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Emiliana

Quiero contar algo sobre la vida de mi amiga y hermana en la fe Emiliana, cómo la conocí, lo importante que ha sido mi amistad con ella y lo bendecida que me siento siempre que voy a visitarla.

Ella es de Villal, un pueblo de Palencia. Ha tenido ocho hijos. Dos veces parto doble. Hace unos cuarenta y algo de años que vino a Málaga. Aquí le nacieron Ángel y Carlos, gemelos. Después Julia, Angustia, Fernando, Pepe y Antonio, gemelos, y Pili. Su vida fue como la de tantas personas de aquellos tiempos. Ha pasado estrecheces y ha trabajado mucho desde pequeña. Ella cuenta que su padre siempre le daba una palabra de fe y aliento. Habla de él con mucha emoción y cariño.

Ahora cuento cómo la conocí: Su hijo Ángel tuvo un accidente de moto y quedó muy grave. El médico no le daba esperanzas, pero a los dos años empezó a andar y le decían "El niño del milagro". Sin embargo, no quedó bien del todo. Dos hermanas de la iglesia le hablaron del Señor y él empezó también a hablarle a su madre, pues Emiliana era muy creyente y pensó que a ella le gustaría ir. Así fue, y se quedó. Fue bautizada por Daniel Del Vecchio.
Cuando Ángel empezó a ir a nuestra iglesia, daba la casualidad que siempre se sentaba a mi lado. Tenía casi la edad de mi hijo mayor y me gustaba prestarle mucha atención. Me di cuenta que no estaba bien, pero no sabía qué le pasaba. No sé por qué, el Señor hizo que él me contara lo de su accidente. Se ponía muy nervioso hablando, pero como digo, yo le prestaba mucha atención. Al poco tiempo, me fui a vivir al Puerto de la Torre. Ellos también vivían allí. Así que le ofrecí que se viniera en nuestro coche. Durante los trayectos, siempre me hablaba de su madre. Él la adoraba. Un día fui a visitarla y pude conocer como fue la vida de Ángel después del accidente. Emiliana me contó con detalle como conoció la iglesia. Fue a través de su hijo.

Emiliana se sentía muy feliz. Luego dejó de reunirse por los problemas de sus piernas. Dios le dio ocho años de vida a Ángel, para poder conocer al Señor. A mi me decía, mirando a su madre, que yo era su segunda madre. Me daba mucha pena, porque ya le quedaba poca vida y que me viera como a su segunda madre, sin yo merecerlo, veía lo agradecido que él estaba porque solamente le escuchaba. Lo más grande es que he podido ver que toda su familia me aprecia como si yo hubiera hecho algo grande por él. Bueno, en abril hace once años que Ángel falleció. Después Emiliana estuvo unos tres o cuatro años viniendo a la iglesia conmigo, hasta que en enero del 99 se rompió la cadera, la operación y no salió bien. Desde entonces está sentada en una silla. Apenas se puede mover.

Yo me siento afortunada por haberla conocido, pues nunca había visto a una persona con más fe, ni más buena que ella. Siempre me da aliento y siempre le da gracias a Dios por tenerla contenta a pesar de su situación. Es admirable y estoy agradecida a Dios por haberla puesto en mi camino. Siempre que voy a verla, me da una palabra para que yo no sufra. Ella me dice que si Dios ha permitido lo mío, es por algo, es para hacerme fuerte. Me dice:
- Mírame a mí, yo soy feliz, aunque siempre tengo a mi hijo presente, pero me tiene resignada y contenta. Él sabrá porqué tenemos que sufrir, y si Él ya sufrió por nosotros, así que tenemos que estar satisfechas de cómo estamos. Él es el que manda, bendito sea.
Emiliana trabajó duro y sufrió, pero siempre confiando en Dios.
Yo le tomé mucho aprecio a Ángel. Eso me hacía pensar en él. Realmente lo sentía como un hijo y me daba pena ver las ilusiones que tenía, y su amor por agradar a Dios. La verdad es que a mí y todos los que le conocimos nos entristeció mucho su muerte. Recuerdo que el día antes de él marcharse con el Señor, estaba con morfina y todo el tiempo sedado. Le dijo la madre:
- ¡Mira quien ha venido, Ana!.
A él apenas se le entendía lo que decía, pero abrió un poco los ojos y dijo:
- Mi segunda madre.
Luego dijo:
- Quiero ir a la iglesia.

A mi se me partía el corazón. El Señor le dio ocho años de vida después del accidente para después llevarle con él. El Señor es sorprendente, y cuánto sufrieron su madre y sus hermanos. Pero así fue como conocía a Emiliana y a su familia. Después le dije a ella si quería que la recogiera para ir a la iglesia, y dijo que sí. Era muy feliz, y muy agradecida. Así estuvo hasta hace siete años que se le rompió la cadera y fue operada. No quedó bien y está todo el día sentada.

Ahí empieza la experiencia más hermosa que se puede vivir. Conocer a un ser humano como ella, ¿Por qué digo eso? Pues porque yo nunca he escuchado una queja en este tiempo que ella lleva sin poder depender de sus fuerzas. Cada vez que puedo, voy a verla. En este tiempo que estoy pasando tan mal, desde la muerte de mi hijo pequeño, Emiliana siempre tiene una palabra de consuelo para mi. Me dice:
-Ana, no sufras que el Señor lo tiene todo controlado. Él sabe lo que hace. Mírame a mi. La muerte de tu hijo fue instantánea. No sufrió. Mira el mío, ocho años sufriendo y al final, se lo llevó. Él sabe lo que hace.

Estaría horas contando como es Emiliana, porque para mí ha sido de mucha bendición. También hago un reconocimiento a su familia, por el cariño que me tiene sin yo merecerlo. Los gestos que han tenido conmigo me han sorprendido muchas veces. Emiliana (vive con su hija Pili) dice que las casas de sus hijas están bendecidas por Dios, que la paz que reina nunca la ha visto en ningún sitio. Tanto amor que recibe de los nietos y de los hijos es algo que está disfrutando. Dice también que Dios lo ha preparado todo.

Bueno, este es mi pequeño homenaje a mi querida amiga y hermana en Cristo, Emiliana. Que Dios siga manteniéndola con su mente clara muchos años y que no me falte nunca.
De su amiga Ana Ávila.
© sentirCristiano.com

Ana Ávila
Emiliana

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