella estaba acostumbrada. Un hombre que estaba en el púlpito comenzó a hablarle a ella sobre el problema que estaba teniendo y ella no paraba de pensar: "Si aquí nadie me conoce ¿cómo sabe este hombre lo que me pasa?".
Poco a poco se fue acercando a Dios y su vida fue cambiando. Su marido jamás la volvió a tocar, porque el Señor ató sus manos. No fue porque él cambiara, sino porque en ella algo cambió. El Señor en un mensaje se lo prometió y lo cumplió. Aunque su corazón estaba roto por todo lo que vivió con él, Dios le dio amor y perdón para con mi padre. Ella siempre lo cuidó con tanto cariño y amor que aun en los momentos más dolorosos y tristes de la vida de mi padre, ella siempre estuvo cuidándole, con cariño y amor, ya que a la edad de sesenta y seis años, a mi padre le detectaron la enfermedad del cáncer, y mi madre lo cuidó y lo quiso hasta el día que falleció. Él antes de fallecer entregó su vida a Dios, y para mi madre, eso fue de gran consuelo. Saber que él aceptó a Jesús como su salvador, que todas las oraciones que se hicieron por él no cayeron en saco roto, sino que dio su fruto al final.

También quiero contar cómo es ella como madre, ya que para mí es un gran honor y un gran orgullo llamarla así: MADRE. Como he dicho antes, ha tenido seis hijos, a los cuales ha amado y cuidado con devoción. Es detallosa en todo lo que hace y aunque en la vida ha pasado mucho, en nosotros ha volcado todo lo mejor de ella. Siempre nos ha inculcado el amor y el respeto entre nosotros.
Para ella era muy importante tener una familia unida, y en nosotros lo ha conseguido. Gracias a sus consejos y a su forma de cómo darnos ejemplos, de cómo se debe ser, ella con su gran amor hacia nosotros ha conseguido que sus hijos sean una piña y aunque lleguen cosas malas, siempre estamos aquí, los unos con los otros.

Mi madre es una persona alegre, amorosa, cariñosa y llena de amor de Dios. Siempre está ahí cuando la necesitamos, aunque hayamos crecido y nosotros también seamos padres o madres. Ella siempre está para cuidarnos y darnos amor y ayuda.

Desde hace unos meses ha cambiado, y es normal, porque el dolor más grande llegó. De ese dolor jamás se repondrá, aunque intenta sonreír, su sonrisa no es la misma, porque su flor más pequeña y especial murió con tan solo veintisiete años. Para ella, y para todos nosotros, eso ha sido lo peor. Todo se puede superar menos eso, que un hijo que ha nacido de tus entrañas, al cual das tu vida para que él viva, muera antes que tú. Pero con la ayuda de Dios y su fortaleza, no cae en una depresión.
El Señor le da consuelo, pero su sonrisa no ha vuelto a ser la misma. La verdad es que la entiendo, porque nada ha vuelto a ser lo mismo, porque para todos es muy difícil superar y entender. Ya que la pérdida de mi hermano Juan Carlos está siendo muy difícil, porque él era nuestro niño mimado, nuestro consentido desde el día en que nació. Porque cuando nació, fue como un regalo que nadie esperaba, nuestro muñeco de carne y hueso a quien consentir y querer. Cuando creció fue una persona tan cariñosa y generosa con todo el mundo que su partida ha dejado un gran dolor en nuestra familia en todo aquel que lo conocía, pues era todo corazón.
Después de todo lo que ha vivido y ha querido mi madre, ahora nosotros estamos aquí para cuidarla, y amarla como ella se merece.

He querido escribir esto en su honor, porque pese a todo lo que ha vivido, para mí, mi madre es muy especial y es un gran ejemplo. Pese a todo lo que ha vivido, sigue fiel a Dios, y es un ejemplo para nosotros de cómo debe ser una hija de Dios y una madre. Aunque ha tenido seis hijos, nos ha amado y nos ama a todos por igual.
Yo soy madre y en ella tengo un gran ejemplo a seguir.
Con todo el amor de mi corazón, para mi madre Ana Ávila Ríos. Eres la mejor, y le doy gracias a Dios por ser tu hija.
Ana María Pérez.
© sentirCristiano.com

Ana M. Pérez
Ana Ávila (su madre)

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